Los tesoros medievales de Madrid
Elementos singulares de la Capilla del Obispo de Madrid - abc
HISTORIA

Los tesoros medievales de Madrid

La capital conserva buena parte del legado arquitectónico construido desde sus orígenes árabes a la Reconquista pasando por su expansión como ciudad a finales del siglo XV

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La capital conserva buena parte del legado arquitectónico construido desde sus orígenes árabes a la Reconquista pasando por su expansión como ciudad a finales del siglo XV

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  1. Capilla del Obispo

    Elementos singulares de la Capilla del Obispo de Madrid
    Elementos singulares de la Capilla del Obispo de Madrid - abc

    La Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja, está declarada Monumento Nacional desde 1931 y constituye la muestra más importante del Renacimiento madrileño por su extraordinaria riqueza artística. Levantada junto a la desaparecida iglesia medieval de San Andrés, la capilla se construyó entre 1518 y 1535 como recinto funerario para albergar los restos de San Isidro, sin canonizar todavía. Cuando las reliquias del santo fueron trasladadas a otro emplazamiento, el lugar se convirtió en el panteón de los Vargas y la capilla debe su nombre a que en ella permanece enterrado el obispo Carvajal, miembro de la poderosa familia.

    Con una nave central nervada, en tres tramos, y bóveda estrellada, la estructura de la capilla marca la transición del gótico al Renacimiento, pero algunos de sus elementos, como la puerta y el retablo, son ya obras maestras del estilo renacentista. La puerta de acceso a la capilla, desde un pequeño claustro, consta de dos batientes ilustrados con pasajes bíblicos y es uno de los más logrados ejemplos de talla renacentista en madera.

    El retablo –obra de Francisco Giralte, discípulo de Berruguete–, ofrece también un valor excepcional; presenta tres cuerpos y tres calles en los que se recrean escenas del Nacimiento y Pasión de Jesús, entre figuras de santos y apóstoles. Los sepulcros son asimismo obra de Giralte.

  2. Casa de Cisneros

    Casa de Cisneros en la Plaza de la Villa de Madrid
    Casa de Cisneros en la Plaza de la Villa de Madrid - abc

    Esta casa-palacio de estilo plateresco es una de las edificaciones que conforman el perímetro de la plaza de la Villa y debe su nombre a que fue construida en 1537 a instancias de un sobrino del célebre cardenal Cisneros. El edificio conserva la distribución primitiva en torno a un patio central y ciertos componentes originales; es el caso de los artesonados de los salones de Tapices y Comisiones, y de algunos elementos de la fachada a la calle Sacramento, pero su fisonomía actual se debe sustancialmente a la importante reforma que afectó a principios del siglo XX a toda la plaza de la Villa.

    Esta restauración de la casa-palacio fue dirigida por el arquitecto Luis Bellido y con ella desaparecieron los revocos decimonónicos, devolviendo a la luz las primitivas texturas de cantería y ladrillos; en el curso de la rehabilitación se construyó también el pasadizo elevado que comunica la Casa de Cisneros con la aledaña Casa de la Villa, antigua sede del Ayuntamiento de Madrid. La última gran reforma, a cargo de Felipe Trigo, se realizó en 1944 y afectó fundamentalmente a la decoración. Recientemente se han restaurado las vidrieras del Patio de Cristales.

    Entre otras cosas, la Casa de Cisneros fue en tiempos prisión de Antonio Pérez, secretario de Felipe II. Resalta por su importancia el gran salón de Tapices, donde se reúne una colección de excepcional calidad en la que destacan los tapices del siglo XV que el Ayuntamiento compró en 1945 a la catedral de Zamora.

  3. Casa de las Siete Chimeneas

    Casa de las Siete Chimeneas en la Plaza del Rey de Madrid
    Casa de las Siete Chimeneas en la Plaza del Rey de Madrid - abc

    La Casa de las Siete Chimeneas, en la plaza del Rey, fue construida por Antonio Sillero en 1574, lo que, tras las casas de los Lujanes y de Cisneros, la convierte en uno de los edificios civiles más antiguos de Madrid. A lo largo de su historia el edificio ha experimentado múltiples reformas y ampliaciones que han supuesto modificaciones sustanciales en su estructura. De hecho, el cuerpo en forma de «L» en el que se abre la puerta principal es un añadido posterior, ya que la casa-palacio original corresponde sólo al cuerpo de planta rectangular con el tejado a dos aguas sobre el que se conservan las siete chimeneas que dan nombre al edificio; alineadas en el mismo plano de la fachada, a la moda flamenca, las chimeneas constituyen uno de los elementos más significativos del palacete.

