Advertencia y despedida

Si Europa no es capaz de resolver el problema de África, menos van a poder hacerlo los gestos del Gobierno Sánchez

José María Carrascal
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Nada ilustra mejor la falta de ética de la política actual que el Gobierno italiano cantando victoria por haber rechazado a los migrantes del Aquarius, y el Gobierno español presumiendo de darles acogida. ¿Van a resolver el problema de la migración ilegal? Ni soñarlo. Como más, resolverá el de esas 629 personas a la deriva en alta mar. Pero la migración continuará, e incluso puede aumentar, de cundir que puede alcanzarse el paraíso europeo a través de España. ¿Cómo pagará la inserción social de los que llegan, ya a centenares, gasto sanitario incluido? Ningún problema, la economía vuelve a funcionar. Lo de siempre: la derecha llena las arcas, la izquierda las vacía.

Adormecidos por la molicie del Estado providencia (panem et circenses), los europeos nos encontramos con que la inmigración se convierte en el principal problema. Ya ha tumbado un Gobierno italiano, hecho tambalear el alemán y conquistado a los del Este. La razón es sencilla: Europa no puede resolver los problemas de África, en carne viva, ni los del Oriente Medio, en llamas. De abrir sus puertas de par en par a cuantos huyen de ambos infiernos, la aplastarían, lo que no sería solución para nadie. Estamos ante una nueva invasión de extranjeros, el sentido de barbari en latín, que acabó con el Imperio Romano e inició la Edad Media. La causa fue una descolonización a lo bestia, soltando en banda las colonias africanas, cuyas fronteras no tenían en cuenta etnias, lenguas, culturas. Resultado: el regreso a la tribu y sus luchas ancestrales. Mientras la intervención en el Oriente Medio rompió su equilibrio y trajo la vuelta a la guerra entre chiítas y sunitas. Fui testigo de ello en los años años 60, en la ONU. Las consecuencias las pagamos hoy. Todavía hay campamentos de refugiados saharauis, de palestinos y de tantos otros. Hubiera habido que ir con más calma, exigiendo a las potencias coloniales mantener una administración mientras se montaba otra local que la sustituyese. Encima, la guerra fría entre Moscú y Washington, con la obsesión de extender sus sistemas a países sin idea de lo que era democracia y comunismo. Vean Afganistán, donde rusos y norteamericanos se estrellaron.

Para resumir: si Europa no es capaz de resolver el problema de África y del Oriente Medio, menos va a poder hacerlo España, o Italia, o Grecia, o los gestos del gobierno Sánchez. Pero el problema sigue ahí, en el Mediterráneo o, más exactamente, en Sudán, Etiopía, Mali, Siria, Irán, países hechos trizas. ¿Cómo solucionarlo? Dotándolos de la seguridad y medios para que sus habitantes no tengan necesidad de huir. Pero eso es mucho más caro, lento, trabajoso, y menos rentable que salvarlos en alta mar. Por lo que el problema continuará. Hasta que estalle en nuestras ciudades. Es el resultado de tener políticos que no ven más allá de las próximas elecciones. Y aprovecho para despedirme de Rajoy: gracias, don Mariano, por cuanto ha hecho por España. Y, ahora, a gozar de no tener que esquivar las balas de frente y por la espalda.

José María CarrascalJosé María CarrascalArticulista de OpiniónJosé María Carrascal