Así quedan los límites de velocidad en España y Europa

La mayoría de los países europeos ha establecido menos de 90 km/h para las vías secundarias

MADRIDActualizado:

El Gobierno ha justificado en los registros de fallecidos en las carreteras españolas la necesidad de reducir los límites de velocidad en nuestras carreteras. Según sus datos, mil personas mueren cada año en accidente en las carreteras secundarias, unas vías en las que desde el 29 de enero se hará efectiva la rebaja en el límite de velocidad, pasando de 100 a 90 km/h.

Mediante un Real Decreto se modifica el Reglamento General de Circulación (artículo 48) y se fija a partir de finales de enero un cuadro más simplificado de velocidades máximas. Dentro de la Unión Europea, España es uno de los países que más carreteras convencionales tiene. Y, además, el 76% de los accidentes con víctimas se producen en estas vías.

Así, en las carreteras convencionales los límites serán 90 km/h (turismos, motos y autobuses) y 80 km/h (resto de vehículos); mientras, en autovía y autopista habrá tres límites: para turismos y motos (120 km/h), camiones y furgonetas (90 km/h) y el resto de vehículos, incluídos autobuses (100 km/h). [Pincha aquí para saber el importe de la multa si te saltas un límite de velocidad]

Como excepción, en vías convencionales con separación física de los dos sentidos de circulación, el titular de la vía podrá fijar un límite máximo de 100 km/h para turismos y motos. Además, las autocaravanas tendrán un límite de velocidad en función de su masa máxima autorizada y los automóviles con remolque, vehículos de transporte escolar y de menores o mercancías peligrosas seguirán teniendo que circular con un límite de 10 km/h inferior a los citados anteriormente. Y se añade un límite máximo de 30 km/h en las vías sin pavimentar.

España se une así a la mayoría de países europeos, en los que la velocidad máxima en las carreteras convencionales es de 80 o de 90 km/h. Tan slo mantienen la velocidad máxima de 100 Alemania, Polonia, Rumanía, Austria y Holanda. Recientemente Hungría y Suecia redujeron temporalmente sus límites de velocidad en carretera. En el país nórdico, la reducción de 90 a 80 km/h en sus vías redujo un 41% el número de fallecidos.

La velocidad justa no siempre es la que marcan las señales de limitación de la carretera y que constituye la velocidad legal, ni siquiera la aconsejada, también marcada en señales verticales (S-7), sino la de un nuevo concepto que va imponiéndose –velocidad segura– y que apela a la responsabilidad de cada conductor.

Velocidad segura es aquella que asegura que, en caso de accidente, la probabilidad de lesiones a las personas implicadas no supere un determinado umbral. De esta forma: 30 km/h (en zonas de convivencia con vulnerables), 50 km/h (en carreterascon intersecciones) y 70 km/h (en carreteras con riesgo de colisión frontal) son “velocidades seguras”. Además, cada conductor debe tener en cuenta su capacidad y aptitud psicofísica, el estado del vehículo, de la carretera y las condiciones meteorológicas, para circular, por debajo de los límites, a una velocidad que le permita frenar, tomar las curvas, adelantar… en definitiva, con tiempo y espacio suficiente para no sufrir un accidente, ni dejar nada al azar.

De hecho, las organizaciones internacionales más representativas en seguridad vial defienden la aplicación de los principios del “sistema seguro”. Esto supone pasar de un escenario en el que los límites de velocidad se movían en equilibrio entre las necesidades de movilidad y la seguridad a otro en el que la seguridad es el requisito básico y los demás elementos se supeditan a ella. Este sistema, mediante un límite de velocidad seguro, trata de minimizar las consecuencias negativas de un potencial accidente.

Según el informe de impacto previo elaborado por el Observatorio de la Seguridad Vial de la DGT, esta norma reducirá “un 10% los fallecidos en estas vías”. “Pequeñas variaciones de velocidad de circulación suponen grandes beneficios en términos de seguridad”, señala Álvaro Gómez, director del Observatorio.

“La velocidad tiene influencia directa en la frecuencia y severidad de los accidentes”, señala el informe “Velocidad y Riesgo de Accidente” de 2018 realizado por la OCDE y el Forum Internacional del Transporte (ITF). Este informe recuerda que “con más altas velocidades de conducción, el número de accidentes y su severidad crecen desproporcionadamente” y confirma que reducir la velocidad media 5 km/h en vías interurbanas reduce un 28% los accidentes mortales. Por ejemplo, según el modelo Nilsson –comúnmente aceptado– una subida del 1% en la velocidad media conlleva un crecimiento del 2% en la frecuencia de accidentes con víctimas, del 3% en la frecuencia de accidentes graves y del 4% en el de accidentes mortales.

El estudio de OCDE e ITF concluye que “el diseño de las vías y de los límites de velocidad deben tener en cuenta las fuerzas que el cuerpo humano puede tolerar y sobrevivir” y recomiendan, calificándolo de razonable, un límite de 30 km/h “en todas las áreas donde vehículos motorizados y usuarios vulnerables compartan el mismo espacio” (zonas residenciales, áreas construidas…); en áreas con intersecciones y alto riesgo de colisiones laterales recomienda 50 km/h y en carreteras sin separación de sentidos, para reducir el riesgo en colisión frontal, 70 km/h.

También para la Comisión Europea (CE) la velocidad es determinante en el 30% de los accidentes mortales, y destaca que su exceso aumenta el riesgo de sufrir accidentes y la probabilidad de lesiones graves o de muerte. “La velocidad es clave en la siniestralidad”, resume Peter Broertjers, experto en seguridad de la CE. Y Jesús Monclús, director de Prevención y Seguridad Vial de la Fundación Mapfre, opina que “la reducción de la velocidad es una de las medidas más efectivas contra los accidentes de tráfico”.