La Cofradía de la Santa Caridad de Toledo cumple 940 años de servicio ininterrumpido a los pobres
La hermandad fue fundada en 1085, el mismo año en que Alfonso VI conquistó Toledo. Nacía así una cofradía destinada no a los desfiles ni a las solemnidades, sino al servicio callado y constante a quienes carecían de todo
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Toledo
No hay muchas instituciones en Europa que puedan decir que han sobrevivido nueve siglos sin interrumpir su actividad. La Iglesia y algunos monasterios, tal vez. Pero también la Cofradía de la Santa Caridad de Toledo, que este 25 de mayo cumplía 940 años de ... vida ininterrumpida. Fundada en 1085, el mismo año en que Alfonso VI conquistó Toledo, esta hermandad nació para hacer algo que nadie quería hacer: dar sepultura y servir a los pobres.
Hoy, casi un milenio después, esa misma cofradía sigue haciendo exactamente eso. No con fanfarrias ni procesiones multitudinarias, sino en el silencio de los tanatorios, las cárceles, los hospitales y las calles donde la dignidad humana aún lucha por no desaparecer. La Santa Caridad no ha dejado nunca de enterrar a los pobres. Pero tampoco ha dejado nunca de hacer presente el Evangelio donde más falta hace.
«Es la cofradía más antigua documentada en España y en el mundo, según expertos en historia religiosa europea. No es folclore, ni liturgia vacía: es cristianismo en estado puro», explican desde la Cofradía.
Una historia escrita en sepulcros
La cofradía nació en tiempos donde no había servicios sociales ni cementerios municipales. Cuando un indigente moría en la calle, era esta cofradía la que lo recogía, le rezaba y lo enterraba. Durante siglos, lo hizo con sus propios medios. Sin pedir nada a cambio. Ni títulos, ni reconocimiento, ni procesiones. Solo caridad.
Otras cofradías nacieron después con ese mismo impulso. En Zaragoza, la Hermandad de la Sangre de Cristo, fundada en 1280 bajo el reinado de Pedro III, aún recoge los cadáveres sin identificar en colaboración con la policía. En Sevilla, la Santa Caridad de Miguel Mañara revolucionó la atención a moribundos y mendigos. En Italia, la Misericordia de Florencia —activa desde el siglo XIII— sigue trasladando enfermos y ofreciendo asistencia sanitaria.
Pero la Cofradía de Toledo va más allá. No ha parado ni un solo año desde que se fundó. Ni en las guerras, ni durante las epidemias y las pandemias, ni bajo las bombas, ni en la modernidad líquida. Ha cambiado su forma de operar, pero no su esencia: servir al último.
Del cementerio al centro social
Hoy, la Cofradía de la Santa Caridad colabora estrechamente con Cáritas Diocesana de Toledo. Ambas instituciones trabajan en la pastoral penitenciaria, en la inclusión social de personas sin hogar, en la atención a familias sin recursos y en el acompañamiento espiritual a enfermos terminales y personas en soledad.
«Esta cofradía no fue fundada para desfilar, sino para servir. Para responder al mandato evangélico de Mateo 25: 'Estuve desnudo y me vestisteis, en la cárcel y me visitasteis, muerto y me enterrasteis'. Su carisma original no ha cambiado en 940 años: dignificar la vida de los más pobres, consolar a los olvidados, sostener a los que no tienen a nadie. Y hacerlo desde la fe, con el Evangelio como hoja de ruta», señalan.
Los miembros de esta cofradía señalan que su 940 aniversario no es un «acto nostálgico». «Es una proclamación viva de que el Evangelio sigue actuando hoy, con manos concretas, en las grietas más oscuras de la sociedad. En una España donde la pobreza ha mutado de rostro pero no ha desaparecido, la Santa Caridad sigue siendo un ejemplo incómodo y necesario de lo que significa realmente 'amar al prójimo'», añaden.
En tiempos donde la palabra 'caridad' parece haber sido sustituida por 'solidaridad', 'acción social' o 'voluntariado', esta hermandad recuerda que la caridad «además de ser algo que se organiza, también es algo que se vive». «Que no es una estrategia, sino una vocación. Que no se mide en informes, sino en abrazos«, entienden.
Mientras muchas cofradías se centran, con razón, en la Semana Santa, esta de Toledo sigue centrada en la semana entera. En los 365 días del año donde alguien muere sin familia, donde un preso necesita una mirada humana, donde una madre sin hogar necesita alguien que la escuche.
En su 940 aniversario, no habrá fuegos artificiales. «Solo el rezo de los que entienden que servir a los pobres es servir a Dios sin condiciones. Como hace casi mil años. Como si nada hubiera cambiado. O, tal vez, como si todo estuviera por cambiar», concluyen los miembros de la Cofradía.
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