Los peores fallos del GPS y sus fatales consecuencias

El caso de Laza, en el que un tráiler polaco quedó atascado en una comarcal orensana, es tan solo uno de los más llamativos casos en los que los conductores que confiaron demasiado en su navegador

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Lo mejor que te puede pasar si te fías al cien por cien del navegador del coche y comete un fallo es que te pierdas y comiences a dar vueltas en círculo alrededor de tu destino.

Pero las consecuencias pueden ser peores. Uno de los casos más llamativos sucedió en febrero de 2018, cuando un conductor polaco atascó su trailer en una pequeña carretera de Laza, en la comarca orensana de Monterrei, cuando siguió las indicaciones del navegador para llegar hasta la autovía A-52. El tráiler, que acababa de descargar materiales de construcción para las obras del AVE, optó por fiarse de la ruta más corta y acabó en una vía de apenas tres metros de ancho.

Pero sin duda el error más emotivo fue el que cometió Mandy, un conductor alemán al volante de un trailer de 17 metros cargado de guías telefónicas y que debía llegar a Hamburgo. Sin embargo, sin saber cómo ni porqué, se vio en las sinuosas carreteras que desembocaban en el faro de Punta Candieira, en Cedeira (La Coruña). Cuando se dio cuenta, la carretera terminaba en el faro. Aún hoy nadie se explica cómo fue capaz de girar el camión, pero su mala fortuna fue la rotura de un eje en la primera curva. Quienes le prestaron asistencia fueron Miguel y Fusa, el matrimonio encargado del faro, que acogieron al despistado transportista durante una semana, hasta que se pudo reparar la avería.

En septiembre de 2017 los escasos vecinos de la parroquia de Pentes, en el concello orensano de A Gudiña, no daban crédito cuando vieron encajado en sus estrechas calles un tráiler cargado de pescado que, en teoría, cubría el trayecto Vigo-Valencia. Debido al cierre de un tramo de la A-52 para mejoras en su asfalto, el conductor tomó una salida equivocada y acabó por una carretera que poco a poco fue estrechándose, y cuando entró en el núcleo de Pentes e intentó dar marcha atrás, quemó el embrague, averiando la cabeza tractora del camión.

Otro conductor fue igualmente víctima a comienzos de 2017 de su asistente cuando transitaba por una carretera en los alrededores del aeropuerto de Peinador, en Vigo. El navegador le indicó una carretera en el núcleo de Cabral sin tener en cuenta la debilidad estructural de un puente, que cedió ante el peso del trailer.

En 2010, un hombre senegalés murió después de que su coche cayera a un pantano en Badajoz, mientras circulaba por una carretera cortada y guiado por su GPS. La oscuridad de la noche no le permitió frenar a tiempo.

En otras ocasiones las consecuencias se han quedado en un susto como el caso de una mujer belga de 67 años acabó recorriendo 1.450 km. en lugar de los 150 que separaban su pueblo en Bélgica de Bruselas. La mujer terminó en Zagreb, Croacia, siguiendo el GPS.

Tampoco volverá a fiarse a pies juntillas de su navegador otro conductor, de nacionalidad checa, que en las navidades de 2016, en plena noche, se desvió de la A-6 en dirección a una cantera de Guitiriz (Lugo). Su GPS le indicó la ruta más breve y acabó en una pista no recomendada para vehículos de más de 10 toneladas. Su camión superaba las 40. El trailer acabó atascado en el barro en mitad de un bosque. Necesitó de una grúa especial para salir del hoyo y llegar a su destino.

Otro transportista cometió un -aparentemente- insignificante error al introducir su destino. Él quería llegar a la villa marinera de Cedeira, en la comarca de Ferrol (La Coruña), pero en su lugar tecleó Cerdeira, y terminó atascado en otra pista estrecha en mitad de la provincia de Lugo. Tardó 72 horas en que las asistencias pudieran remolcar su tráiler y devolverlo a la red principal.

Y en mayo de 2016 el diario canadiense Toronto Sun se hacía eco de uno de esos accidentes que, aún por extraños que parezcan, de cuando en cuando suceden. En aquel caso una joven de 23 años de aquel país terminó sumergiendo su coche en la bahía de Georgia mientras seguía las indicaciones de su navegador.

La mujer, de Kitchener (Ontario) seguía una ruta en el GPS del coche en medio de una noche de niebla espesa en Tobermory, Ontario, según refleja el atestado policial. Pero la adversidad meteorológica le impidió ver a tiempo el camino frente a sí, terminando en la dársena de un muelle y, finalmente, bajo el agua. Todo apunta a un fallo del sistema de navegación.

Según parece, el coche se mantuvo a flote lo suficiente para que su propietaria pudiese escapar por la ventanilla, si bien tuvo que nadar por espacio de 30 metros; no sufrió lesiones, más allá del correspondiente susto. El vehículo, un Toyota Yaris, no fue rescatado del agua hasta la mañana siguiente.