El recuadro

Dos años sin Remo

Aprendimos contigo a ver la grandeza de Dios en la perfección de sus criaturas

Antonio Burgos
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Llegaste, Remo, en brazos de Isabel, una mañana lluviosa del otoño del 2002. Te había recogido en la calle, en los jardines de casa, maullando, solo, abandonado, como pidiendo compasión, amparo, cariño. Venías mojado, con tu largo rabito chorreando, aterido del frío de la calle. No sabíamos que contigo iba a entrar en casa la alegría, que Isabel había recogido de la calle toda una fábrica de ternura. Y te fuiste, ay, también en brazos de Isabel, una calurosa mañana del 2017, cuando quebraban albores del día de San Ignacio y llevábamos más de un año renunciando a todo, a irnos a la playa, a viajar, a salir, sólo por cuidarte en casa como te merecías, para darte tus medicinas,

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