Panamá, donde la ciencia y la música se encuentran
Panamá, donde la ciencia y la música se encuentran - STRI

Panamá, donde la ciencia y la música se encuentran

El oído privilegiado de una banjista se pone al servicio del estudio y de la conservación de los insectos

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Si realizaras una búsqueda en internet sobre «Sharon Martinson», aparecería, en primer lugar, una mujer de pelo rizado nombrada la «Artista del Año» en Wyoming (Estados Unidos). Más abajo, dentro de los resultados, encontrarías a una científica de la universidad de Dartmouth que estudia a los saltamontes, dentro de un proyecto del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales ( STRI), en la isla Barro Colorado (Panamá). Ambas son la misma persona, explica en una nota la citada institución científica.

Sharon es toda una experta en atrapar saltamontes antes de que hayan tenido la oportunidad de reaccionar. Muchas de las «canciones» de los saltamontes macho son silenciosas para los seres humanos — dado que la mayoría son ultrasónicas y extremadamente cortas—, pero a esta científica, tal y como reconoce, debido a su pasión por la música, le «cuesta mucho no escuchar algo en el bosque».

El número promedio de saltamontes que atrapa varía según las fases de la luna. Con la luna llena, la noche es muy brillante y los saltamontes se sienten menos atraídos por la iluminación artificial de su linterna. Al final de una jornada típica de observación puede capturar entre uno y 60 ejemplares. Sharon es capaz, con un simple vistazo, de identificar la especie junto con sus peculiaridades: «A este le gusta morder o este es un saltarín». Un conocimiento que, probablemente, solo posee un puñado de personas en el mundo, subrayan desde el STRI.

La investigadora lleva cuatro años «visitando» la isla Barro Colorado cada temporada seca. Y, durante ese tiempo, ha capturado más de 120 especies de saltamontes, cada una con una llamada de apareamiento distinta. El STRI pretende configurar una base de datos con todas ellas, las cuales se consiguen tras introducir a los ejemplares en jaulas de grabación ultrasónicas durante 24 horas.

Aparte de estas grabaciones individuales, el proyecto registra paisajes sonoros en el dosel del bosque panameño. Al comparar las llamadas de los saltamontes en la naturaleza, cuando están presentes los murciélagos, con los que emiten dentro de la jaula, los científicos aprenden más sobre la distribución de los saltamontes en su hábitat y sobre la frecuencia natural de sus «canciones».

Sus jaulas también cuentan con acelerómetros, puesto que algunas especies se comunican a través de las vibraciones que producen, por ejemplo, por medio de las ramas de los árboles.

Al igual que los humanos disponen de una larga historia en el empleo de la música y los sonidos para expresar ideas, esperanzas o emociones, los saltamontes cantan para acercarse a posibles compañeras en el bosque oscuro mientras tratan de evitar a los depredadores. Tales canciones son la «única forma» que tiene Sharon para entender el mundo de los insectos.

«Los saltamontes, el día en que salen de sus huevos, son el insecto más lindo que verás jamás», confiesa la joven. «Cada vez que pensamos que hemos descubierto algo acerca de los saltamontes, nos damos cuenta de que hay seis cosas más que no sabemos», concluye, mientras se prepara para reanudar su concierto en el bosque. «Es sorprendente la cantidad de insectos que vienen cuando toco el banjo», comenta con una sonrisa, acariciando el instrumento que ha tocado profesionalmente durante los últimos 12 años.