Buitre negro
Buitre negro - GREFA
Con el apoyo de

España acoge la única zona de Europa donde nidifican las 4 especies de buitres presentes en el continente

El proyecto Monachus, para la recuperación del buitre negro, ha logrado, fruto de un trabajo que comenzó en 2007, un récord de pollos nacidos en el prepirineo catalán esta temporada

Actualizado:

La única zona de Europa donde, en la actualidad, coinciden, como nidificantes, las cuatro especies de buitres presentes en el continente (negro, leonado, quebrantahuesos y alimoche) se localiza en España -en concreto, en el prepirineo catalán-, se congratulan desde el  Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (Grefa). La organización desarrolla, desde 2007, la iniciativa que ha propiciado tal coyuntura: «Monachus», para la recuperación del buitre negro en la Reserva Nacional de Caza de Boumort (Lérida).

La colonia cuenta con más de sesenta ejemplares residentes y veinte parejas formadas. «Se trata de una colonia cada vez más consolidada, pero eso no significa que no pueda desaparecer a corto plazo», matiza Ernesto Álvarez, presidente de Grefa. «Treinta parejas suponen que una colonia sea viable. Cuarenta ya implican que esta se autorregula y no necesitaría – o solo en determinadas épocas, como la de reproducción- medidas de conservación», prosigue Álvarez. Dentro de tales posibles actuaciones antrópicas destacarían dos: las plataformas artificiales y los puntos de alimentación suplementarios.

Plataformas artificiales

La Reserva Nacional de Caza de Boumort dispone de más de medio centenar de plataformas artificiales. Su instalación a lo largo de la ejecución de Monachus ha pretendido la creación de la idea de «falsa colonia» para facilitar la nidada de los buitres negros «inmaduros» liberados durante el proyecto. Su inexperencia, al tratarse de juveniles, les orilla a elegir estas construcciones para culminar sus primeros intentos reproductores.

Los técnicos de Grefa se encargan de seleccionar los árboles de hoja perenne, principalmente pinos, que reúnen las características óptimas para la ubicación de las plataformas. «Escogemos aquellos que se encuentran en zonas boscosas no necesariamente densas», detalla Lorena Juste, bióloga responsable del trabajo de campo. «La orientación del árbol es muy importante (preferiblemente de este a sur), así como que se hallen en un terreno con pendiente», prosigue la experta. El porte de los pinos también debe ser prominente para que puedan soportar el peso de los nidos -alrededor de 500 kilos- y para que permitan el fácil acceso de los buitres a ellos, concreta Juste.

Un nido de buitre negro puede superar los 500 kilos

Puntos Alimentación

Con respecto a los dos puntos de alimentación suplementaria que acoge la Reserva de Boumort, conviene precisar que uno es genérico y el otro, específico (PAE) para buitre negro. Este último ha posibilitado el aumento, también, del número de ejemplares de quebrantahuesos y alimoche que se observan en el enclave. «La alimentación de los tres es similar, por lo que las piezas cárnicas que depositamos son aprovechadas por todos», explica Álvarez. Grefa suministra, principalmente, codornices para no favorecer la presencia de buitre leonado.

El buitre negro, a diferencia del leonado, con el que compite, se distingue por su mayor habilidad para encontrar un cadáver, da igual su tipo y su condición, así como por preferir piezas más pequeñas y por no temer adentrarse en la vegetación para cobrárselas.

Los buitres terminan, en pocos minutos, con posibles focos de enfermedad en el medio natural sin convertirse en vectores de la misma

«El diseño anatómico del buitre negro, dada su incapacidad prensil, le impide cazar. Se trata de un ave carroñera. No apresa, por lo que no puede matar a un animal vivo sano. Solo en el caso de animales enfermos y moribundos», subraya Juste, quien pone el ejemplo de un conejo enfermo de mixomatosis.

Los buitres negros han sido «siempre» los «grandes aliados» de los ganaderos por la función sanitaria que desempeñan. De ahí que «todos los pueblos» contaran, antaño, con un muladar. Al alimentarse de cadáveres, los buitres terminan, en pocos minutos, con posibles focos de enfermedad sin convertirse, además, en vectores de la misma -sus jugos gástricos extremadamente ácidos inactivan casi cualquier bacteria o virus-, recuerda la bióloga.

Un pollo de tercera generación

De las catorce parejas que han hecho puesta durante la presente temporada en Boumort, diez han conseguido que nazca su respectivo pollo, a los cuales se les colocará, a partir de mediados de julio, un emisor GPS para seguir sus movimientos cuando abandonen el nido. «Esperemos que todos vuelen. Por regla general, un pollo que supera los 50 días de vida suele salir adelante. Pero pueden sufrir un envenenamiento o morir víctimas de una gran tormenta», cita Álvarez.

Cuatro de las mencionadas parejas las forman buitres negros reintroducidos en el marco del proyecto Monachus. Tres se componen por un ejemplar reintroducido y otro procedente de una colonia diferente. Y las tres parejas restantes cuentan con un ave reintroducida y otra ya nacida en Boumort. Se da la circunstancia especial de que uno de los pollos de 2019 es de tercera generación.

