Una alianza para la libertad

Por JOSÉ MARÍA AZNAR. Presidente del Gobierno
Actualizado:

EUROPA y América comparten raíces comunes que les hacen participar de la misma tradición, los mismos valores y principios, las mismas formas de organización política y económica. En definitiva, lo que entendemos como civilización occidental se concentra en las dos orillas del océano Atlántico.

De este binomio, tanto en Europa como en América coinciden los límites geográficos con el concepto cultural. Por lo tanto, al hablar de América nos referimos a Las Américas, incluyéndolas todas, pues todas han sido históricamente una proyección de Europa que ha germinado y se ha desarrollado en ese continente, adaptándose al medio geográfico, cultural y humano de aquellas latitudes, adoptando formas propias de organización social, pero conservando en lo esencial los valores y los modelos de organización política y económica europeos.

El encuentro, en Madrid, de los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y de América Latina y Caribe reúne a una parte sustancial de ese mundo: una parte fundamental de Europa. La Europa que, sobre la base firme del Estado democrático y de derecho, inició un proceso inédito de integración política y económica con la firma del Tratado de Roma en 1957; y una parte fundamental de América, la América que recibe una aportación predominante de los países ibéricos y más tarde, ya en los siglos XIX y XX, un aporte humano importante de otros países de Europa. Junto a esa América, el Caribe, que absorbió la cultura anglosajona.

Esta Cumbre debe, pues, inscribirse en este contexto de pertenencia al mismo ámbito de civilización. Sobre esa base firme de los valores y principios constitutivos y esenciales, las naciones de América Latina, del Caribe y de Europa que nos reunimos en Madrid podemos ofrecer una respuesta conjunta a los retos y aprovechar mejor las oportunidades del siglo XXI.

-En primer lugar, vamos a concertarnos para defender causas comunes: la lucha contra el terrorismo, el respeto de los Derechos Humanos, el fortalecimiento de nuestros sistemas democráticos, el establecimiento y aceptación universal del Tribunal Penal Internacional, la defensa del medio ambiente.

-En segundo lugar, estamos decididos a crear más riqueza y más oportunidades para nuestras sociedades: fomentando el comercio y la inversión, consolidando marcos regulatorios que den seguridad jurídica e inspiren confianza, difundiendo la sociedad de la información y cooperando en materia de educación.

Pero, además, esta Cumbre es un exponente (uno más) de una sociedad internacional cada vez más abierta y más interrelacionada, donde las personas, los bienes y las ideas circulan con mayor libertad y donde los Estados han dejado de ser los únicos actores con los Organismos Internacionales para abrir paso a las empresas y asociaciones empresariales, a los partidos políticos, a Entidades territoriales de ámbito no estatal, a las Fundaciones y Organizaciones no Gubernamentales, a las grandes personalidades de la ciencia y la cultura, a las Universidades, a la opinión pública internacional, etc. En este contexto, que no es otro que la globalización, cobra mayor sentido estrechar lazos con los países más afines, con los que compartimos más cosas. Los lazos entre Europa y Norteamérica son muy fuertes y abarcan todos los ámbitos; los que unen a Europa con América Latina no lo son tanto, están más concentrados en lo cultural, y tiene por lo tanto todo el sentido que nos esforcemos en reforzarlos, como hemos venido haciendo en los últimos quince años. Esta II Cumbre de la Unión Europea con América Latina y Caribe es la expresión máxima de este estrechamiento de relaciones y tanto su institucionalización (México ha ofrecido ser la sede en el año 2004), como los procesos de negociación de Acuerdos de Asociación (algunos cerrados ya, otros en marcha y otros iniciándose), de la Unión Europea con las distintas subregiones de Iberoamérica aseguran que este proceso de aproximación va a continuar.

