Por qué circular a 70 no reduce la contaminación

Los motores diésel o de gasolina consumen prácticamente igual entre 60 y 90 kilómetros por hora

MADRIDActualizado:

Los índices de contaminación registrados en Madrid en los últimos días ha llevado a los responsables municipales a limitar la velocidad en la M-30 y en las vías de acceso a la ciudad en el interior de la M-40, en ambos sentidos, a 70 kilómetros por hora.

Una medida que se ha cuestionado por numerosos estudios y asociaciones de conductores, que dudan de si realmente un coche que circula a 70 km/h contamina menos que circulando a 90.

Así, desde la consultora Pyramid Consulting aseguran que la diferencia de consumo cuando se circula a 70 y a 90 no es relevante ya que los datos de consumo y emisiones a distintas velocidades revelan que los turismos, estén equipados con motores diesel o propulsores de gasolina, consumen prácticamente igual entre 60 y 90 kilómetros por hora.

Según el Estudio sobre la gestión variable de la velocidad en las vías de acceso a las áreas urbanas, realizado por el Grupo de Investigación en Ingeniería de Carreteras, Instituto del Transporte y Territorio (Departamento de Transportes, Universidad Politécnica de Valencia) para la Cámara de Comercio de Barcelona, las emisiones de contaminantes locales presentan «patrones parecidos en función de la velocidad, pero en todos los casos las mejoras técnicas de los vehículos se han traducido en una reducción significativa de las emisiones». Este estudio recoge que estas emisiones presentan muy poca sensibilidad a la variación de velocidad entre 60 y 90 km/h, aún más manifiesta en los nuevos modelos de vehículos, tanto de gasolina como diésel.

Las emisiones de óxidos de nitrógeno sí aumentan significativamente con la velocidad en los vehículos de tecnología anterior a Euro 1. En el caso de los vehículos más modernos, el rango de velocidades para el que las emisiones presentan poca sensibilidad a la variación es mucho mayor.

Según han explicado a ABC.es los expertos de la consultora PONS Seguridad Vial, los vehículos son más sensibles a la aceleración que a la velocidad media, por lo que tanto el consumo como las emisiones contaminantes «se incrementan si conducimos de manera agresiva, dando acelerones y frenazos, o cada vez que paramos y arrancamos en un semáforo». Según sus datos, existen gran cantidad de «pequeños factores» que sumados harían que nuestros vehículos consumiesen bastante menos, y por lo tanto, «también contaminasen menos».

Uno de los ejemplos es la presión de los neumáticos. «Una presión incorrecta puede hacer que el consumo de nuestro coche aumente en un 3%, y la realidad es que 7 de cada 10 conductores conduce con la presión incorrecta». Está demostrado que, debido a las características del caucho - que es un material poroso - en un mes «podemos llegar a perder 1 kilo de presión». Y otra de las realidades es que normalmente solo revisamos la presión cuando nos disponemos a hacer un viaje en vacaciones.

Desde PONS seguridad Vial también destacan la influencia en la contaminación de llevar un motor mal regulado, cada vez más habitual debido a las consecuencias de la crisis económica. «Algo tan simple como un filtro de aire en mal estado puede hacer que estemos gastando hasta 5 euros de más en cada depósito», aseguran.

Los vehículos alcanzan su máximo consumo en primer lugar a velocidades cortas y por encima de los 90 kilómetros por hora. Entre 60 y 90 la curva consumo-velocidad es muy plana, sin apenas diferencias en los registros de consumo, que varían según la utilización más o menos adecuada del cambio de marchas para mantener las revoluciones en su nivel óptimo.

Esto quiere decir, además, dos vehículos diferentes pueden responder de manera también diferente en sus niveles de consumo, a la hora de establecer este límite. Por lo tanto realizar un recorrido a 70 kilómetros por hora puede obligarnos a tener que reducir la marcha para que el coche no se «ahogue» y, en consecuencia, aumentaremos las revoluciones del motor. Esto a su vez provocará un aumento del consumo, y en consecuencia, de las emisiones.

El consumo va directamente relacionado con las revoluciones. Así, si el motor es de gasolina deberá oscilar entre las 2.000 y las 2.500 rpm. En el caso de los diesel, la horquilla será entre 1.500 y 2.000 rpm. Si queremos lograr el menor consumo, más allá de establecer el límite de 70 kilómetros por hora, habría que intentar circular lo máximo posible en marchas largas y a bajas revoluciones.

Así, en ciudad deberemos circular, siempre que sea posible, en cuarta o quinta marcha. Igualmente importante es mantener, en la medida de la posible, la velocidad de forma uniforme, evitando frenazos, acelerones y cambios de marcha innecesarios.