Cuanto mayor es la ciudad, mayor su efecto contaminante. En la imagen, el Ebro a su paso por Zaragoza. FABIÁN SIMÓN

Antibióticos y analgésicos se suman a la lista de contaminantes de los grandes ríos europeos

El proyecto europeo de investigación «Aquaterra» se desarrollará durante cinco años y abarca también los cauces del Brevilles, el Meuse, el Elba y el Danubio

ROBERTO PÉREZ/
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ZARAGOZA. Los medicamentos se han convertido en un problema medioambiental de envergadura. Si hasta hace unos años lo que preocupaba prioritariamente eran los vertidos de carácter industrial, ahora los investigadores dirigen su mirada hacia el impacto directo que ejercen los vertidos que reciben los ríos desde los núcleos de población. Cada vez hay más plantas depuradoras y las directivas europeas obligan a extender estas instalaciones a municipios cada vez más pequeños. Hasta ahí el dato positivo. Pero las actuales depuradoras tienen una capacidad limitada de eliminación de residuos contaminantes y hay una parte sustancial de compuestos que no son erradicados antes de que esas aguas lleguen a los ríos. El problema más importante en este momento lo constituyen los medicamentos de uso común y creciente. El organismo metaboliza una porción, pero otra la elimina por vía urinaria y acaba en el agua.

Antidepresivos, analgésicos, antiepilépticos, betabloqueantes, reguladores del colesterol y antisépticos se han convertido en sustancias cada vez más presentes en los caudales de los grandes ríos. Los científicos conocen el problema desde hace años, pero las investigaciones realizadas hasta ahora no han sido demasiado amplias. De hecho, se encuentran en un estadio inicial. En Europa, Alemania es el país que más ha trabajado en este campo y Dinamarca destaca por el número de depuradoras que ya tiene operativas con medios suficientes como para eliminar los restos de medicamentos antes de que lleguen a los ríos. En los demás países, las investigaciones aún son escasas y en España se conoce muy poco del grado de contaminación real que ejercen estas sustancias.

Avanzar en el conocimiento del problema es uno de los principales objetivos del programa europeo «Aquaterra», que se desarrollará durante cinco años en cinco grandes ríos del continente: Ebro, Meuse, Brevilles, Elba y Danubio. Participan 45 instituciones de trece países de la Unión Europea, más Suiza y Serbia. El presupuesto global es de trece millones de euros, 650.000 de ellos para la parte española.

Del Ebro se encargará un grupo de expertos del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), coordinado por Damiá Barceló, profesor de investigación de este organismo, que ya lleva varios años evaluando la calidad de las aguas del Ebro y profundizando en el impacto que están teniendo los medicamentos.

Recogida de muestras

Durante estos cinco años, se recogerán muestras periódicas en dieciocho estaciones que tiene la Confederación Hidrográfica del Ebro a lo largo de todo su cauce. También se analizarán las aguas superficiales y subterráneas, los sedimentos, peces y muestras del fondo del río. Damiá Barceló ha explicado a ABC que esto va a permitir conocer con más exactitud el grado de contaminación que existe en el Ebro por estas sustancias. Hasta ahora, la recogida de datos ha sido limitada y en su mayor parte se ha concentrado en el tramo catalán, fruto de trabajos previos realizados en los últimos años.

Es una etapa inicial de las investigaciones, «saber qué tenemos» en el agua, para después profundizar en cómo están afectando esos compuestos a la fauna y flora del cauce. De entrada, ya se sabe que las afecciones existen. Por ejemplo, en el caso del antiepiléptico carbamazepina, se ha comprobado que supone un riesgo para los crustáceos. También hay indicios de que el propanolol, un betabloqueante, produce efectos negativos en el crecimiento del pez medaka, una variedad asiática de agua dulce.

«No es un problema anecdótico, en absoluto», afirma Barceló. Y no porque afecte al consumo de agua de los humanos, que está convenientemente tratada en las potabilizadoras, pero sí por los desequilibrios que produce en el medio acuático.

Los medicamentos no son contaminantes persistentes, es decir, no se acumulan en el agua, «pero como todos los días se consumen, todos los días van a parar a los ríos y en sus caudales se encuentran de forma permanente». Ahí radica el problema, porque son sustancias que acaban afectando a peces y plantas. Los que más se encuentran son los restos de medicamentos que se pueden comprar sin receta, como es el caso de los antiinflamatorios. Y los que más daños pueden causar al medio ambiente son los antibióticos, «porque pueden producir bacterias resistentes», explica este profesor del CSIC.

Pero aún hay que investigar para conocer cuál es el impacto exacto, «en qué medida, por ejemplo, les afecta a las algas o a los peces las exposiciones a largo plazo a este tipo de sustancias y a la combinación de varias de ellas».

Las soluciones

Los trabajos realizados en los últimos años en Cataluña han permitido confirmar que, lógicamente, la presencia de estos compuestos es mayor en los puntos del Ebro situados junto a núcleos urbanos de más tamaño. Pero también se ha comprobado que los hospitales constituyen un foco de contaminación en este campo, ya que en tramos del río próximos a ellos se encuentran igualmente concentraciones mayores de fármacos.

La investigación en el Ebro con el proyecto «Aquaterra» arrancó el pasado verano y va a servir de referencia para conocer la envergadura del problema, extrapolable al resto de grandes ríos peninsulares. Pero también va a marcar la tarea a partir de ahora, la necesidad de poner en marcha instrumentos para eliminar estas sustancias contaminantes. Damiá Barceló explica que es técnicamente viable, pero no con las depuradoras que existen en la actualidad, por lo menos en España y en la mayor parte de países europeos. Los sistemas que se emplean no están preparados. Son las denominadas «secundarias» y para poder eliminar los fármacos harían falta depuradoras con mecanismos adicionales, con reactores que producen una mayor degradación de los contaminantes.

Fuentes contaminantes

Barceló está convencido de que «hay que pensar en ir dotando a las depuradoras de estos sistemas», porque si bien la presencia de medicamentos en los ríos no es un problema nuevo, sí que es importante y creciente, tanto más cuanto más fármacos se consuman. Y su uso es creciente.

Curiosamente, los investigadores están más preocupados por este apartado que por el impacto contaminante de la industria. Según explica este profesor del CSIC, «desde hace años se ha avanzado mucho con la normativa que ha obligado a las industrias a controlar sus vertidos y a tratarlos previamente, por lo que ahora las fuentes contaminantes que más preocupan en Europa son las agrícolas y las urbanas».