Un tercio de los ríos españoles tiene un exceso de sales
Un tercio de los ríos españoles tiene un exceso de sales - UNIVERSIDAD LA RIOJA

Un tercio de los ríos españoles tiene un exceso de sales

La salinidad supone un problema con graves impactos medioambientales, económicos y de salud global

Actualizado:

Uno de cada tres ríos de la península Ibérica está salinizado por el impacto, en especial, de la actividad agrícola y la urbanización del territorio. Un grave problema medioambiental que afectará cada vez a más ecosistemas hídricos en todo el mundo debido al calentamiento global, el consumo creciente de agua y la explotación de los recursos naturales del suelo, advierten desde la Universidad de Barcelona en una nota.

La salinización afecta de forma directa a la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas acuáticos, «pero todavía nos falta mucha información básica a escala de organismos, comunidades y ecosistemas para poder predecir sus efectos », explica Miguel Cañedo-Argüelles, investigador de la citada institución académica. «Solo cuando podamos disponer de esa información de base, podremos elaborar modelos eficaces que nos permitan anticipar y mitigar los efectos de la salinización en los ecosistemas acuáticos», añade.

Las actividades de minería, agricultura y ganadería y los cambios en el régimen de precipitaciones —que limitan la capacidad de dilución de sales en los ríos— se perfilan como las principales amenazas sobre la salud medioambiental de los ríos en materia de salinización.

Organismos y paisajes

Algunos organismos mueren por la exposición a un medio acuático con exceso de concentración salina. Los expertos investigan cómo la fisiología de los insectos acuáticos se altera en ríos salinizados, ya que deben modificar el metabolismo para regular la presión osmótica interna y adaptarse a las condiciones ambientales. Ese proceso de adaptación supone un elevado coste energético y puede afectar a las funciones vitales y causar el colapso de los organismos (incluso en aguas con concentraciones salinas tolerables).

Los autores también analizan si otras especies de insectos acuáticos —más habituados a la salinidad alta— suelen habitar los ríos salinizados porque no toleran las aguas con menos sales o por otros motivos. Todo indica que estas especies «salinas» toleran perfectamente las aguas poco salinizadas, pero parece que colonizan los hábitats más extremos para evitar competidores y depredadores.

El paisaje típico del bosque de ribera también se altera por efecto de la salinización. A mayor concentración de sales en el medio acuático, menor actividad de descomposición de la hojarasca que proviene del bosque como resultado de la reducción de la población de insectos que se alimentan de ella. También cambian las condiciones de palatabilidad de las hojas de la vegetación de ribera —los árboles absorben las sales disueltas—, lo que también podría afectar a la fauna acuática. En paralelo, hongos y bacterias parecen mostrar mecanismos para mantener su eficacia fisiológica en ríos con altos niveles de sales.

«Resulta evidente que la legislación actual sobre la salinización de los ecosistemas acuáticos es demasiado laxa e incompleta y aún faltan medidas de gestión efectivas», subraya Miguel Cañedo-Argüelles, del Instituto del Agua de la Universidad de Barcelona. «La medida de gestión más importante y urgente es establecer concentraciones límite de iones en el agua para proteger la biodiversidad y la salud de los ecosistemas acuáticos».