Un trineo de viento «marca España»
Los componentes de la expedición, posando para los medios, antes de partir - ISABEL PERMUY
EN EL DESIERTO DE HIELO

Un trineo de viento «marca España»

Una expedición para circunnavegar Groenlandia busca devolver a España al número uno mundial de las exploraciones

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A veces la mayor innovación está en unos tablones de madera de fresno y unos nudos. Si a esto se le unen unos travesaños de fibra de vidrio y unas cometas movidas por unas poleas tenemos el único sistema del mundo para navegar por la superficie del hielo. Y eso es lo que está haciendo desde hace casi dos semanas en el vasto desierto helado de Groenlandia un equipo internacional, liderado por el explorador polar español Ramón Larramendi. Su reto es realizar la primera circunnavegación por el hielo de la isla más grande del mundo, en un recorrido de más de 5.000 kilómetros por el «inlandis» o glaciar interior que esperan completar en 45 días (partieron el pasado 7 de mayo).

Aunque inspirado en los conocimientos de los inuit, este primer vehículo eólico para la exploración de los Polos es un diseño propio de Ramón Larramendi, quien ya lo ha utilizado antes en expediciones tanto en el Ártico como en la Antártida, pero esta vez se han introducido nuevos desarrollos tecnológicos que es necesario testar. Y en esta ruta geográfica pionera volverán a ponerlo a prueba.

Cuarenta y cinco días para un recorrido de 5.000 km por el «inlandis»El objetivo de la expedición es comprobar la eficacia del trineo de viento como vehículo sostenible, de fácil manejo y económico para la investigación en los territorios polares, «ecosistemas de gran fragilidad en los que hoy se mueven miles de científicos de todo el mundo dejando su huella ecológica», destaca Larramendi, uno de los grandes exploradores polares del mundo. Ellos mismos llevan a bordo diferente instrumentación científica para recoger datos para dos proyectos científicos del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), dirigidos por el geógrafo Juan Ignacio López Moreno: la caracterización de la nieve y la validación de modelos climáticos de Groenlandia.

Y es que como apunta Diego Asqueta, vicepresidente de la Sociedad Geográfica Española, «con este vehículo España podría ser pionera en la investigación científica en el Ártico o en la Antártida y a muy bajo coste, y volver a situarse como país número uno en el mundo de la exploración». Lo que quieren demostrar con esta expedición es que esta suerte de ecovehículo polar puede servir de estación de investigación móvil, y llevar a la Ciencia española allá donde no es factible económicamente. Esta expedición tiene un coste de solo 60.000 euros, nada comparado con los cientos de millones de euros que cuesta montar una expedición con un «convoy» científico convencional, dice Larramendi, además de que el impacto ambiental del trineo de viento es nulo frente a los laboratorios convencionales, donde un 40 por ciento de la carga es combustible fósil.

En la sencillez está la fuerza

Se trata de un trineo con tres cuerpos: el primero hace de locomotora, el segundo transporta la carga y el tercero es el módulo de habitabilidad. «Esa es la fuerza de este trineo, la absoluta y extrema sencillez», afirma Larramendi. Llevan placas solares para su consumo energético, pero la única forma de moverse será el viento. Para ello han desarrollado un nuevo sistema de cometas, que pueden elevarse hasta unos 500 metros y que amplía el grado de viento que pueden aprovechar. Teniendo en cuenta el viento y el terreno, con desniveles de un metro y más en ocasiones, la expedición espera avanzar a una velocidad media óptima de unos 15 km/hora, si bien en el Norte la amortiguación natural que brinda la gran cantidad de nieve hará que puedan avanzar a 25-30 km/h. Así que esperan recorrer en algunas jornadas más de 500 kilómetros por el hielo, pues están operativos casi todo el día aprovechando las 24 horas de luz.

Hasta el momento, y al cierre de esta edición, han recorrido más de 500 kilómetros. «Los primeros días hemos avanzado menos porque ha sido necesario realizar pequeños ajustes, pero ya estamos enfilados hacia el norte, viento en popa. Los tres trineos del convoy van como un rayo», ha asegurado Larramendi.

Grietas en el hielo

La zona más complicada por la que han pasado se la han encontrado a la altura del fiordo de Ilussisat. «A 100 kilómetros había grietas que no esperábamos, pero es que se trata de un glaciar muy activo. Algunas estaban nevadas y hemos pasado por encima, pero otras hemos tenido que rodearlas maniobrando con las cometas en una operación que ha generado bastante tensión». Larramendi se refiere al glaciar Jakobhavn Isbrae, el más productivo del Hemisferio Norte, que se mueve entre 20 y 35 metros al día y desprende unos 20.000 millones de toneladas (35 kilómetros cúbicos) de hielo en forma de icebergs en el fiordo cada año. Su retroceso (5 kilómetros en 6 años) es una referencia clave para los investigadores del cambio climático en el Ártico.

Hasta ahora, los expedicionarios no están pasando mucho frío, con temperaturas diurnas de entre 5ºC y 10ºC bajo cero, si bien las nocturnas bajan hasta los menos 20ºC a los 1.900 metros de altura a los que se encuentran.

A Larramendi le acompañan los ingenieros españoles Manuel Olivera y Eusebio Beamonte, la danesa Karin Moe Bojsen y el groenlandés Hugo Svensson. Desde España, participa en su coordinación logística el piloto y geólogo Juan Manuel Viu. Tanto Acciona como la Sociedad Geográfica Española apoyan este nuevo reto geográfico y científico.