Manifestaciones contra el Brexit en Reino Unido, febrero de 2017
Manifestaciones contra el Brexit en Reino Unido, febrero de 2017 - ABC
EDITORIAL

Las amargas consecuencias del Brexit

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El informe que acaba de hacer público el Gobierno británico enumerando las graves consecuencias que tendría para los ciudadanos la salida de la Unión Europea sin acuerdo debería haber sido la parte central de la campaña del referéndum sobre el Brexit. Los británicos se habrían merecido conocer exactamente cuáles serían las repercusiones concretas de su voto antes de pronunciarse al calor de sus sentimientos. De hecho, resulta extraño que las autoridades les describan ahora el riesgo que corren, cuando ya han tomado la decisión de separarse de la Unión Europea.

En realidad, ese informe no está dirigido a los británicos, sino que se trata de una maniobra para presionar a los negociadores europeos, preparando la acusación de que si no aceptan sus exigencias -todas ellas incongruentes, por cierto- serán responsables de todos los males que padecerán los ciudadanos de a pie en caso de que no se llegue a un acuerdo. Y en este caso es razonable recordar que no es la Unión la que quiere expulsar a Gran Bretaña, sino que fueron los nacional-populistas británicos y los sectores más irresponsables del Partido Conservador los que crearon las condiciones para que se produjera el resultado ya conocido en el referéndum de 2016.

Es decir, está bien que el Gobierno de Londres les diga a los británicos que una salida sin acuerdo tendrá repercusiones negativas en su vida de cada día (también para muchos ciudadanos europeos). Y es de esperar que llegado el momento se podrá alcanzar un acuerdo para minimizar los inconvenientes del proceso de separación. Pero todos los efectos negativos del Brexit hay que apuntarlos en la cuenta de los que promovieron el referéndum y de los que votaron con entusiasmo para salir de la UE. No al revés.