    En cuanto a su fachada, simétrica y plana, puede decirse que ejemplifica la sobria elegancia propia de la arquitectura renacentista. Hasta el siglo XIX, los sucesivos propietarios alquilaron el inmueble a inquilinos ilustres, por lo que la relación de personajes que lo han ocupado es notable; allí residía por ejemplo el marqués de Esquilache, ministro de Carlos III, cuando estalló en 1776 el sonado motín que lleva su nombre. Posteriormente la Casa de las Siete Chimeneas albergó entidades bancarias, sufriendo una remodelación absoluta de sus interiores.

  4. Casa y Torre de los Lujanes

    Casa y Torre de los Lujanes de la Plaza de la Villa
    Casa y Torre de los Lujanes de la Plaza de la Villa - abc

    Ubicadas en la plaza de la Villa, la Casa y Torre de los Lujanes es una casa-palacio de finales del siglo XV, que constituye una de las escasas muestras arquitectónicas del Madrid de aquel tiempo que han subsistido hasta nuestros días. La planta es de forma irregular y se distribuye en torno a un gran patio central. En la fachada de la casa, de estilo gótico, se puede contemplar el escudo de sus antiguos propietarios, la familia Luján.

    La torre, con aparejo mixto de mampostería y ladrillo, es sin duda uno de los elementos más característicos de la plaza de la Villa; presenta una puerta lateral con arco de herradura apuntado que da a la calle del Codo y en época de Fernando VII fue elegida por su altura para instalar sobre ella un telégrafo óptico. Una tradición no documentada asegura que en 1525 el palacete fue cárcel provisional de rey francés Francisco I tras su derrota en la batalla de Pavía.El edificio ha experimentado abundantes reformas.

    La restauración a la que se sometió entre 1910 y 1912 –a cargo del arquitecto Luis Bellido y que fue común a toda la plaza de la Villa–, devolvió a la Casa y Torre de los Lujanes su aspecto original, eliminando el revoco y las almenas «postizas» con que habían sido adornadas en el siglo anterior. Su interior acoge en la actualidad las sedes de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País.

  5. Ermita de San Isidro

    Ermita de San Isidro de Madrid
    Ermita de San Isidro de Madrid - abc

    En 1528 la emperatriz Isabel, esposa de Carlos I, hace erigir una ermita en honor de San Isidro a las afueras de Madrid, al otro lado del río Manzanares. En el lugar elegido, según la tradición, el futuro santo Labrador –que había vivido en el siglo XII y no fue canonizado hasta 1622–, hizo surgir una fuente milagrosa, golpeando una peña mientras trabajaba los campos de su señor, Iván de Vargas.

    La sencilla iglesia que conocemos hoy –en el actual paseo de la Ermita del Santo–, fue reedificada en 1725 sobre las ruinas de la construcción primitiva y presenta una única nave con cúpula y linterna. Detrás de la ermita, en el llamado cerro de San Isidro, se asentó en 1811 el Cementerio Sacramental de San Isidro.Las bulliciosas romerías con las que cada 15 de mayo se celebra la fiesta de San Isidro, patrono de Madrid, están documentadas desde 1575 y fueron maravillosamente plasmadas por Goya.

  6. Iglesia de San Nicolás de los Servitas

    Iglesia de San Nicolás de los Servitas
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    Situada en la plaza de San Nicolás y declarada Monumento Nacional en 1931, la iglesia de San Nicolás de los Servitas es la más antigua de Madrid. Conserva una bella torre mudéjar del siglo XII, construida en ladrillo, que constituye sin duda uno de los más valiosos legados del Madrid medieval. La torre, que bien pudo ser el minarete árabe original de alguna antigua mezquita, es de planta cuadrada y presenta tres filas de arcos ciegos de herradura; el campanario superior y el rotundo chapitel de pizarra que lo remata se añadieron ya en el siglo XVI.

    La construcción de la iglesia que sustenta la torre está fechada en el siglo XV; de una sola nave, mantiene una bóveda gótica central que convive en el interior del templo con el único modelo de albañilería y decoración mudéjar que existe en Madrid; así, los arcos de herradura, las armaduras y las yeserías mudéjares –restos quizá de la antigua mezquita que ocupó el emplazamiento–, se combinan con las típicas nervaduras góticas.

