Acorralado

Rivera fue el que más brilló de los cuatro, y Sánchez el que peor salió del debate respecto a cómo había entrado

Ignacio Camacho
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El de anoche no era el debate que Sánchez deseaba, porque no estaba Vox, pero tampoco el que de ninguna manera quería, que era un mano a mano con Pablo Casado en el que éste resultase percibido como alternativa. En un cara a cara ganas o pierdes, atizas o te atizan. A cuatro, en cambio, más que un debate es un espectáculo y como además se trataba de una especie de eliminatoria a doble vuelta, la partida de ayer no era decisiva; queda margen para remontar el resultado de la ida. Lo peor para el presidente es que el enredo de los días previos le ha arrastrado a exponerse más de lo que pretendía y abordar problemas antipáticos que trataba

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