Imagen más difundida del Gran Incendio Forestal de Andilla de 2012
Imagen más difundida del Gran Incendio Forestal de Andilla de 2012 - B. MOYA
COMUNIDAD VALENCIANA

Cipreses: una nueva e innovadora herramienta contra los incendios forestales

Son masas de vegetación más resistentes al fuego que proporcionan un mayor tiempo de reacción a los dispositivos de extinción. Pueden reforzar líneas de defensa tradicionales o constituir una barrera en sí mismos en zonas de alto riesgo

RUTH PILAR ESPINOSA
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Hace tres veranos Andilla, municipio perteneciente a la provincia de Valencia, sufrió uno de los peores incendios forestales que se recuerdan. Las labores de extinción fueron peligrosas y complicadas como consecuencia de la gran superficie afectada (20.000 ha) y de las condiciones climáticas que se dieron: más de 30 grados de temperatura, el viento soplaba a más de 30 kilómetros por hora y la humedad relativa del aire se hallaba por debajo del 30%. De las fotos que más repercusión tuvieron en los medios de comunicación a posteriori destaca la de una masa de cipreses que resistió con estoicismo.

La resistencia natural del ciprés al fuego beneficia la silvicultura preventiva

«Creíamos difícil que nuestra parcela de cipreses hubiera sido capaz de sobrevivir a este Gran Incendio Forestal que estuvo fuera de la capacidad de control de los dispositivos de extinción», manifiesta Bernabé Moya, director del departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia, cuyo equipo trabaja desde 2005 en distintas líneas de investigación relacionadas con cipreses en la autonomía. Sin embargo, así fue. «Comprendimos que la resistencia natural contra el fuego del ciprés, una vez estudiada y definida, podría utilizarse en forma de cortafuegos verdes. Si los resultados de campo eran coincidentes con los de laboratorio podíamos disponer de una nueva herramienta innovadora en la lucha contra los incendios forestales, en línea con los principios de anticipación que establece la silvicultura preventiva», explica Moya.

Los 964 ejemplares de ciprés mediterráneo que se localizan en Andilla, en una parcela gestionada por la Diputación de Valencia para un proyecto europeo dedicado a la conservación de la especie en el que participan distintas entidades públicas de la Comunidad de Valencia, sufrieron, por supuesto, las consecuencias del incendio. El ciprés, como cualquier árbol, arde. Pero es más resistente al fuego que otras especies. En parte, porque crece en condiciones ambientales con muy poca disponibilidad de agua y suelos muy áridos y pobres, como ocurre en las áreas más cálidas de la región mediterránea.

El ciprés mediterráneo tarda siete veces más en arder que un roble melojo

A nivel de partículas, dados los resultados obtenidos en el laboratorio, los científicos han comprobado que el ciprés necesita un flujo de calor más elevado para arder (en comparación con el pino resinero, por ejemplo). Y tarda, también, más en hacerlo. Para un flujo de calor de 50 KW/m2, que se corresponde con un incendio de alta intensidad, en la que todas las especies arden, un roble melojo, por ejemplo, entra en ignición 7 veces antes que el ciprés mediterráneo. El tamaño de la llama, además, es inferior debido a que los aceites esenciales de sus hojas (formadas por éstos, celulosa y lignina) se volatilizan antes de que se alcance la temperatura de ignición, por lo que, al liberarse a baja temperatura, no participan en el proceso de combustión (en algunas especies, como el eucalipto, se han registrado combustiones espontáneas incluso antes de que les llegue el frente de fuego). El departamento de Selvicultura y Gestión de los Sistemas Forestales del INIA-CIFOR (centro de referencia en España para la determinación de la inflamabilidad de los combustibles forestales) y el Instituto per la Protezione Sostenibile delle Piante de Florencia (un como referente en el estudio del ciprés mediterráneo) han colaborado y aplicado distintas metodologías e instrumental para exponer tales conclusiones en la edición de este mes de la revista científica Journal of Environmental Management.

La hojarasca que cae al suelo es escasa, fina y compacta (su contenido en humedad es alto)

La copa homogénea y espesa del ciprés también propicia que exista una menor cantidad de oxígeno circulante alrededor de las hojas (las cuales apenas miden unos milímetros de longitud y crecen muy apretadas a los tallos, con lo que acumulan una gran cantidad de humedad). El ciprés no se autopoda, como sí le ocurre al pino; es decir, en su desarrollo no se secan y desprenden las ramas de la parte inferior de la copa, por lo que la cantidad de éstas y de hojarasca que llega al suelo es escasa. Además, en este caso, como hemos apuntado antes, se trata de material muy fino y compacto con un contenido elevado y estable de humedad. Dato que cobra especial relevancia durante el periodo estival, cuando se registran más incendios forestales en la península Ibérica.

A las cualidades individuales del ciprés hay que añadir que cuando se dan formaciones de varios ejemplares, como ocurrió en Andilla, crece en el suelo poca vegetación herbácea y arbustiva, que se suele considerar el motor de los incendios.

