ABC y sus lectores

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Para replicar a Manuel Mantero por su Tercera «La belleza pide socorro», publicada el pasado 18 de julio, nos escribe JOSÉ MANUEL SOLER-ESPIAUBA, que rechaza la afirmación de que «el carlismo provocó guerras, muertes». «Nada más lejos de la verdad. Si Fernando VII, en medio de su agonía, a las puertas de su muerte, no hubiese cambiado, de un plumazo, las leyes tradicionales que durante siglos se observaban en España en los temas de sucesión dinástica, hubiese subido al Trono su hermano D. Carlos y no hubiese habido guerra alguna. Ni la Guerra de los Siete Años, o Primera Guerra Carlista, ni las tres guerras civiles siguientes, que durante dos siglos han atormentado a España. El carlismo no provocó guerra alguna. Las guerras civiles fueron provocadas por un acto final del «Rey Deseado», y aquí tenemos la paradoja de que el liberalismo español nació de un acto unilateral de un Rey absoluto. Si Don Manuel Mantero se manifiesta pariente del inolvidable Don Manuel Fal Conde, yo me manifiesto amigo del mismo, amistad que siempre recuerdo con emoción y orgullo, pues Don Manuel Fal fue un personaje único y ejemplar en todos cuantos aspectos se le quiera juzgar. ¡Honor a su memoria¡».

La visita del ministro Moratinos a Gibraltar ha provocado la reacción de numerosos lectores, como es el caso del embajador JAVIER VILLACIEROS, cuya carta trata de matizar lo publicado en el editorial «Gibraltar, un error histórico», del pasado miércoles. El embajador rechaza la idea, expuesta en el artículo, de que el tratado de Utrecht haya sido «el único instrumento jurídico que respalda la reivindicación española», afirmación «que olvida las resoluciones de las Naciones Unidas a lo largo de los años sesenta del siglo pasado, que creo tienen un valor jurídico internacional de gran magnitud, dando respaldo total a nuestra reivindicacion y manteniendo —en contra de la tésis británica a favor del principio de autodeterminación de los “llanitos”— el principio sentado por el Comité de Descolonización (el famoso grupo de los 24) de que en el caso de Gibraltar primaba ante todo el principio de integridad territorial de España».

Los más recientes fichajes del fútbol español siguen calentando los ánimos, y no sólo de los aficionados. Lector de ABC desde hace más de quince años. SAMUEL M. critica la portada del pasado 21 de julio, dedicada al debut en Irlanda del nuevo Real Madrid de Cristiano Ronaldo y que nuestro lector califica de «sensacionalista, porque, sólo visto el primer partido de la temporada, en el que casualmente faltaban cinco titulares y, como es obvio, es un partido de prueba, el diario se hace eco del “penoso comienzo del Madrid de los 200 millones”; es decir, esto suena a titular de “Salsa rosa” (que en paz descanse, gracias a Dios), mas que a información objetiva». «Con la cantidad de problemas que hay en el mundo y mucho más interesantes que éste, por el amor de Dios... Si no tienen nada que publicar, lo cual dudo mucho, al menos denuncien las muertes que se producen día tras día en todas las guerras abiertas en el mundo, o las injusticias sociales que está provocando el Plan E de Zapatero. Hay mucho que mostrar en portada de un diario serio y riguroso como ABC», añade.

No faltan, como cada semana, quienes se dirigen a nuestra Radacción para corregir algunos deslices históricos. RICARDO TEJEDA escribe para puntualizar «el interesante artículo sobre “Gregorio de Robles, el labrador espía”, publicado el dia 2l» y en el que «creo haber descubierto un error» El texto «dice que dicho personaje nacio en Moral de Calatrava, provincia de Toledo, y este pueblo es de la provincia de Ciudad Real, al igual que toda la comarca de Calatrava. También se refieren a él a pie de grabado como toledano». «Esta precisión —concluye el lector— se la hace un ciudarrealeño». El mismo fallo geográfico ha sido detectado por AURELIO DEL REY.

Convertido en clásico de la sección, el debate sobre indios e hindúes vuelve de nuevo a estas páginas, «donde la pasada semana —escribe MANUEL GUERRA— José Ignacio Ripol Churruca se lamentaba del uso de la palabra “indio” para designar tanto a los naturales de la India como a los indios americanos, y proponía llamar a los primeros “hindúes”. Ciertamente fueron los musulmanes persas, en el siglo VIII d. C., los primeros en llamar así a los que vivían al sur del río Sindhu, de donde proceden los términos “hindú”, “Indo, India, indio”, si bien éstos deberían escribirse con “h” inicial, reflejo de la “s” inicial del sánscrito (lengua “hermana” del griego, latín, etc.) “Sidhu”. Pero “el uso”, que tiene sus derechos e imperio en el lenguaje ya según Horacio, ha dado un valor geográfico y étnico-político a “India, indio”, y religioso a “hindú”, que designa a los miembros de la religión mayoritaria de la India: el hinduismo. Aceptado este uso ya generalizado, es evidente que puede haber, y de hecho hay, indios que no son hindúes, sino musulmanes, cristianos, etcétera».

No parece haberle gustado mucho a IRENE PELÁEZ la crítica de «Las bodas de Fígaro», representada en el Teatro Real de Madrid, publicada en ABC. «Dicha crítica, que estimo incompleta, ha pasado de puntillas por la obra y sin tocar aspectos de importancia. Considero necesario informar al público y exponer mi punto de vista sobre dicha representación, empezando por la magistral puesta en escena del maestro Emilio Sagi». Estamos —añade— ante «una obra maestra que supera con mucho ésta temporada y la mayoría de las óperas de las temporadas anteriores del Teatro Real en los últimos años».

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