    La iglesia, que durante la guerra de la Independencia fue cuartel de las tropas francesas, ha experimentado diversas restauraciones, la más importante de ellas tras la guerra civil. Entre las riquezas del templo destacan sus libros de archivo, en los que se recogen partidas de nacimientos, matrimonios y defunciones que se remontan hasta el siglo XV.

  7. San Pedro el Real

    Iglesia de San Pedro el Real, también conocida como San Pedro el Viejo
    Iglesia de San Pedro el Real, también conocida como San Pedro el Viejo - abc

    La pequeña iglesia de San Pedro el Real se ubica en la calle del Nuncio y fue mandada construir en el siglo XIV por Alfonso XI, en recuerdo de la victoria obtenida en la batalla de Algeciras de 1344. Como elemento de principal interés San Pedro el Real conserva una esbelta torre mudéjar que es de las más antiguas de Madrid –tras la de la iglesia de San Nicolás de los Servitas–, y que podría tratarse del minarete reutilizado de una mezquita anterior.

    En el siglo XVII el templo sufrió una reconstrucción al gusto de la época, de la que sólo se salvaron algunos elementos de la edificación medieval, entre ellos la torre y la nave central, con su cabecera gótica nervada del siglo XV. A los pies de la torre, en la fachada sur, se conserva asimismo una portada renacentista. El templo, que fue restaurado en 1980 y cuenta con un retablo mayor churrigueresco, da cobijo además a la imagen de Jesús el Pobre, uno de los grandes protagonistas en las procesiones de la Semana Santa madrileña.

  8. Iglesia del Cementerio de Carabanchel

    Iglesia de Santa María la Antigua del cementerio de Carabanchel
    Iglesia de Santa María la Antigua del cementerio de Carabanchel - abc

    La iglesia del cementerio de Carabanchel, ubicada en el camino del Cementerio y también conocida como ermita de Santa María la Antigua, fue contemporánea posiblemente de los dos más antiguos templos de la capital, es decir, los de San Nicolás de los Servitas y San Pedro el Real.

    Podría datarse pues entre los siglos XIII y XIV y es la única construcción de estilo mudéjar de Madrid que se conserva completa. Su planta, de una sola nave, ha sufrido múltiples alteraciones a lo largo del tiempo, pero mantiene elementos muy característicos, como el arco lobulado de su portada de ladrillo, y la torre, también de ladrillo y mampostería.

  9. Iglesia y convento de San Jerónimo el Real

    Iglesia de San Jerónimo el Real, conocido popularmente como los Jerónimos
    Iglesia de San Jerónimo el Real, conocido popularmente como los Jerónimos - abc

    El convento de San Jerónimo, en la calle de Ruiz de Alarcón, fue mandado construir a finales del siglo XV por los reyes Católicos en el paraje que se conocía como el Prado de Madrid, a las afueras de la ciudad. Junto al convento y su iglesia se construyó un palacio anexo, y el enclave –concluido en 1505–, se convirtió pronto en un lugar de retiro para los reyes y en escenario habitual de diversas ceremonias monárquicas. Posteriormente, cuando en el siglo XVII el viejo palacio original –que comunicaba con la iglesia–, fue reemplazado por el complejo palaciego del Buen Retiro, el templo conservó su calidad de capilla real.

    Lo que hoy conocemos popularmente por «los Jerónimos» constituye tan sólo un vestigio del gótico tardío propio del periodo en que se construyó el edificio primitivo, porque ha sufrido importantísimas transformaciones. De hecho, tras la guerra de la Independencia quedó prácticamente en ruinas, por lo que la iglesia actual es ante todo el producto de las restauraciones neogóticas que se afrontaron en el siglo XIX. Su significación como escenario de actos solemnes sí se ha mantenido hasta tiempos recientes.