«No fue un hecho casual» que los 964 cipreses de Andilla resistieran el incendio de 2012, manifiesta Moya. Y el 1,27% de ellos se vio afectado. Aquellos árboles que se enfrentaron a una fuente muy próxima y enorme de calor no sobrevivieron. Otros, padecieron deshidratación. Algunos de éstos últimos, no obstante, han rebrotado. La zona constituye ahora un campo de trabajo para los investigadores, que invitan a visitar a quien lo desee.

Problema fitopatológico

Un problema fitopatológico procedente de Norteamérica recaló en Europa en los años 70, ensañándose, sobre todo, con los cipreses de la región italiana de la Toscana. Más tarde se supo que se habían detectado casos de ejemplares muertos víctimas del hongo Seiridium cardinale, responsable de la enfermedad «chancro del ciprés», en Grecia, Turquía, Francia, Portugal y España.

La Unión Europea puso en marcha un proyecto internacional para establecer en distintas áreas del continente dentro del arco mediterráneo plantaciones que sirvieran como reservas genéticas de la especie. Una de ellas fue la de Andilla. Así, no solo se conservaba la diversidad del ciprés mediterráneo –del que hay documentadas 70 variedades-, sino que se podía analizar la adaptabilidad de la especie a las condiciones ambientales locales y promover su aplicación al sector medioambiental (lucha contra la desertización y el cambio climático, por ejemplo), forestal (producción de madera noble), ornamental (jardines) y agrícola (cortavientos).

El departamento de Árboles Monumentales de la Diputación de Valencia sigue investigando en varias de estas líneas enunciadas. Este otoño ha previsto la plantación de 17 nuevas hectáreas (unos 10.000 ejemplares de ciprés) en los municipios de Quart de Poblet, Venta del Moro, Requena y Jérica. La especie que emplearán pertenecen a las variedades seleccionadas por el Instituto de Florencia de ciprés mediterráneo Cupressus sempervirens var. horizontalis, resistentes a la enfermedad del chancro del ciprés y adaptadas a las condiciones edáficas, climáticas y ambientales de la zona.

El objetivo es que los cipreses ayuden a evitar la propagación del fuego. Por ello, su plantación en áreas con alto riesgo de incendio, como los lugares intermedios entre una masa forestal y un campo de cultivo. El fuego bordea los campos labrados, pero alcanza el bosque gracias a los barrancos y líneas de cauce de vaguadas. Poner medio centenar de ellos en estos puntos no limitaría el trabajo de los agricultores ni interrumpiría el ciclo del agua. Sin embargo, contribuiría mucho a la gestión del monte.

Familiar y beneficioso

Algunas voces pertenecientes al colectivo conservacionista se han mostrado contrarias a estos cortafuegos verdes, aludiendo que no se trata de una especie autóctona y achacando la supervivencia del ciprés en aquel fuego de 2012 a la existencia de otras especies de árboles de estructura grande y alta alrededor que ralentizaron el progreso de las llamas. Lo cierto es que la vegetación circundante, formada por encinas, robles, pinos, carrascos, pinos rodenos, enebros, sabinas albares… se calcinó por completo. Y los cipreses no entraron en ignición ni transmitieron el fuego en incendio de Andilla. El 1,27% de cerca del millar de ejemplares que ocupaban la vaguada que peor parado salió se situaban, de hecho, más próximos a esas otras especies. «El ciprés es una planta que forma parte del paisaje español desde hace miles de años, como la palmera datilera, el algarrobo, el naranjo o el manzano», por ejemplo. «Por lo que no solo estamos familiarizados con sus características sino que nos beneficiamos de sus flores y frutos», comenta Moya.

Los cipreses no entraron en ignición ni transmitieron el fuego en Andilla

«La naturaleza tiene la respuesta a muchos de los problemas ambientales a los que nos enfrentamos. La plantación de árboles y su cuidado suponen un reto y una necesidad para la sociedad», explica Moya. Cada año se producen en España entre 16.000 y 20.000 siniestros en los que arden de 50.000 a 200.000 hectáreas de vegetación. El cambio climático solo agravará una coyuntura producto de la combinación de la falta de información a la población y de apoyo a la investigación, con el abandono del medio rural y la ausencia de planes de gestión sostenible de los bosques. No se trata de llenar el monte de cipreses, sino de emplearlos de manera estratégica. Los cipreses arden y, por supuesto, no evitan los incendios, dado que la mano del hombre está detrás del 95% de los que se originan en España. Pero permiten establecer masas de vegetación más resistentes al fuego, proporcionado un mayor tiempo de reacción a los dispositivos de extinción. «Se lo debemos al bosque y a las generaciones futuras», insiste Moya.

El denominado «Sistema Ciprés» puede aplicarse para reforzar líneas de defensa tradicionales y puede constituir una barrera cortafuegos en sí misma tanto en áreas recreativas en el bosque como en instalaciones industriales, vertederos o zonas mineras, por ejemplo. La región de la Toscana ha incorporado al ciprés mediterráneo en el listado de especies forestales idóneas para su uso en la lucha contra incendios forestales, la reconstrucción de los equilibrios hidrológicos y la preservación del suelo, asegura Moya. Las primeras plantaciones del «Sistema Ciprés» de barreras cortafuegos se han llevado a cabo esta primavera en la provincia de Siena.