Felipe II y la protección del vino chileno

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Sobre Chile y el vino le puedo dar un dato referente al siglo XVI que tal vez no conozca y sin duda le interesa. Resulta que los vinos que se criaban en Tucumán y Río de la Plata (regiones antaño adscritas a Chile y al Virreinato del Perú) debieron de ir acreditándose por su calidad al menos ya en la segunda mitad del siglo XVI. Pues, en efecto, a mi entender no podía ser más que la calidad, que les permitía competir con los vinos de Castilla, lo que puso a los vinos chilenos entre las principales mercancías coloniales objeto de persecución -o de gravamen- por el denodado proteccionismo metropolitano. Y aquí merece la pena dar la palabra al propio rey Felipe II, que, en sus «Instrucciones» del 1 de noviembre de 1591 al Marqués de Cañete, virrey del Perú, no oculta ni disimula el motivo estrictamente proteccionista de la imposición del almojarifazgo al movimiento y distribución de los vinos singularmente chilenos: «Porque estoy informado que no se ha ejecutado esto, antes ha ido todo en aumento, plantándose de nuevo otras muchas viñas y acrecentándose las plantadas, de que la granjería y trato de dicho vino ha ido y va en mucho crecimiento, llevándose por mar y tierra de unas partes a otras, que es causa de que de estos reinos no se lleve la cantidad de vino que solía y se podría llevar, y se pierden los derechos que llevándose me pertenecen». Naturalmente, ese «me pertenecen» no debe interpretarse en el sentido de que el rey -por muy Felipe II que fuera-- pensaba sólo en los tributos que el comercio hacia Ultramar le reportaba, sino también en la mengua de las ganancias que la disminución de las exportaciones a las Yndias comportaba para los vinateros españoles. El canon del almojarifazgo se fijó en cuatro reales por botija perulera si el transporte era por mar y en dos si era por tierra, indistintamente si era para «otra provincia» -como Nueva España, por ejemplo- o para otra población del mismo virreinato. Le hago notar, por último, cómo este tan acendrado celo proteccionista, que se reitera durante tantos virreinatos, afecta a una región tan pequeña como el este de Chile, que de América del Sur vendría a ser, conforme usted nos ha revelado, la única capaz de criar buen vino, por gozar de lo que llama «clima mediterráneo».