El abogado Menéndez

Por JAIME CAMPMANY
Actualizado:

OSTRAS, el abogado. Ya está otra vez ahí el abogado, que no se pierde fandango ni bochinche. Es un personaje de romance de ciegos y de pliego de cordel.

«Vengan a escuchar la historia de este pícaro abogado, que a su mujercita Laura no le daba muy buen trato. Era la Laura más brava que aquella del boticario que le metió a su marido todo el vitriolo de un frasco no por nariz ni por boca, sino por sitio excusado donde se acaba la espalda y las bestias tienen rabo. Buscó la esposa dolida un matón llamado Nacho y por más enternecerlo con el hilo del relato, le enseñaba moratones por arriba y por abajo, así que estaba el matón con la herramienta en lo alto. Lo dijo el señor alcalde de Cigarrales del Tajo, que era un hombre muy sabido en hábitos carcelarios por haber estado preso un día más ocho años: «El matón tiene dos armas, la navaja y el carajo; o te agujerea deprisa, o te agujerea despacio».

Vamos al cuento, Fernanda, y estemos a lo que estamos. Puestos ya como dos tórtolos la Laura con el Ignacio, y conociendo la pela que escondía el abogado, convertirlo en interfecto entre los dos acordaron y dejarlo de fiambre con tres o cuatro disparos. De disparar se encargaba, naturalmente, el muchacho, y la Laurita Fernández, la esposa del destinado, o sea, del buscarruidos y abogado de secano, cincuenta kilos de pelas aflojaría en el acto, más un «Cartier» de capricho y un polvo de campeonato. Lo del polvo es natural, que ya dijo el padre Casto que o el cómplice te encaloma o te jode al poco rato. Desde una moto el matón disparó cuando el letrado iba en su lujoso coche con gorila de contrato, guardaespaldas que se llaman o bien guardaantifonarios, pero con tan mala suerte que le atinó por lo sano, y en cambio a él le sacudieron por retambufa un recado como si hubiese salido mismamente del armario.

Hace poco fue Menéndez por los jueces condenado a dos años de madrastra y a una multita de paso, poca multa si se tiene en cuenta lo que ha cobrado con todo el follón del «Gal» y los gastos reservados. Perejil de toda salsa y adobo de todo guarro, estaba también metido en negocio videográfico para hacer de Pedro Jota un periodista acabado, montándole una secuencia como galán pornográfico. Todo quedó al descubierto, bueno, no, falta el pagano, y ahora Rodríguez Menéndez, palabra de mamarracho, se traga por el galillo cuanto antes ha declarado. Eso pasa cuando al trullo sólo van los desgraciados, y se pasean por la rúe, tocándose los colgajos, los que tiraron la piedra pero escondieron la mano. Lo dijo el Cojo de Aledo y el Tuerto de Fuente Álamo, que a tener mala la leche la tienen peor que Arzalluz: «Si yo me quedo julepe, es julepe San Pancracio». Si el abogado va al trullo, Vera que vaya a su lado; después de Vera, el que sea, que el cuento no ha terminado.