José Gartner de la Peña (1866-1918) pintó uno de los cuadros icónicos del «desastre», hoy matizado por la ciencia
José Gartner de la Peña (1866-1918) pintó uno de los cuadros icónicos del «desastre», hoy matizado por la ciencia

La catástrofe de la Gran Armada de 1588, desmitificada por especialistas de todo el mundo

Las conclusiones del congreso de Cartagena apuntan a actualizar lo que se sabe de la mal llamada «Invencible»

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Hace más de cuatro siglos, Inglaterra y España se golpearon hasta quedarse sin aliento en una serie de operaciones navales, donde Irlanda suspiró ante la posibilidad de que los católicos acabaran con el yugo de los Tudor, Holanda contuvo el aliento y otros países como Suecia se llenaron la panza vendiendo materiales para construir barcos. Hoy, la consigna es clara: lo que unió la guerra que no lo separe ahora el olvido.

Durante cuatro días, investigadores de todo el mundo han debatido sobre los últimos hallazgos arqueológicos y documentales de estas dos ofensivas de la Guerra anglo-española (1585-1604). En el I Congreso Internacional de la Armada española de 1588 y la Contra Armada inglesa de 1589, celebrado en el Museo de Arqueología Subacuática de Cartagena, los expertos en la materia han podido comprobar que aquel conflicto implicó a bastantes más países de lo que habitualmente se piensa. Porque, como recordó Iván Negueruela Martínez, director del Museo de Arqueología Subacuática de Cartagena, este no «está pensado como un congreso hecho por españoles y dirigido solo a españoles», sino como una obra tan global y colectiva como aquel imperio donde nunca se ponía el sol, salvo que las tormentas dijeran lo contrario.

El finlandés Mikko Huhtamies apuntó en su intervención que «Suecia, a pesar de ser protestante, dispuso cáñamo y alquitrán a España, convirtiéndose en un aliado comercial fundamental para que tomara forma la Gran Armada, incluida una veintena de urcas». Distintos territorios italianos jugaron papeles claves en la guerra, de modo que perdieron y ganaron grandes cantidades de ducados y de hombres al canto de los elementos. Por no hablar, como destacó María Gracia Ríos, profesora de la Pontificia Universitaria Católica del Perú, de insospechadas implicaciones que tuvo la guerra en ambos lados del charco: «Los ataques de Drake en América calaron en el imaginario colectivo y dieron pie a consecuencias más allá de lo económico. Tras sus saqueos, los ingleses plantearon argumentos sobre la legitimidad de su presencia en el Nuevo Mundo e imitaron la imagen de los españoles recibidos como dioses»

El congreso, a su vez, reunió a los grandes expertos en arqueología subacuática, entre ellos el escocés Colin Martin, que ha dedicado la mayor parte de su carrera profesional al estudio de los pecios de la mal llamada Armada Invencible hundidos en Irlanda. Precisamente estos días la subdirectora general de Protección del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura y Deporte, Elisa de Cabo, anunció que el Gobierno de España trabaja en la firma de un acuerdo con Irlanda para cooperar en la excavación arqueológica de los pecios. Se trata, avanzó De Cabo, de rubricar «un memorándum de entendimiento con Irlanda», que también forma parte de la Convención de Patrimonio Cultural Subacuático.

Sin irse tan lejos, el arqueólogo Miguel San Claudio comentó la gran cantidad de pecios que se pueden encontrar en la costa gallega tanto de la Armada como de la Contra Armada. De Bayona, Ferrol a La Coruña, pasando incluso en las Islas Cíes, el litoral gallego es todo un cementerio de estos buques.

«Muchas de las piezas y objetos que hemos hallado, en parte de una operación posterior datada en 1596, siguen en el fondo del mar simple y llanamente por desavenencias con la administración pública», aseguró San Claudio, que señala «la falta de fondos y de capacitación de los técnicos de esta comunidad» como las causas de que sigan allí.

La última jornada de esta serie de conferencias estuvo dedicada a la otra cara de la tragedia, la desastrosa Contra Armada que Isabel I envió contra España y en la que perdió al 75% de los efectivos, según datos del historiador británico M. S. Hume. «En 1588, España salvó a dos tercios de la flota y conservó su poder naval y económico, mientras que Isabel I, un año después, no fue capaz de pagar ni los salarios de los superviviente de aquella ofensiva», consideró el profesor irlandés Declan M. Downey. «En España estamos acostumbrados a una historia negra, por eso es importante sacar tanto las derrotas, con sus matices, como victorias tan poco conocidas como la Contra Armada», reivindicó estos días Luis Sobrino Pérez-Crespo, actualmente almirante de Acción Marítima. Un episodio histórico del que, como reconoció Luis Gorrochategui, autor de «La Contra Armada: la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra», «los ingleses no conocen nada, ni siquiera a nivel académico. No es que no haya especialistas, es que hay incluso académicos que la conocen de pasada. La historia de Inglaterra es algo que ha estado muy controlado por el Estado».