Los rincones y curiosidades del Teatro Español
Vista del Teatro Español desde uno de los palcos del segundo piso - jaime garcia

Los rincones y curiosidades del Teatro Español

ABC recorre el edificio del teatro, que lleva más de cuatrocientos años de actividad

julio bravo
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ABC recorre el edificio del teatro, que lleva más de cuatrocientos años de actividad

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  1. Desde los palcos del segundo piso

    Vista del Teatro Español desde uno de los palcos del segundo piso
    Vista del Teatro Español desde uno de los palcos del segundo piso - jaime garcía

    En el número 25 de la calle del Príncipe se yergue el Teatro Español. Ha sufrido tranformaciones, ha padecido incendios, ha vivido mil y un cambios, pero siempre, desde hace más de cuatrocientos años, en aquel lugar se ha hecho teatro. Desde que el 9 de febrero de 1582 las cofradías de la Sagrada Pasión y de Nuestra Señora de la Soledad adquirieran el Corral del Príncipe y, apenas siete meses después –el 21 de septiembre– se ofreciera la primera representación, esa ha sido la única actividad del teatro. En 1638 pasó a ser propiedad del Ayuntamiento de Madrid, y así ha sido desde entonces (salvo en el período comprendido entre 1939 y 1981, en que dependió del Ministerio de Información y Turismo). Su denominación de Teatro Español data de 1847.

    Desde su creación, el teatro ha vivido una historia muy ajetreada. En 1735 se derribó el Corral y se decidió construir un coliseo, obra de Juan Bautista Sachetti y Ventura Rodriguez. Un gran incendio lo destruyó en 1802. Juan de Villanueva se encargó de su reconstrucción cinco años después, pero de nuevo el fuego lo destruyó casi completamente en 1975, aunque se restauró de nuevo en 1980 –Lucio Oñoro fue el responsable–, respetando el trabajo de Villanueva. A lo largo de los siglos, las reformas han sido contínuas.

  2. El ascensor del Rey

    Ascensor exclusivo para el uso del Rey Alfonso XII, que tenía su propio palco en el Teatro Español
    Ascensor exclusivo para el uso del Rey Alfonso XII, que tenía su propio palco en el Teatro Español - Jaime garcía

    Tal vez sus arquitectos sean alguno de los fantasmas que, aseguran los empleados del Español, habitan por allí –como no podía ser menos en un teatro con su historia–. Estas y otras curiosidades de este teatro se cuentan en las visitas guiadas que se llevan a cabo en el teatro, y que recorren los muchos rincones del teatro.

    El dorado y el rojo («se eligió este color por su calidez, da una sensación térmica de calor») dominan el teatro, que tiene un aforo de 735 localidades, distribuido en tres pisos. Preside la sala una gran lámpara de cristal (de 2,7 x 2 metros) con cincuenta luces. Es una réplica, ya que en el incendio de 1975 se destruyó. En su origen era una lámpara de aceite (que se mezclaba con otros productos para que los empleados de la alimentación no se lo llevaran), y que bajaba y subía para su encendido, a menudo con el público presente y recibiendo goterones de aceite en su traje (lamparones).

    Dos palcos del primer piso, gemelos y uno enfrente del otro, sobre el proscenio, estaban reservados (hoy no se usan) al Rey (a la derecha de los espectadores) y al Alcalde (a la izquierda). Se distinguen por sus escudos.

    En 1929, se instaló en el teatro un ascensor para uso exclusivo del Rey Alfonso XII, que tenía junto a su palco un salón privado contiguo donde poder estar durante los entreactos. Al ascensor se accedía desde la entrada de la calle Prado, hoy clausurada. En el palco, distinguido con un escudo de España, hay una puerta, igualmente inutilizada y tapiada y  que, según la leyenda, llevaba directamente al camerino de la primera actriz

  3. Los espejos

    En los palcos proscenios se colocaron espejos para que el público pudiera ver quién estaba en la sala
    En los palcos proscenios se colocaron espejos para que el público pudiera ver quién estaba en la sala - jaime garcía

    En el último piso, rozando el techo, se sitúaba la claque, que no pagaba la entrada a cambio de aplaudir a rabiar cada espectáculo. Hoy ese lugar es feudo de los técnicos y está ocupado por los focos.

    En el primer piso estaba, originariamente, la cazuela de las mujeres, una zona situada frente al escenario y donde se apiñaba el público femenino, que accedía por la entrada de la calle del Prado; –había, incluso, un «apretador», cuya única función era empujar a las mujeres para que cupiesen más. Debajo se situaban los alojeros, que vendían agua, fruta y aloja (bebida hecha con agua, miel y especias).

    Los espejos se situaron en los palcos proscenios para que el público pudiera ver –cotillear– quién estaba en la sala.

  4. Un reloj que fue montaplatos

    El reloj del salón de té, que disimulaba un montaplatos en su interior
    El reloj del salón de té, que disimulaba un montaplatos en su interior - jaime garcía

    El salón de te fue en tiempos cafetería, y el montaplatos se disimuló en el interior de este reloj de péndulo.

  5. La sala «de los curillas»

    Ventanas de la llamada «sala de los curillas»
    Ventanas de la llamada «sala de los curillas» - jaime garcía

    Llamada al principio «balconcillo de los frailes», un grupo de frailes seguía a través de esas claraboyas, sin ser vistos, las funciones. Más tarde fue utilizada por los censores.

    En la parte superior del patio de butacas se distinguen aún esas cuatro ventanillas, desde las que algunos curas veían los espectáculos sin ser vistos (algunos no eran demasiado adecuados). Contaba Ricardo Sepúlveda que detrás de esas claraboyas estaba el balconcillo de los frailes, «donde unos frailes amigos del conserje del teatro asistían a las representaciones mientras tomaban una taza de chocolate con bizcochos».

  6. La sala del alcalde

    Sala del alcalde, en el Teatro Español
    Sala del alcalde, en el Teatro Español - víctor lerena

    El Teatro Español está lleno de historia y de historias:en el Parnasillo (donde instaló su despacho el último director, Natalio Grueso) se reunían a principio de siglo los dramaturgos de la época y descansa un piano en el que cuentan que tocó Federico García Lorca mientras la Argentinita cantaba sus canciones populares; los camerinos (hay setenta) llevan cada uno el nombre de un autor vinculado al teatro; el salón Tirso de Molina estaba preparado para que la primera actriz recibiera a sus familiares. Y había una sala del alcalde, que utilizaba el regidor de la capital cuando acudía a una representación.

  7. Salón de Té

    La sala de te del Teatro Español
    La sala de te del Teatro Español - víctor lerena

    En el Salón de Té, situado en el segundo piso, encima de la cafetería, se pueden ver en las esquinas del techo unos respiraderos, a través de los cuales se podían seguir las representaciones.