Cómo se comportan en nieve las cadenas frente a los neumáticos de invierno

Los neumáticos de invierno son unos grandes desconocidos en nuestro país, donde apenas suponen el 5% de las ventas, pese a que un alto procentaje de conductores no sabe cómo se ponen las cadenas

MADRID Actualizado: Guardar
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Ante la muy alta probabilidad de lluvia o nieve, y en su defecto, presencia de hielo sobre la carretera, el neumático de invierno te proporcionará mayor tracción, reducción del riesgo de aquaplaning respecto a los neumáticos normales. Sin embargo, su presencia en España no es muy habitual.

Cuando la nieve hace acto de presencia se prefiere optar por las cadenas, tanto metálicas com de tela, pese a lo engorroso que puede resultar ponerlas, y teneindo en cuenta que los neumáticos invernales pueden dar menor resultado en condiciones complicadas, demostrado ser más eficaces, versátiles y confortables que las cadenas, y mucho más seguras que las gomas de verano en condiciones de frío y baja adherencia.

A una velocidad de 50 kilómetros por hora en una calzada con nieve, la distancia de frenado es 31 metros menor con ruedas de invierno. En mojado, y a 80 por hora, la distancia es 6 metros inferior que con neumáticos convencionales, según datos de la Comisión de Fabricantes de Neumáticos, organizadora de la prueba. Incluso en un firme seco, cuando la temperatura es inferior a siete grados sobre cero, el comportamiento de estos neumáticos es muy superior.

«El caucho de los neumáticos es sensible a la temperatura. Cuando hace frío, las cubiertas de verano se endurecen y pierden adherencia», explica José Luis Rodríguez, director del Consorcio del Caucho, una institución dependiente de la Comisión de Fabricantes de Neumáticos, que agrupa a fabricantes como Bridgestone, Continental, Michelin y Pirelli. Para distinguirlos, los neumáticos de invierno incorporan el marcaje «M+S» y un pictograma que representa una montaña de tres picos con las siglas 3PMSF. Aunque algunos muestran solo el primero de ellos, o solo las siglas MS o M&S, solamente los neumáticos con ambos logotipos han sido homologados como tales.

Este tipo de neumático, cuyo precio parte de los 60 euros y ronda los 100 para las medidas más utilizadas, está mucho mejor preparado para las bajas temperaturas gracias a la diferente composición de su goma, más blanda y flexible, y cargada en sílice. Además, su banda de rodadura tiene un dibujo más profundo, y tienen una cantidad mucho mayor de laminillas -entre seis y ocho veces más- en los tacos para asegurar el agarre. Unas características que, no obstante, penalizan su uso con temperaturas altas, ya que consumen ligeramente más y son más sonoros.

La diferencia fundamental, sin embargo, queda clara cuando neumáticos de invierno y cadenas se enfrentan en igualdad de condiciones. En un terreno extremo, como la pista de Snow Zone -cubierta con 60 centímetros de nieve en polvo, cuando lo habitual es que el firme esté, como mucho, a diez centímetros-, los neumáticos de invierno mostraron un agarre excepcional, tanto con tracción delantera como total (aunque mucho mejor con esta última, cuando permiten un manejo del coche realmente muy similar a una conducción normal). Frente a ellos, un mismo vehículo (Nissan X-Trail) equipado con cadenas se comportó de manera más ruidosa e inestable, y tuvo que ser manejado a una velocidad mucho menor -ya que el límite con este equipamiento incorporado es de 50 kilómetros por hora.

«Lo agradeces en seguridad cuando tienes un problema, y poner las cadenas es un infierno cuando hace frío, está helando y hay nieve en el paso de rueda», explica el instructor Alberto Casabella. Las cadenas son una solución de emergencia, con el inconveniente de que el conductor debe ajustarlas -manualmente en las ruedas motrices antes de afrontar un terreno helado o nevado. También debe retirarlas inmediatamente después para no dañar el vehículo, el neumático y la propia carretera. «Hace falta un cambio de cultura, acostumbrarnos a cambiar de neumáticos con el cambio de estación», certifica Casabella.