El amante

Hay personas a las que nos conectan lazos misteriosos y una de ellas era para mí Claude Lanzmann

Pedro García Cuartango
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Supe de la existencia de Claude Lanzmann por algunas citas de Simone de Beauvoir en sus memorias. Pero ignoraba que habían sido amantes durante años y que habían compartido un piso en Montparnasse. Tampoco conocía que su hermana Évelyne había tenido relaciones con Gilles Deleuze, mi maestro en Vincennes. Y no sabía que frecuentaba el piso de la Rue Bonaparte en el que vivía Sartre, con el que me crucé varias noches cuando yo residía en la rue Vaugirard. Por aquel entonces, solía entrar en la librería Le Divan, de la que también era cliente asiduo Lanzmann. Y era lector de Les temps modernes, en la que él colaboró con Sartre y llegó a dirigir.

Hay personas a las que nos conectan lazos misteriosos y una de ellas era para mí Claude Lanzmann, que murió ayer en París a los 92 años. Cuando vi su monumental Shoah, que le costó 11 años de trabajo en los que rodó más de 300 horas de filmación, quedé impresionado. El documental está construido con los testimonios de víctimas que sobrevivieron al Holocausto, como un niño polaco que no fue asesinado porque cantaba maravillosamente. Cuando mucho después leí La liebre de la Patagonia, sus memorias, sentí no haber conocido a ese hombre con el que me unían tantos vínculos.

Recuerdo cómo cuenta la ruptura con Simone de Beauvoir, que le esperaba cada noche para cenar y hablaba de él como «mi marido». Ella le preguntó si tenía otra amante y Lanzmann contestó afirmativamente. La relación concluyó, aunque siguieron siendo amigos.

Tengo su libro lleno de citas subrayadas, pero hay una con la que me identifico mucho: «quien ha sido no puede ya en adelante dejar de haber sido. El hecho misterioso y profundamente oscuro de haber vivido es su viático para la eternidad». La palabra viático me gusta. Su etimología significa el equipaje que uno lleva para andar un largo camino. Ese camino es la vida y el viático nos protege de lo inescrutable, tal vez de la nada, que es como yo llamaría a la eternidad.

Lanzmann se enfadó mucho cuando vio La Lista de Schindler, la película de Spielberg, porque apuntaba que el horror no se puede representar. «La ficción es una transgresión», comentó. Su familia, originaria de Moldavia, había desaparecido en los campos de exterminio y él pasó buena parte de su existencia intentando recuperar la memoria de los muertos.

Sostenía también que es mucho más fácil olvidar que recordar, con lo cual no estoy de acuerdo. Creo que olvidar es imposible. Todo se queda grabado en nuestro interior. Y la demostración de ello es La liebre de la Patagonia, en el que evoca su infancia y su entrada en La Resistencia cuando era adolescente.

Lanzmann viajó, conoció a muchas mujeres, fue amigo y confidente de Sartre, escribió e hizo numerosos documentales. «Cien vidas que viviera no se agotarían nunca», dijo. Ese podría ser el epitafio de un hombre que apuró su existencia y cuya desaparición hace que este mundo sea peor sin él.

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