Araceli Segarra: «No hacer cumbre no es lo más duro; decepcionarse con las personas que te acompañan en la expedición, sí»
Araceli Segarra entrena en la Cerdaña (Lérida); lugar que ha elegido también para vivir - ALFONS VALLS
ALPINISTA

Araceli Segarra: «No hacer cumbre no es lo más duro; decepcionarse con las personas que te acompañan en la expedición, sí»

La primera mujer española en coronar el Everest, publica el 15 de septiembre su primer libro: «Ni tan alto ni tan difícil»

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A los quince años se inició en la espeleología -«el lado oscuro de la montaña», dice entre bromas- de la mano de su hermano. Su cota más baja la alcanzó en la sima Gesm, en pleno corazón de la Sierra de las Nieves (Tolox, Málaga) profundizando hasta los 1.074 metros. A los 18 se interesó por el alpinismo -«fui tocando las diferentes modalidades que hay en montaña y acabé viendo la luz al final del túnel», vuelve a bromear- primero en los Pirineos, siempre cercanos, y después en Kenia, llegando a los 5.000 metros. A los 26 había coronado ya el Everest, convirtiéndose en la primera mujer española en lograrlo. Cuatro años antes había alcanzado el primero de sus «ochomiles»: el Shisha Pangma, en el Tíbet, al estilo alpino, es decir, con el equipo indispensable y sin porteadores, oxígeno o cuerdas fijas.

Después de escuchar sus logros sorprende oírla decir que no se dedica profesionalmente al alpinismo: «Hay muchas personas que le dedican toda su economía y su tiempo libre, y es su pasión. Yo no escalo profesionalmente, no me pagan por ello. Hay pocas personas que consigan hacer eso. Pero descubrí cuando era bastante joven que este mundo de actividades en la naturaleza era fascinante, con muchas posibilidades y mucho que aprender. No sabía si el resto de mi vida estaría dedicado a la montaña. Ahora lo tengo más claro y creo que será así».

Vivir al límite me aporta reflexiones en el día a díaNacida en Lérida en 1970, lleva la montaña en la sangre, aunque sus primeros contactos con la naturaleza fueron las excursiones familiares de los domingos a un río que su memoria no alcanza a poner nombre, perdido en la profundidad de los recuerdos de su más tierna infancia. «Cerca de Lérida, pero no tengo ni idea de qué río era. Era tan pequeña que no me dejaban cruzarlo y me bañaba en una charca de la orilla», recuerda.

Hoy su área de campeo es casi toda la Cerdaña, que recorre incansablemente, porque, inquieta por naturaleza, como ella misma se define, asegura que se lo piden tanto el cuerpo como la mente: «Hay veces que físicamente necesito salir a quemar adrenalina y a obtener las endorfinas que el deporte te genera. Pero en otras ocasiones, lo que busco es equilibrar la mente. Y el tipo de actividad que hago es diferente a cuando voy por cuestión deportiva. Otras veces hago algún tipo de actividad más emocional, para llenar el corazón de vida, de alegría. La naturaleza me equilibra en esos tres aspectos: físico, mental y emocional. Y cada día necesitas más de uno que de los otros», asegura esta polifacética leridana.

De cumbre a cumbre

Entre cumbre y cumbre, tuvo tiempo de diplomarse en fisioterapia infantil, aunque dice que si volviera atrás estudiaría Bellas Artes o diseño gráfico. Desde los quince años le gustaba dibujar, aunque finalmente no eligió esa opción profesional. Sin embargo, «he acabado ilustrando un cuento. Tus pasiones acaban saliendo». «Los viajes de Tina» es un relato protagonizado por una niña con el pelo azul, inquieta, curiosa, extrovertida y muy activa, que viaja por el mundo escalando montañas y practicado todo tipo de deportes en la naturaleza.

Un fiel «autorretrato» de su creadora, que con esta historia busca inculcar en los más pequeños valores como la solidaridad, la amistad y el respeto a las personas y al medio ambiente. Aspecto que ha aprendido a valorar en sus expediciones a la alta montaña. De hecho, asegura, el peor momento de sus ascensiones no es el cansancio: «No es algo malo, también lo disfrutas. No buscas que la subida no te cueste». Lo peor, resalta, es la falta de solidaridad y de respeto que a veces ha encontrado y que suponen para ella la peor de las decepciones: «No conseguir la cumbre no es para mí lo más duro, sino decepcionarme con alguna de las personas que te acompañan en la expedición o van en otro grupo y que te pueden hacer alguna mala jugada. Eso es lo peor». Lo mejor, llegar a la cumbre en compañía: «Si llego sola no me satisface tanto».

Fisioterapeuta, alpinista, ilustradora, conferenciante y modeloLa Cerdaña da a Araceli la posibilidad de practicar todo tipo de actividades deportivas y obtener la forma adecuada para enfrentarse después a la alta montaña: «Entreno a diario si puedo, pero voy variando, según la época el año. En verano y primavera corro más, monto en bicicleta y hago escalada en roca. En invierno, esquí de travesía, escalada en hielo y alpinismo. En cada estación me adapto a lo que ofrece la montaña». Tiene varios circuitos para correr, lo que le lleva entre una y tres horas al día, con distancias entre 7 y 21 kilómetros, dependiendo del desnivel de la ruta, que puede llegar hasta los mil metros. Este paisaje le gusta por «sus valles muy abiertos y por el clima. Con una luz, ahora en otoño, preciosa. Y por las rocas de granito, de las más nobles, presentes igual que en los Pirineos», explica. También porque la gente a la que quiere vive aquí.

Conquistas «de papel»

A sus múltiples facetas de fisioterapeuta, alpinista, ilustradora de cuentos infantiles, conferenciante y modelo ocasional, ahora va a añadir una más, porque acaba de hacer una nueva conquista, la del papel. El próximo 15 de octubre sale a la luz su primer libro: «Ni tan alto ni tan difícil», editado por La Galera. Un título que resume bien su forma de pensar y con el que quiere transmitir la idea de que «las cosas no son tan complicadas como las pintan».

Esta incansable mujer asegura que pensar cansa siempre más que hacer, en el sentido de que «romper con ideas preestablecidas cuesta más que poner en marcha una acción». Como dicen los psicólogos, para cambiar la forma de pensar no es mala idea empezar por cambiar la forma de actuar.

En el libro cuenta lo que ha extraído a lo largo de su vida de escaladora. Algunas de estas reflexiones las ha compartido con muchas personas en las conferencias. Otras ven la luz por primera vez. Vivir al límite le aporta reflexiones, dice, y opina que transmitir conceptos de manera inteligible y didáctica y conseguir que las personas se motiven es casi más difícil que hollar una cima.

«Una de las cosas que más me acaba dejando la montaña es una necesidad imperiosa por no dejar de vivir. Valorar que te levantas por las mañanas y existes, pero no sabes cuánto va a durar. Y que la actitud que tomamos ante las circunstancias determina el resultado».