Cuándo es ético entrevistar a un sátrapa
Bashar Al Assad, durante la entrevista en la CBS - afp

Cuándo es ético entrevistar a un sátrapa

Los expertos coinciden en que cada caso es diferente: oscilan entre el interés público y unas posibles consecuencias negativas

isabel miranda
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«¿Cuándo es el buen periodismo? Pues cuando es una cosa caliente, que además es controvertida, que además es opinable». Así se manifiesta Fernando González Urbaneja, miembro de la comisión Deontológica de la FAPE. ¿La razón? La entrevista que Charlie Rose, de la CBS, le hizo a Bashar Al Assad con medio mundo pendiente del ataque con armas químicas en Siria y de una posible intervención militar en el país.

La entrevista al dictador sirio tenía mucho de jugoso para cualquier periodista, pero también implicaba muchos riesgos. Al Assad reiteró entonces —el 8 de septiembre— que ni existían pruebas del ataque con armas químicas —algo que el informe de la ONU ya considera probado— ni su régimen había tenido nada que ver. Argumentó por qué EE.UU. no sacaría nada bueno de una intervención militar y amenazó con que, si eso ocurriera, podían esperar de Siria cualquier tipo de acción. Mensajes que, sin duda, Al Assad quería en las casas de los estadounidenses a primera hora del día.

«Se presupone una intención de manipulación por parte del entrevistado, pero el periodista debe ser hábil con las preguntas», dice González Urbaneja. Porque si Al Assad te concede una entrevista «tendrás que decir que sí, si las condiciones son aceptables».

«El problema es que no existe una regla de cálculo»Lo que determina cuándo, por encima de la polémica, es legítimo entrevistar a dictadores, criminales o personas «al filo de la ley» es el interés público. En el caso concreto de Al Assad, Elena Real, doctora en Ciencias de la Información y profesora de Ética y Deontología profesional en la UCM, cree que existía. «Si Al Assad da una entrevista y agradece la alternativa que ha dado Rusia… aunque sea un dictador, es un dato que todos deberíamos conocer a pesar de que luego no sepamos si todo lo que ha dicho se ajustará a verdad o no. El periodista está cumpliendo con su deber de trasladar información de interés general a la comunidad internacional».

También coincide Elsa González, presidenta de la FAPE. «En este caso concreto no lo veo mal. El medio ha actuado intentando ir más allá, buscando los “por qués”, la información y atendiendo al interés público de la noticia».

«Es legítimo siempre que no sea para dejarse manipular o contribuir al elogio del crimen», asegura González Urbaneja. Ni cuando contribuya a fomentar el odio. El problema, cuenta el experto, es que no hay una «regla de cálculo» que mida hasta dónde está bien y a partir de dónde está mal hacer este tipo de entrevistas. Por eso, explica, el periodista siempre asume un riesgo.

Límites y condiciones

La presidenta de la FAPE también lo tiene claro. «Un mismo hecho, con unos flecos de un lado o de otro pueden resultar hacer mucho daño o pueden resultar de cierta utilidad. Y es muy difícil hacerlo bien».

Para ello, el medio tiene que analizar y sopesar las consecuencias que pueden surgir de ese tipo de entrevistas. Sobre todo, los «pros y contras», dice Elsa González: si lo que se va a conseguir es de interés público o sólo va a servir para difundir consignas en contra de los derechos. «Los periodistas no se pueden convertir en meros altavoces de las consignas de un dictador», explica.

De hecho, explica González Urbaneja, si se realiza una entrevista a Al Assad para que simplemente diga que nunca ha tenido armas químicas ni ha matado a nadie, entonces sólo se trataría de hacer propaganda. «Se estaría vulnerando el deber de informar al público de aquello que tiene interés y de llevarlo a cabo con una diligente búsqueda de la verdad».

Por su parte, Real cree que pensar en las consecuencias de la entrevista es fundamental. «Los medios de comunicación muchas veces piensan en la primicia, pero no es sólo eso», explica. Hay que valorar el derecho a la información de los ciudadanos y ver con qué otros derechos puede entrar en colisión esa información. De hecho, habría casos en los que la entrevista no estaría justificada. Un ejemplo muy claro: las protagonizadas por terroristas. «Cuando la visión que conlleva es contraria a un Estado de Derecho, a las personas o a la Democracia, ahí el periodista estaría más bien haciendo apología, secundando una entrevista que no tiene ni el más mínimo interés y que solo es de interés para los terroristas», cuenta Real.

No obstante, los tres expertos señalan que cada caso y objeto de información es distinto. «Las entrevistas a los delincuentes tienen su lidia y hay que lidiarlos de forma distinta», cuenta Urbaneja, «pero esto es lo que hace grande esta profesión. Cada caso tiene su tratamiento y el buen periodista corre sus riesgos y, si se equivoca, rectifica».