Por qué el gobierno francés frustra la fusión de Renault con Fiat

Las operación podría haber generado el mayor grupo mundial de automoción, con más de 15.600.000 unidades fabricadas anualmente

MADRIDActualizado:

La unión de los grupos Renault y Fiat FCA podría haber dado lugar al tercer mayor productor de vehículos del mundo, con 8,7 millones de unidades; y el primero si se suman Nissan y su participada Mitsubishi, lo que redundaría en una reducción de costes de unos mil millones para un «titán» que superaría los 15 millones de vehículos.

Pero finalmente no ha poidido ser, y el grupo FCA ha reconsiderado su oferta amistosa de fusión después de que Renault hiciese saber que mantenía «en la nevera» su decisión, «a petición del Estado francés».

Detrás de esta fallida fusión hay dos claves importantes, el Estado francés que posee un 15 por ciento de las acciones del grupo automovilístico Renault, que es considerado prioritario y de interés nacional por París. En el año 2015 el Gobierno Francés decidió adquirir un 4,7% del capital del fabricante automovilístico Renault, aumentando así su participación en el accionariado hasta el 19,73%. Una operación que tenía como objetivo proteger sus intereses en la empresa. en particular en lo que se refiere a la llamada "ley Florange". Esta ley, votada en marzo de 2014, está destinada a favorecer la estabilidad del accionariado y otorga un voto doble en las juntas de accionistas a los inversores que conserven su participación en una sociedad durante al menos dos años. De cerrarse la operación de fusión la aprticipación del Gobierno francés se vería reducida al 7,5% de la entidad combinada.

En el proceso de negociación ahora frustrado el Ejecutivo de Francia puso especial interés en garantizar los empleos y las plantas actuales de Renault en Francia. El ministro francés de Finanzas, Bruno Le Maire ha afirmado que su intención en este proceso era que «el Estado garantice la defensa de los intereses nacionales. En particular, solicitamos garantías para el empleo industrial en Francia».

Además, el Ejecutivo francés pedía garantías para que el interés de Francia estuviese «bien representado» en la dirección de la posible nueva empresa que saliera de la fusión de Fiat y Renault. Le Maire también reclamaba que el acuerdo tuviese lugar en el marco de la alianza entre Renault y Nissan.

Por otra parte el socio japonés de Renaul, Nissan, nunca estuvo muy dispuesto a aceptar la fusión, aunque sin oponerse a ella.

Lo que podría haber sido

La hipotética compañía resultante, con sede en Holanda y cotizada en Milán, París y Nueva York, tendría una envidiable diversificación geográfica y de producto. Aglutinaría marcas premium como Maserati o Alfa Romeo con otras de acceso como Dacia y Lada, además de las generalistas Renault y Fiat, con arraigada presencia en Europa, o Jeep y RAM, líderes en el mercado norteamericano. Sería el cuarto en ventas en América del Norte, el segundo en la región EMEA (Europa y Oriente Medio) y número uno en América Latina; y tendría, en base a los resultados de 2018 de ambos grupos, una facturación de 170.000 millones de euros al año. Ferrari, escindida hace tres años de FCA, quedaría fuera de la operación.

El nuevo fabricante estaría bien posicionado para afrontar los retos más acuciantes del sector, como la reducción de emisiones y la electrificación, carrera en la que Fiat ha quedado muy descolgada y sin embargo Renault luce músculo como mayor vendedor de eléctricos de Europa. También en otros apartados como el desarrollo de vehículos conectados y autónomos. Una materia en la que FCA mantiene importantes acuerdos de colaboración con Waymo, filial de Google, o BMW. Contaría asimismo en la balanza la financiera RCI Banque, un negocio que los italoamericanos alaban como «bien establecido y rentable».

Según cálculos de FCA, la unión con Renault permitiría unas sinergias de 5.000 millones de euros al año.