Ácratas y burgueses

M. MARTÍN FERRAND
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BARCELONA vive, desde los días del tardofranquismo, una guerra sorda y constante entre el sentimiento burgués, el que convirtió a la capital de Cataluña en próspera y cosmopolita, y el ánimo ácrata, cosa para exquisitos intransitivos y revolucionarios con trienios. Es un combate gestual y profundo que sirve a la causa socialista, espectadora y beneficiaria de la escisión entre los dos grandes movimientos que marcan la realidad social catalana desde finales del XIX. El centro derecha burgués -CiU en su plasmación partidista y electoral- se perjudica con tan absurdo enfrentamiento porque, atrapada por el señuelo separatista que muestran los nostálgicos del anarquismo, se contradice y actúa contra sus propios intereses.

En esta guerra no es menor la batalla por los nombre de las calles. El Ayuntamiento barcelonés, menos ingenuo de lo que parece, le ha cambiado el nombre a la avenida del Marqués de Comillas y la ha convertido en avenida de Francesc Ferrer i Guàrdia. Son juegos malabares con la Historia que esconden un toquecito perverso, no exento de inteligencia, para el desgaste de la burguesía tradicional que, en Cataluña, es socialmente mayoritaria y está políticamente disminuida porque uno de sus segmentos, el que se corresponde con el PP, anda desorientado y sin referencias desde que Aleix Vidal-Quadras fue marginado -¿desterrado?- por el tactismo de la calle Génova de Madrid.

El primer marqués de Comillas, Antonio López y López, a quien se dedicaba la calle rebautizada, pasó de negrero a prócer benéfico. Es decir, era símbolo de una sociedad capaz de adelantarse al resto de España en algo parecido a una revolución burguesa. Ferrer i Guárdia, a quien ahora se alaba como pedagogo, fue, antes que nada, un impulsor de la masonería catalana -lo que no está mal- y un apóstol eficaz del anarquismo español. Uno de sus subordinados, bibliotecario y traductor en un centro educativo dirigido por él, Mateo Morral, fue quien atentó contra Alfonso XIII, el día de su boda, en la calle Mayor de Madrid. Ferrer fue fusilado, no precisamente por el franquismo, como impulsor de la Semana Trágica.

Desnudar a un «santo» para vestir a otro, paradigma del ser español, tiene en este caso un sentido más profundo del que parece. Especialmente cuando CiU asume en pie de igualdad al marqués de Comillas y a Ferrer i Guàrdia. Aguas pasadas que mueven molino.