HISTORIA DE LA AUTOMOCIÓNPatentmotorwagen: cuando los coches iluminaban con velas

En 120 años la iluminación de los automóviles ha evolucionado hasta los modernos sistemas de LED matriciales

Fráncfort Actualizado: Guardar
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Para la mayoría de los conductores habituales ha sido realmente sencillo adaptarse a los modernos sistemas con los que vienen equipados los coches, de modo que poco a poco nos vamos adaptando, incluso sin darnos cuenta, a la futura y cada vez más próxima conducción autónoma.

La evolución en pocos años ha sido muy grande, sobre todo si nos referimos a los asistentes de conducción y mejoras en seguridad. Entre estos sistemas, la iluminación puede que sea uno de los que pasan más desapercibidos, aunque al mismo tiempo son fundamentales, ya que mientras que elementos como el ESP o los frenos ABS funcionan en situaciones concretas, actuando para evitar un accidente, las luces del coche funcionan en todo momento con el doble objetivo de ver y ser vistos.

En la actualidad ya contamos con sistemas de iluminación inteligente, con luces largas y cortas que se conectan solas, adaptativas y automáticas. Pero no siempre fue así. Tan solo tenemos que retroceder una decena de años para comprobar cómo ha sido la evolución más reciente, mejorando tanto en alcance como en luminosidad y evitando deslumbramientos a otros vehículos. Pero si nos fijamos en los vehículos de hace 120 años, el asombro no se irá de nuestras caras.

La demostración práctica la hemos vivido en las inmediaciones de Fráncfort, en la pista de pruebas de Opel, donde hemos podido probar una variedad de vehículos de la marca equipados con velas, como sucedía con el primer Patentmotorwagen de finales del Siglo XIX, hasta la tecnología Intellilux de LED matriciales con la que se equipará el futuro Opel Corsa, que será presentado este mismo año 2019.

A dos velas con el Patentmotorwagen

Los principios de la movilidad en automóvil fueron bastante oscuros. Hace 120 años el Patentmotorwagen de Opel empleaba dos velas, aunque su función principal no era la de iluminar la calzada, sino ser visto por otros usuarios de la carretera. Pese a todo, era un sistema que contaba con una tecnología innovadora, conocida como «Sistema Lutzmann». La vela ahora se colocaba en una barra elevada, sobre la cual se montaba el «faro», que era un receptáculo de cristal con un espejo. Un muelle impulsaba continuamente la vela hacia arriba mientras se consumía por la combustión y así podía iluminar a un nivel constante a través del cristal.

A principio del siglo XX aparecen la bombillas incandescentes, que se convirtieron en el sistema de iluminación utilizado hasta los años 60. En un principio los faros eran redondos, hasta la llegada del modelo Kapitan de 1938, que los integró en la aletas delanteras, y tomaron forma de hexágono.

Las lámparas incandescentes están formadas por un filamento de tungsteno o wolframio que se une a dos terminales soporte. El filamento y parte de los terminales se alojan en una ampolla de vidrio en la que se ha hecho el vacío y se ha llenado con algún gas inerte (argón, neón, nitrógeno, etc.). Cuando por el filamento pasa la corriente eléctrica éste se pone incandescente a elevada temperatura (2000 a 3000ºC) desprendiendo luz y calor. Estas lámparas van dentro de los faros, que según su forma y diseño se encargan de proyectar la luz.

El accionamiento de las luces era bastante curioso, tanto en este modelo como en el Olympia, ya que el interruptor mediante el cual seleccionábamos las luces cortas o largas estaba situado en el suelo, a la izquierda del pedal del embrague. En la práctica la intuición era fundamental, ya que la iluminación del salpicadero era precaria, y costaba distinguir si habíamos conectado o no la iluminación de largo alcance (en la actualidad una luz verde indica que llevamos puestas las cortas, y una luz azul en el cuadro de instrumentos nos informa de que hemos puesto las largas).

En los años 60, la forma de los faros continuó adoptando una forma más angular, hasta llegar al Opel GT de 1968. Además de convertirse en el «legendario deportivo al alcance de todos», según la publicidad de la época, era también el primer coche alemán con faros escamoteables giratorios. Salían de la carrocería al accionar una palanca en la consola central, aunque también contaba con unos faros halógenos situados en la parrilla, bajo el parachoques, y que hacían las veces de luces de posición.

