Vídeo: Clase de conducción con Luis Moya a 200 km por hora

El copiloto, dos veces ganador del mundial de Rallyes con Carlos Sainz, recorre con nosotros el circuito de Ascari y nos explica cómo resolverlo

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Casi todo el que tiene carnet cree que sabe conducir bien. En la mayor parte de los casos, basta un curso de profundización o unas vueltas a un circuito para darnos cuenta de que podemos estar equivocados. Por este motivo, hemos pedido a Luis Moya, dos veces ganador del mundial de Rallyes junto a Carlos Sainz -y no tres por ese «trata de arrancarlo» que, como explica entre risas, aún le recuerdan a diario, que nos de algunos consejos, algo que hemos hecho en el incomparable circuito de Ascari y a bordo de un Volkswagen Arteon 2.0 de 240 CV.

Moya ha vivido en primera persona la importancia de adquirir un dominio del coche mayor del que se aprende en las autoescuelas. «El año pasado iba con mi hijo y él conducía. Pisamos una mancha de aceite, pero él, sin ponerse nervioso, contravolanteó y dio gas», explica Moya. El copiloto, embajador de Volkswagen, había inscrito anteriormente a su hijo en los cursos de la Escuela R de la marca. «Supo reaccionar y evitamos un accidente», explica Moya mientras zizagea con destreza entre las curvas del circuito malagueño.

Ascari es un circuito «muy técnico», cuenta el copiloto coruñés, aunque en líneas generales lo que vale para éste trazado vale para superar con solvencia cualquier otro. «Hay que saber frenar, y mantener la vista lejos». Estas dos cualidades las hemos practicado previamente en tres ejercicios de la Escuela R: frenada de emergencia, frenada progresiva y un minicircuito de tipo «micky mouse».

En el primero el objetivo es demostrar al conductor qué le sucede al vehìculo al accionar a fondo el pedal de freno a una velocidad de 100 km por hora, mientras que el segundo trata de enseñarle cómo dosificar la frenada para reducir la velocidad en su justa medida, pisando el freno de forma decidida pero sin que salte el ABS y posteriormente levantándolo progresivamente. El «micky mouse», por su parte, es un circuito mojado muy revirado, en el que mirar al frente y no a pocos centímetros del salpicadero es fundamental para adelantarnos al trazado y no derribar ningún cono. «Enseña a mantener la vista al frente», cuenta Moya. «Es muy divertido. Podría pasarme la mañana haciéndolo».

Saber atacar las curvas es otra de las claves para divertirnos en el trazado. Antes de llegar a una cerrada, hay que anticiparse, adelantando las manos sobre el volante para que mantengan la posición «tres cuartos» cuando estemos en el vórtice de la curva. En esta ocasión, el circuito está señalizado con dos conos naranjas que indican el sentido de la curva y dónde empezar a frenar, y uno verde, que muestra el vórtice de la curva y a partir del cual ya debemos acelerar «para que el reparto de pesos nos haga salir de la curva por el sitio correcto», como explica Moya.