Coches en la congelada Chicago - AFP

La «superola» de frío, amenaza extrema para los coches: el diésel se congela y los eléctricos pierden autonomía

Las bajas temperaturas pueden causar graves daños no solo a las personas que se vean expuestas directamente sino también a los automóviles

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El hemisferio norte afronta esta semana temperaturas muy frías. Especialmente Estados Unidos, donde el Medio Oeste vive en estado de congelación por la llegada de un vórtice polar.

Este fenómeno, causado por la ruptura del cinturón de vientos que rodea el Polo Norte abriendo una enorme ventana que lleva los vientos gélidos del Ártico a latitudes más bajas, ha causado temperaturas de hasta menos 40 grados centígrados en algunas zonas. Chicago, por ejemplo, está viviendo la peor ola de frío en tres décadas.

Se trata de temperaturas extremas que pueden causar graves daños no solo a las personas que se vean expuestas directamente sino también a los automóviles. También impactan en las condiciones de circulación: de los ocho fallecidos registrados hasta el momento, la mayoría lo han sido como consecuencia de accidentes de tráfico.

Tales temperaturas, superiores incluso a las que los vehículos se prueban antes de su comercialización ( suelen rondar los -25 grados centígrados-) tienen un impacto directo en el vehículo. Neumáticos y piezas de goma, como sellos, burletes y molduras, pero también las correas y los manguitos del motor, o las de los limpiaparabrisas pierden elasticidad por debajo de 10ºC.

El frío también toca de lleno a la presión de los neumáticos, que desciende conforme lo hace la temperatura exterior: unos 0,07 bares (1 psi) por cada 5ºC de bajada.

El contenido del depósito limpiaparabrisas congela a 0ºC si es agua o a desde -5ºC si se trata de líquido específico, mezclado o no con agua. Desde 0ºC se forma además hielo en cristales y escobillas de limpiaparabrisas que, ojo, pueden terminar pegadas al cristal.

Bombines y cerraduras también pueden congelarse, mientras que el aceite de motor tipo 20W-xx se vuelve más viscoso a partir de -10ºC/-15ºC, perdiendo propiedades lubricantes. No así los clasificados como 10W o menos, que mantienen la viscosidad inalterada hasta -40ºC (el 0W-xx). Afortunadamente, el combustible no congela hasta -80ºC/-90ºC, como también pasa con el líquido de frenos.

Ahora bien, la obstrucción del gasoil en frío se produce a -15ºC aproximadamente, a causa de las parafinas del gasóleo que empiezan a cristalizarse a -10ºC, llegando a obstruir filtros y tuberías. En la práctica, por la calidad del gasoil, la cristalización puede aparecer antes de los -10ºC.

Un aspecto a tener en cuenta es la batería, que cede capacidad para suministrar corriente alrededor de 0ºC. Es más, con el termómetro marcando -10ºC pierde la mitad de su potencia y dificulta el arranque. Si el circuito de refrigeración contiene agua o mucha proporción de ésta comenzará a congelar desde 0ºC, pero se mantendrá líquido hasta -35ºC/-40ºC si, como mucho, el refrigerante contiene la mitad de agua.

Como apunte adicional, un automóvil aparcado en la calle muestra prácticamente la misma temperatura exterior en su habitáculo. De ahí que cuando se acceda a él se encuentre tan frío estos días, sobre todo si pasa toda una noche a la intemperie, lo que obliga a conectar la calefacción al máximo. Y lo mismo a activar la resistencia eléctrica de la luneta posterior y, si la lleva, del parabrisas, para desempañar esas lunas. Todo esto incrementa el consumo de combustible.

Menor autonomía en los coches eléctricos

En los modelos totalmente eléctricos (en los híbridos apenas es perceptible) el frío acusado también pasa factura. De entrada, el aceite que lubrica la transmisión se espesa con la bajada del termómetro, lo que incrementa la fricción interna y provoca un descenso en la autonomía de sus baterías.

Pero es que además la última se ve trastocada (salvo en modelos contados) por el uso recurrente de la calefacción, que lógicamente implica un elevado consumo eléctrico (también lo hace en verano el equipo de aire acondicionado). Al final, es habitual que durante los meses más gélidos perdamos hasta un 25% de kilometraje entre repostajes.

Y eso que, en parte, se puede compensar precalentando el vehículo mientras se encuentra reponiéndose enchufado a la red eléctrica, pues la mayoría de estos vehículos permiten activar estas funciones (carga y precalentamiento, a modo de temporizador) desde app específicas instaladas en el smartphone.

Como 'guinda', la carga de las baterías también es menor: las temperaturas bajas afectan a la rapidez con la que fluye la energía, o lo que es igual, a la cantidad de ésta que se puede proporcionar para la aceleración y la rapidez con que recarga. Una batería fría también limita la función de frenada regenerativa, que la recarga de forma parcial en circulación.