Cuando el primer coche eléctrico llegó a la Luna

La idea del coche eléctrico y la tecnología hibrida no es una inquietud reciente. Hace más de un siglo echó a andar el primer automóvil de estas características y, de paso, también el 4x4

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El primer coche que circuló fuera de la Tierra y llegó a la Luna a bordo de la nave Apolo 15 el 31 de julio de 1971 fue el LRV001 (Lunar Roving Vehicle), una reproducción se expuso en el Salón Internacional del Automóvil de 1977. Un año después, EN 1972, la misión Apollo 16 se llevó otro vehículo a la Luna. No eran unos coches cualquiera, El LRV era un vehículo muy funcional, eléctrico 100%, impulsado por cuatro rotores, uno en cada rueda, siguiendo los principios del vehículo eléctrico Lonher - Porsche diseñado tres cuartos de siglo antes, en 1899. Nunca antes unos vehículos conducido por el hombre había ido tan lejos.

Cincuenta años después de aquella aventura espacial, la presencia del coche eléctricoparece una prioridad en la movilidad urbana. Como hace más de un siglo, el principio de Lonher sigue vigente. La propuesta más contemporánea similar en configuración, pesos y tamaños al LRV ha sido el Renault Twizy (Salón de Frankfurt 2009). Con este urban car biplaza 100% eléctrico y de marcada personalidad comenzó la era moderna de la e-mobility en nuestras calles y fue ganando conciencias la filosofía Smart City, en la que el vehículo eléctrico (VE) tiene un rol dominante en un transporte urbano más limpio. La constatación del cambio climático y los episodios de contaminación de mayor frecuencia e intensidad de las grandes conurbaciones han desembocado en políticas globales cada vez más restrictivas sobre las emisiones de los vehículos y en nuevos enfoques, usos y costumbres de movilidad colectiva.

La idea del coche eléctrico se remonta a los alrededores de 1839, cuando el escocés Robert Anderson inventó el primer vehículo eléctrico. Con posterioridad hubo otras invenciones bien documentadas, como el ciclomotor del austríaco Frank Kravogl (Exposición Mundial de Paris, 1867) o el triciclo de Gustave Pierre Trouvé (1881), un ingeniero francés muy reputado en la época por sus innovaciones en el campo de la electricidad. Este vehículo, un triciclo Stanley equipado con un motor eléctrico Siemens dotado de un acumulador de energía de su propia invención, es considerado por muchos entendidos como el primer vehículo eléctrico de la historia del automóvil al superar con éxito diversos recorridos por las calles de Paris en abril de 1881.

En España también hubo intentos tempranos; los estudiosos sitúan el carruaje La Quadra (1899), del valenciano Emilio de La Quadra Albiol, como el precedente. Ese mismo año, en plena efervescencia de la energía eléctrica y de los retos por mejorar prestaciones y batir récords, llegó el Jamais Contente, primero en superar la barrera de los 100 km/h. Obra del ingeniero belga Constant Jenatzy, este vehículo con forma de torpedo estaba propulsado por dos motores eléctricos de unos 50 KW -unos 67 CV de potencia) acoplados en los bujes de las ruedas traseras y provistos de acumuladores/baterías Fulmen. Para los curiosos, el Jamais Contente puede verse en el Museé de l’Automóbile de Compiegne (Francia).

Los primeros automóviles eléctricos prácticos se consiguieron con el traspaso de siglo. Las mejoras se sucedían a la velocidad de la luz. El Lonher-Porsche sería uno de los más avanzados, dando pie incluso al nacimiento del primer vehículo híbrido y, además, 4x4 en su versión de 4 rotores. Contaba con un motor eléctrico en cada rueda alimentado por baterías y combinaba la propulsión con un motor térmico (gasolina).

Los motores de explosión

El interés por los coches eléctricos continuaría un par de décadas más hasta que se vieron superados en prestaciones, costes y, sobre todo, en autonomía -red viaria en aumento, mayores posibilidades de desplazamiento- por los automóviles con motores de explosión.

La crisis del petróleo de 1973 avivó algunas voces de expertos y organismos independientes apostando por energías alternativas al petróleo. Aunque los reclamos fueran vistos más como una cuestión estratégica, de no dependencia energética, que como un convencimiento ecológico, indujeron acciones a favor de una movilidad más sostenible. Programas como el Electric and Hybrid Vehicle Research (1976) de las autoridades federales de EEUU fueron un paso en esa dirección. Las Big Three (GM-Fordy Chrysler), entonces volcadas en la mejora del rendimiento de los motores térmicos, recogieron con desigual interés el desafío, siendo finalmente Toyota quien asumía el liderazgo en la investigación. Veinte años después recogería los frutos con el lanzamiento (1997) del Prius, primer hibrido comercializado a escala mundial.

Retornando al repaso histórico, el reencuentro masivo del consumidor con el coche eléctrico o provisto de tecnología híbrida tardaría tres lustros aún en llegar, cuando las autoridades de California (EEUU) alarmadas por el smog de las megápolis -Los Ángeles, en particular- activaron un conjunto de medidas a favor de los coches de bajas emisiones. El programa CARB – Zero Emission Vehicle (ZEV), de 1990, obligaba a las marcas a producir y comercializar cuotas de modelos de cero emisiones.

En el Viejo Continente, la sensibilidad por un transporte personal más sostenible lo lideran en la actualidad los países escandinavos, siendo Noruega el adalid de la electrificación del parque móvil. Los compromisos políticos de su gobierno (prohibición de comercialización de vehículos diésel y gasolina a partir de 2025) y unas generosas bonificaciones fiscales, además de ventajas en la circulación diaria para los usuarios de vehículos eléctricos, explican que el 75% de nuevas matriculaciones correspondan a vehículos eléctricos puros o híbridos en cualquiera de sus modalidades (hibrido, hibrido enchufable o de autonomía extendida).

En este contexto de sensibilidad medioambiental generalizado que arranca compromisos políticos y protocolos anticontaminantes más severos, la industria se ha visto forzada a añadir una nueva mirada estratégica en sus planes de futuro si quiere ver sus coches transitando por las calles de cualquier ciudad. En España, por ejemplo, a través de la DGT, se ha creado la Etiqueta Azul o Cero Emisiones que distingue la tipología de coches que podrán circular sin restricciones. Este distintivo es únicamente accesible a los vehículos eléctricos puros (BEV), eléctricos de autonomía extendida, híbridos enchufables (PHEV) y vehículos de pila de combustible (fuel-cell). Con esta previsión de futuro, la edición del Automobile Barcelona 2019 –del 11 al 19- será una gran oportunidad para conocer los últimos avances en el sector y evaluar la propuesta que más adecuada a las necesidades del comprador.