Una ambición birregional

LA asociación estratégica de la Unión Europea con América Latina y el Caribe

POR BENITA FERRERO-WALDNER (*)
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LA asociación estratégica de la Unión Europea con América Latina y el Caribe (ALC), que comprende 58 estados soberanos, más de mil millones de personas y más de un cuarto del producto interior bruto mundial, constituye una de las iniciativas más ambiciosas de la política exterior europea.

Ahora, con los ecos de la Cumbre de Viena aún frescos en la mente, cabe afirmar que esta reunión de líderes de ambas regiones, que tuvo lugar el 12 de mayo, ha contribuido de manera especialmente significativa a la consolidación de la asociación birregional. Dada la situación de fiebre electoral y de rápido cambio político en la región de ALC, éste es un logro extraordinario. La cumbre puede reivindicar una variada gama de resultados significativos y tangibles. Con una asistencia impresionantemente amplia de líderes, se anunció el inicio de negociaciones para un Acuerdo de Asociación, incluida una zona de libre comercio, con Centroamérica y, en principio, también con la Comunidad Andina. Se puso en marcha una iniciativa de proceso de reconstrucción en Haití, se presentó una propuesta de crear una Asamblea Parlamentaria de las dos regiones y se firmó un memorándum de acuerdo entre la Comisión Europea y la Secretaría General de las Cumbres Iberoamericanas. En términos generales, Viena confirmó la consolidación de las relaciones entre las dos regiones desde que comenzó el proceso de Cumbres Birregionales en Río de Janeiro en 1999. La mayor parte de los líderes latinoamericanos, caribeños y europeos hicieron referencia explícita, y en mi opinión con razón, a los beneficios mutuos inherentes a la asociación estratégica al hacer frente de manera conjunta a desafíos clave a los que tanto la Unión Europea como ALC se enfrentan (drogas, terrorismo, medio ambiente, seguridad, etc.) y al contribuir, tanto a escala birregional como planetaria, al crecimiento económico y a la estabilidad. No obstante, por satisfechos que podamos sentirnos con los resultados de Viena, no debemos olvidar los desafíos que nos esperan.

La cumbre resaltó la difícil fase política por la que atraviesa la región de ALC y especialmente América Latina, caracterizada por las diferencias frente a problemas tales como las reformas del mercado, las relaciones con los EE.UU., la consolidación de la democracia representativa y los modelos de integración económica. Además, algunos aspectos que constituyen el núcleo mismo de nuestra asociación, como el comercio, la inversión y la energía, se han convertido en motivo de controversia en muchos países. En un mundo globalizado que ofrece cada vez mayores oportunidades, pero que cada vez presenta también una mayor complejidad, debemos hacer mucho más para abordar desafíos tales como la construcción de sociedades integradoras, la consolidación de procesos regionales de integración como medio de facilitar la prosperidad y la estabilidad y de establecer mecanismos más efectivos de diálogo y de cooperación respecto a problemas tales como las drogas y las migraciones. Se trata, evidentemente, de desafíos formidables, pero que, como dijo en Viena el presidente Fox de México, se ven compensados por el enorme potencial de nuestra asociación. Nuestro peso demográfico, económico y político, combinado con la riqueza de nuestros lazos históricos y culturales y de nuestros valores comunes, convierte a esta asociación en un mecanismo incomparable a escala global, que ofrece una oportunidad de estabilidad y prosperidad a la población de ambas regiones. Tomando como punto de partida la Cumbre de Viena, es fundamental desarrollar plenamente ese potencial y construir sobre sus bases. Pero el futuro no pueden construirlo sólo los gobiernos. Debemos también trabajar duramente para implicar a las instituciones internacionales y a los actores de la sociedad civil y del sector privado para conseguir que nuestra asociación avance.

En este contexto, los parlamentos, que representan la expresión más clara de la democracia, pueden desempeñar un papel muy positivo para conseguir que nuestra asociación resulte tan integradora como sea posible y para crear un espacio de diálogo más intenso. En Europa, el Parlamento Europeo se ha convertido en un factor muy activo y muy positivo de la asociación estratégica UE-ALC. El reciente informe elaborado por el eurodiputado español José Ignacio Salafranca contiene una serie de recomendaciones, la mayoría de las cuales se trataron en la III Reunión Interparlamentaria UE-ALC en Bregenz, que contribuyeron también muy positivamente a las discusiones en Viena.

La decisión de crear una Asamblea Parlamentaria UE-LA constituye un hito. Esta medida es un paso importante en la formalización de la asociación UE-ALC, al incorporar una «dimensión parlamentaria» -por emplear las palabras del presidente Borrell en Viena- al proceso UE-ALC. En nombre de la Comisión Europea, puedo afirmar que ahora más que nunca estamos decididos a aprovechar los paralelismos entre nuestras dos regiones, lo que constituye una ambición que puede aportar enormes beneficios mutuos. Esta es la razón por la que fuimos a Viena con una serie de iniciativas para hacer avanzar nuestra asociación. Elaboramos nuevas estrategias para América Latina y el Caribe mejor adaptadas a los nuevos desafíos globales, propusimos nuevos programas de ayuda económica y ayuda al desarrollo que consolidarán nuestro compromiso financiero y político con la región, y adoptamos la decisión fundamental, confirmada en la cumbre, de iniciar negociaciones para un Acuerdo de Asociación con Centroamérica, como complemento a los actuales procesos de negociación con otras regiones.

La Cumbre de Viena demostró una vez más que el Parlamento Europeo y la Comisión Europea están deseosos de comprometerse con América Latina, pero también esperan a cambio un compromiso claro. Durante los últimos años, América Latina y los países del Caribe se han desarrollado económicamente y han madurado políticamente. Estamos ahora en una etapa en la que ambas partes necesitan articular una visión clara para el futuro de la asociación y demostrar, más allá de la retórica, su voluntad de consolidar y fortalecer nuestra asociación. Sólo así conseguiremos los objetivos a largo plazo de la Cumbre de Viena.

(*) Comisaria Europea de Relaciones Exteriores