    La escalinata exterior, por ejemplo, fue construida en 1905 para la boda de Alfonso XIII; allí tuvo lugar asimismo la ceremonia religiosa que inició el reinado de Juan Carlos I. El edificio fue declarado Monumento Nacional en 1925 y su interior alberga obras de notable interés artístico, como un monumento funerario de Benlliure y una escultura de Juan Pascual de Mena. Su claustro forma parte de la última ampliación del Museo del Prado

  10. Monasterio de las Descalzas Reales

    Fachada del monasterio de las Descalzas Reales
    Fachada del monasterio de las Descalzas Reales - abc

    En la plaza de su mismo nombre, el monasterio de las Descalzas Reales se funda a instancias de la infanta doña Juana, hermana de Felipe II, sobre el solar que ocupaba un primitivo palacio de los reyes de Castilla del que se conservan el zaguán, la puerta de acceso, el patio con columnas de granito y la traza de la escalera. La transformación del palacio en monasterio fue realizada entre 1559 y 1564 por Antonio Sillero, mientras que la portada renacentista de la iglesia fue proyectada durante el mismo periodo por Juan Bautista de Toledo.

    Debido quizá a su condición de fundación real, el monasterio quedó al margen de la desamortización de Mendizábal de 1836, lo que le permitió conservar íntegramente un patrimonio artístico sustentado durante siglos en la gran importancia de las Descalzas Reales. La infanta doña Juana fue su primera abadesa; tras ella, la nómina de las profesas de sangre real y de familias nobles es muy extensa. Hoy, tras la austeridad de su fachada, el monasterio ofrece una de las más valiosas colecciones de arte que pueden admirarse en Madrid, con pinturas de autores como Francisco Rizzi, Zurbarán, Claudio Coello y Tiziano.

    Entre los muchos elementos de interés podrían citarse los salones de Tapices y de Reyes, el llamado claustro bajo –reformado por Sabatini en el siglo XVIII–, o cualquiera de las capillas del claustro alto. Finalmente, hay que reseñar la espectacularidad de la escalera principal del monasterio, que asciende en dos tramos; su ornamentación, con los sobresalientes frescos que decoran techos y paredes, constituye una de las más valiosas muestras del barroco madrileño.

  11. Muralla árabe

    Muralla árabe de Madrid, detrás de la Catedral de la Almudena
    Muralla árabe de Madrid, detrás de la Catedral de la Almudena - abc

    Los restos de la primitiva muralla árabe que pueden admirarse en la Cuesta de la Vega nos transportan hasta los orígenes de Madrid, en el siglo IX, ya que formaron parte de su núcleo originario: la pequeña fortaleza que el emir de Córdoba, Mohamed I, mandó construir con fines defensivos sobre la atalaya que actualmente ocupan el Palacio Real y la catedral de la Almudena.

    En el siglo XII –tras ser conquistada por Alfonso VI de Castilla en 1083–, la ciudad fue protegida por una nueva muralla, ya cristiana, que amplió el recinto islámico inicial hasta una superficie superior a las 33 hectáreas. La primitiva muralla árabe contó a lo largo de su perímetro con tres puertas de acceso –de la Vega, de Santa María y de la Sagra–, y probablemente con almenas y un buen número de torres de planta cuadrada.

    El lienzo que se conserva en la Cuesta de la Vega, catalogado como Bien de Interés Cultural, permite apreciar que los muros de la fortificación musulmana estuvieron sólidamente construidos con cantería de sílex y piedra caliza. La muralla cristiana, por su parte, tuvo cinco puertas: de la Vega, de Guadalajara de Valnadú, de Moros y Cerrada. El pequeño resto de lienzo que ha perdurado en la actual calle del Almendro se hallaba entre estas dos últimas.

  12. Puente de Segovia

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    El de Segovia es el más antiguo de los puentes que cruzan sobre el cauce del río Manzanares. Se encuentra al final de la calle Segovia y fue construido entre 1582 y 1584 por Juan de Herrera –sustituyendo a un deteriorado puente anterior–, en lo que entonces era uno de los más importantes y concurridos accesos a Madrid, la nueva capital del reino desde 1561. El recio puente mide 148 metros de longitud, 9,2 metros de ancho y casi 13 metros de altura en la parte central. Se sustenta sobre nueve arcos de medio punto, apoyados sobre sillares de granito, y el antepecho que lo remata está decorado con las típicas bolas de piedra herrerianas.

    Las notables dimensiones del puente y su sólido aspecto, en comparación con la modestia del Manzanares –el «aprendiz de río»–, suscitaron en su momento los comentarios burlones de autores como Luis de Góngora y Lope de Vega, quien sugirió a las autoridades locales que vendieran el puente o que compraran un río.