Juanma Moreno y Juan Marín estrechan las manos durante la reunión para sellar su acuerdo de gobierno en Andalucía
Juanma Moreno y Juan Marín estrechan las manos durante la reunión para sellar su acuerdo de gobierno en Andalucía - EFE
EDITORIAL

Andalucía: ilusión frente a crispación

Al futuro gobierno le espera una transición administrativa complicada, pero más complicada es la transformación social que deberá iniciar

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El futuro presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, demuestra en la entrevista que hoy publica ABC que sabe bien lo que significa para la izquierda la pérdida del poder en Andalucía. Es un trauma que el PSOE, Podemos y la nebulosa de organizaciones y grupos asentados en el régimen socialista en estas últimas décadas harán público en las calles el día de la investidura del candidato popular. El principal riesgo para Moreno y la coalición PP-Ciudadanos no reside en las presiones de Vox en el Parlamento, ni en las desavenencias entre ambos partidos, sino en la crispación que la izquierda va a provocar en la calle, con todo el riesgo que conlleva de actos violentos e intimidatorios. Desde que los líderes del PP y Ciudadanos cerraron su pacto de Gobierno, y Vox se comprometiera a apoyarlo, la izquierda no ha cesado en deslegitimar el acuerdo y animar una reacción visceral de las que ya hay antecedentes, porque la izquierda es reincidente en estas dinámicas antidemocráticas. La causa de esta respuesta callejera no es sólo la pérdida de poder en un territorio que la izquierda creía suyo por derecho natural, sino la apertura de una etapa para la que Moreno Bonilla promete transparencia, ética, regeneración y reformas. Es decir, el fin de la impunidad de la izquierda en el Gobierno de Andalucía.

Al futuro gobierno de centro-derecha le espera una transición administrativa complicada, pero es más complicada la transformación social que deberá iniciar desde el primer día de su mandato. El régimen socialista en Andalucía no dejó esquina sin colonizar en la sociedad andaluza, a golpe de subvención y ayuda, legal o ilegal, con tal de tejer la mayor red de clientelismo conocida desde los tiempos del caciquismo decimonónico. Moreno habla de un «mandato de cambio» recibido de los andaluces y debe creérselo porque sólo desmantelando las estructuras del régimen socialista podrá hacer que las reformas que necesita Andalucía calen con la profundidad que requiere esta Comunidad Autónoma. Cuanto antes y a fondo es como debe el nuevo gobierno de centro-derecha empezar a aplicar su programa de regeneración, no por un espíritu de revancha, sino porque Moreno Bonilla no podrá gobernar si convive con la herencia tóxica del socialismo. Por eso, lo que preocupa a la izquierda no es la mujer, ni la igualdad, ni la política social, sino la auditoría integral que el futuro presidente de la Junta de Andalucía promete aplicar a la administración autonómica. La propaganda de la izquierda ha empezado con una intensidad implacable e irá a más, porque, como dijo Zapatero, necesita tensión. En medio de este panorama hostil y antidemocrático que prepara de nuevo la izquierda, Andalucía se merece la oportunidad de un gobierno distinto que la saque del furgón del cola de España y de Europa.