ABC y sus lectores

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Desde Colombia, CARLOS NIÑO DURÁN escribe para «darles las gracias por el maravilloso artículo que Alfonso Ussía, llamado «Soledad», escribió sobre mi país». «No me llegan palabras a mi mente para expresar todo mi agradecimiento por un artículo que no hace sino mostrar la verdadera cara de nuestro problema y lo maravillosa que es la gente de nuestro país», añade el lector.

CARMEN BOLINCHES, valenciana residente en Caracas, agradece un editorial de ABC sobre la situación venezolana «por haber entendido lo horrible de este Gobierno, que sólo quiere el enriquecimiendo de un grupo muy pequeño, el empobrecimiento de la mayoría de la población, el mantenimiento de Fidel en Cuba y el que nos vayamos para él apoderarse de todo y constituir otra finca de su exclusiva propiedad. Gracias y ojalá el mundo preste un poco de atención a lo que aquí ocurre».

El misionero salesiano CARLOS BERRO, desplazado a Abidján, cuestiona el artículo del pasado 20 de septiembre dedicado a los jesuitas, cuyo título, sobre abusos sexuales, califica de «sensacionalista». Por otra parte, advierte que «la fotografía no es de ningún jesuita, sino de un salesiano compañero mío, Antonio César Fernández, un estupendo misionero que lleva 20 años trabajando por estas tierras. La foto corresponde a la parroquia de Gbenyedzi en Lomé, Togo, lugar del que él y yo hemos tenido la gracia de ser párrocos. Si hablan de jesuitas, pongan la foto de un jesuita. Y si no tienen otra, por favor no me mezclen a César con titulares de abusos sexuales, no es justo. Como ven, es una pequeñez, no voy a armar un tiberio por ello, pero me quedo más a gusto si se lo digo».

FERNANDO SÁNCHEZ IZQUIERDO quiere felicitar a Edurne Uriarte por su comentario dedicado al estreno de «La pelota vasca». «Uriarte -asegura- ha puesto como siempre los puntos sobre las íes en todo lo relativo a la cuestión nacionalista, aprovechando el lanzamiento del filme «La pelota vasca» de un destacado «dialogante ingenuo», el señor Julio Medem. Ciertamente, este señor no ha hecho otra cosa que apuntarse a la ya interminable nómina de los cómodos «equidistantes», quienes, entre otras cosas, no hacen más que obedecer a un confortable instinto de conservación».