Las lámparas halógenas son una evolución de las incandescentes, con un filamento de Wolframio dentro de un gas inerte y una pequeña cantidad de halógeno (como yodo o bromo). Con estos gases se consigue mejorar el rendimiento del filamento y aumentar su vida útil. El vidrio se sustituye por un compuesto de cuarzo, que puede soportar temperaturas más elevadas. Con lámparas de menor tamaño se consigue una mejor iluminación, con un rendimiento un poco mejor que la incandescente con una vida útil que aumenta hasta las 2000 y 4000 horas de funcionamiento.

Llegan las luces de Xenón

El Opel Omega B fue el primer modelo que ofrecía faros de descarga de gas xenón de serie a partir de 1998. Deben su nombre al gas del que están llenas los bulbos de las lámparas. Un faro de xenón está compuesto por una cámara de vidrio o cuarzo llena de gas xenón y sales de metales halogenizados (sodio o mercurio), atravesada por un arco voltaico de hasta 30.000 voltios entre dos electrodos. Este arco produce la evaporación del gas y de las sales que participan así en la obtención de la luz. Se trata de un sistema que tarda unos segundos en trabajar a pleno rendimiento, por lo que los coches dotados con este tipo de iluminación deben tener de todos modos lámparas halógenas para la función de apagado y encendido rápido.

Si se comparan con las bombillas halógenas de uso común en aquel momento, la triple intensidad de luz no sólo les dotaba de más alcance, iluminando mucho mejor la carretera. Además, eran mucho más eficientes: el consumo de energía se reducía en un tercio, la radiación de calor era un 40% inferior y aumentaba considerablemente su vida útil. También se incluía un sistema dinámico de nivelación de los faros. Así se compensaban los cambios de posición de la carrocería; por ejemplo, al circular con el coche cargado o durante la aceleración o frenado.

Luces dinámicas AFL

Hay que llegar al año 2000 para ver e la práctica los sistemas de iluminación adaptativa o AFL. Con esta innovación los vehículos como el Opel Signum de 2003cuentan ya con la luz dinámica de curva y la luz estática de giro de 90 grados - para intersecciones y giros cerrados con faros xenón. Otra funcionalidad de confort adicional del AFL era la luz de autopista: a velocidades próximas a los 120 km/h practicando una conducción en línea constante, la altura de las luces cortas se ajustaba automáticamente y se elevaba ligeramente para mejorar la visión a larga distancia. El sistema dinámico de nivelación de los faros incluido ahora de serie evita deslumbrar a los conductores que circulaban en sentido contrario.

En 2004, el Opel Astra fue el primer modelo compacto en contar con un sistema AFL. La siguiente generación de luces AFL+ basada en potentes faros bi-xenón debutó en 2008 con su introducción en la primera generación del Insignia. Utilizando algoritmos complejos, la distribución de la luz de los faros se ajustaba automáticamente al perfil de la carretera y a las condiciones de visibilidad. Otra innovación del Insignia eran las luces diurnas LED, que consumen mucha menos electricidad, y por tanto menos combustible, que las luces diurnas halógenas de los faros.

Intellilux Led: como de la noche al día

La iluminación matricial IntelliLux LED se lanzó en 2015 con la actual generación del Opel Astra. Utilizando la información del sistema de cámara frontal para detectar la luz de otro vehículo que se aproxima en sentido contrario o que circula por delante, el sistema IntelliLux desactiva automáticamente los segmentos individuales LED de la zona que podría deslumbrar a otros conductores.

En 2017 volvió a lanzarse la tecnología de iluminación revolucionaria aún más desarrollada en la nueva generación del Insignia. Este modelo lleva ahora 32 elementos LED (16 por cada faro). Con su mayor número de elementos LED, las distintas funciones de iluminación se adaptan de forma todavía más precisa a la situación del tráfico y la transición de unos modos a otros es aún más suave.

Un sistema que llegará en breve al nuevo Corsa, que está a punto de ser presentado, ya que la próxima generación del utilitario de Opel se lanzará con el sistema de iluminación matricial IntelliLux LED de faros completamente adaptativos. Alrededor de 90.000 nuevos automóviles Opel equipados con sistema de iluminación matricial llegan al mercado europeo cada año.

El sistema de faros matriciales LED que no provocan deslumbramientos se adaptan automática y continuamente a la situación del tráfico y al entorno. El tráfico que se aproxima y los vehículos anteriores simplemente se "recortan" del área iluminada. El deslumbramiento se minimiza y los conductores disfrutan de una visibilidad óptima, como pronto será el caso de la nueva generación de Opel Corsa.