Por regla general, un pollo que supera los 50 días de vida suele salir adelante

Dispersión

Durante la fase de dispersión, antes de elegir y asentarse en un territorio de cría concreto, los juveniles de buitre negro visitan otras demarcaciones que albergan efectivos de la especie en España, como la comunidad de Extremadura o las sierras de Gredos (Ávila), de Guadarrama (Madrid) y de la Demanda (Burgos) -donde Grefa trata, desde 2016, de crear una segunda colonia reproductora-, así como en el norte de Francia. «Recientemente, la hembra Brínzola -soltada en la sierra de la Demanda- emprendió un sorprendente viaje nomádico de más de 3.000 kilómetros que le ha llevado a cruzar Europa y alcanzar Noruega, donde se encuentra en la actualidad», apunta Álvarez. Del mismo modo, crece el número de buitres negros de las citadas poblaciones que se avistan en Boumort.

Rehabilitados y nacidos en cautividad

El proyecto Monachus se provee de ejemplares nacidos en las instalaciones de Grefa (Majadahonda, Madrid), así como de buitres negros rehabilitados que proceden de distintos centros españoles de recuperación de fauna, a los que llegan, en su mayoría, durante su primer o segundo año de calendario, tras sufrir algún traumatismo o con síntomas de desnutrición. 

La organización está recurriendo al denominado «hacking» -punto de crianza artificial- para suplir las bajas que se producen en Pirineos con uno o dos pollos al año y a grandes jaulas de aclimatación en la sierra de la Demanda, donde los animales pasan entre 8 y 10 meses.

«El buitre negro es filopátrico, pero para generar este vínculo con el territorio en los individuos que nos ceden los centros de recuperación de fauna una de las acciones que realizamos consiste en depositar comida fuera de la jaula, para que los juveniles observen cómo, a diario, se acercan a comérsela otros buitres negros», comenta Juste. Así, constatan la presencia de otros ejemplares de la especie, que prosperan en la zona debido a la existencia de alimento.

Hasta la fecha se contabilizan escasas bajas para los buitres negros del proyecto Monachus, que cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad. Aunque sobre ellos también se ciernen múltiples amenazas, entre las que destacan los cebos envenenados, las palas de los aerogeneradores, la munición de plomo y las intoxicaciones derivadas del consumo de restos en vertederos.

Construcción de un jaula de aclimatación para los buitres negros del proyecto Monachus
Construcción de un jaula de aclimatación para los buitres negros del proyecto Monachus - GREFA

Desnide

El fin último de Grefa, con respecto al buitre negro, consiste en establecer una red que permita los flujos desde la península -donde se busca la conexión de las colonias localizadas en el sistema ibérico central, el Maestrazgo, Pirineos y el cabo de Creus- hacia Francia.

«Es posible coordinar varios proyectos de conservación a la vez si se aplican metodologías que han funcionado con anterioridad para abaratar los costes», asegura su presidente. «De esta forma, podríamos disponer de ejemplares suficientes para cederlos a otros países europeos donde el número de parejas es minúsculo, como en Grecia, o inexistente, como en Rumanía o Bulgaria», prosigue.

Los expertos consideran posible coordinar varios proyectos de conservación de la especie a la vez

El buitre negro se distribuía por todo el arco mediterráneo europeo, pero fue desapareciendo a lo largo de los pasados dos siglos, quedando constreñido, en el extremo occidental a España – 2.548 parejas repartidas en 43 colonias, según datos de 2017- y en el extremo oriental a Grecia y Turquía.

Grefa, incluso, ha propuesto al Ministerio para la Transición Ecológica «desnidar pollos» dentro de las colonias, como la de Monfragüe y la de San Pedro, muy próximas entre ellas y con más de 900 parejas en total, para agilizar los proyectos en curso y propiciar más.

Debido al mencionado carácter filopátrico de los buitres negros, estos tienden a densificar las colonias naturales, pero no recolonizan territorios situados dentro de su rango histórico de distribución, como los Pirineos, el sistema Ibérico, la provincia de Soria o el Levante español.

Los buitres negros tienden a densificar las colonias naturales, pero no recolonizan territorios situados dentro de su rango histórico de distribución

«Los biólogos distinguimos entre zonas óptimas de cría y subóptimas, donde acaban relegadas, cuando se alcanza el nivel de carga poblacional de una colonia, algunas parejas», explica Juste. Grefa ha constatado que, precisamente, la tasa de éxito reproductor de estas últimas parejas resulta menor, por ello sugiere controlar de cerca su reproducción. Si se detectara su fracaso sistemático se podría retirar el pollo nacido a tiempo para que fuera criado, en función de su edad, bien por las parejas que integran el stock reproductivo de la organización o bien mediante el citado hacking -a partir de los 75 días de vida-.