En este encuentro, haremos balance de lo realizado desde la Cumbre de Río de Janeiro, celebrada hace ya tres años, renovaremos nuestro compromiso con los valores que defendemos y trazaremos en la Declaración de Madrid, el camino a seguir, para concertarnos en los foros internacionales y fortalecer nuestras democracias. Junto a esta conferencia que, por sus dimensiones, solo puede pretender objetivos generales, los Jefes de Estado y de Gobierno nos reuniremos en Troika ampliada, separadamente, con los mandatarios de México, Centroamérica, Comunidad Andina y Mercosur para hablar de lo que más directamente preocupa a cada región de Iberoamérica y determinar los ámbitos de cooperación.

Esta relación sólo puede mantenerse si los principios y valores que compartimos tienen una traducción adecuada en las formas de organización política y económica: debemos constituir sociedades abiertas, organizadas políticamente como democracias representativas, y económicamente, en torno al libre mercado, regidas por el imperio de la ley y construidas sobre el individuo como portador de valores que hay que respetar y proteger. Éstos son los fundamentos de nuestras relaciones y, al mismo tiempo, las bases del único proyecto que asegura el futuro. Por eso, las vacilaciones o incluso los intentos, minoritarios, de marcha atrás que estamos viendo producirse a ambos lados del Atlántico no hacen sino poner en peligro ese futuro.

Frente a la Europa-Fortaleza, viejo temor de nuestros socios extraeuropeos, que algunos sectores sociales, afortunadamente minoritarios, pero bien asentados en varios Estados miembros, quieren levantar, los europeos debemos buscar la fórmula que permita seguir avanzando hacia una sociedad abierta, dinámica y generosa que combine adecuadamente la conservación de su modelo de bienestar con la cooperación con terceros países, particularmente aquellos que comparten su visión y sus valores. La protección de los ciudadanos europeos debe y puede hacerse desarrollando ese principio general de libertad que nos hará avanzar hacia una sociedad más abierta, plural e integrada, que respete las diferencias culturales, donde hombres y mujeres, cualquiera que sea su origen y condición, sean todos iguales ante la ley y ésta sea igualmente respetada por todos. Los periodos de cambio generan a menudo situaciones críticas, y Europa está viviendo una de esas situaciones por los desafíos de la globalización, la amenaza del terrorismo, la incertidumbre económica, el creciente peso de la inmigración en sus sociedades. En estas circunstancias, una parte de esas sociedades tiene la tentación de corregir el rumbo del proyecto europeo y dar marcha atrás. Por el contrario, hay que asegurarlo y protegerlo contra esas amenazas, generando los mecanismos regulatorios necesarios.

Lo mismo cabe decir de América Latina, donde la situación de crisis no puede volverse contra su modelo actual de convivencia, basado en el principio democrático. Fuera de la democracia, del Estado de derecho y de la libertad de mercado no hay solución a la crisis.

Por todo ello, una alianza estratégica entre la Unión Europea y América Latina y Caribe, como reza el lema de esta Cumbre, es más necesaria que nunca. Una alianza para caminar juntos en la misma dirección, para apoyarnos mutuamente en el curso de ese camino. Europa debe entender que la propia coherencia de sus principios le exige seguir abriéndose, y debe colaborar en el fortalecimiento institucional de las democracias latinoamericanas; América Latina debe, por su parte, comprender que Europa debe garantizar a sus ciudadanos el mantenimiento de su bienestar actual y que ello exigirá necesariamente hacer las reformas con tiempo y con prudencia. Esta alianza debe cerrarse con América del Norte con quien tanto Europa como América Latina y Caribe tienen lazos tan estrechos. Las redes que existen entre las Américas entre sí, entre Europa y Norteamérica y entre Europa y América Latina y Caribe forman un mapa geopolítico y cultural que constituye el germen de una verdadera Comunidad, la Comunidad occidental, que debe constituirse como un ámbito de libertades, de prosperidad y de convivencia pacífica, basado en un derecho que todos acatan y que a todos se extiende por igual.