Un camarero del restaurante Atalanta prepara cócteles ante la clientela
Un camarero del restaurante Atalanta prepara cócteles ante la clientela - óscar del pozo
el verano de madrid

Con la Gran Vía a nuestros pies

El local de Gula Gula, que cerró el año pasado, ya tiene un nuevo inquilino que ofrece cócteles y comida de autor

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El privilegiado espacio del número uno de la Gran Vía ha pasado casi un año vacío, pero desde este verano ya se puede volver a disfrutar de sus increíbles vistas gracias a Atalanta, un nuevo restaurante que además dispone de una divertida zona de barra con una apetecible carta non-stop y originales cócteles.

Su chef, Javier del Castillo, se formó en la escuela de Luis Irizar en San Sebastián, y ha pasado por varios restaurantes del País Vasco como Akelarre, Martín Berasategui o Zuberoa, además de por varios establecimientos franceses galardonados con estrella Michelin. A su vuelta del país galo trabajó con Santi Santamaría en el Racó de Can Fabes y con Dani López en Kokotxa, y ahora es él quien elabora en esta espectacular esquina de Gran Vía todo lo aprendido, añadiendo su toque personal para ofrecer «una cocina de mercado, mediterránea, realizada con producto nacional, mucho mimo y toques exóticos».

La gastronomía de Atalanta es «variada y original, pensada para que el comensal no se aburra y disfrute de platos que no come todos los días», como el foie casero con chutney de mango, la escalibada con tapenade trufado, las habitas salteadas con chipirones y manitas con un toque de menta fresca, la lasaña crujiente de setas y trufa con praliné de piñones, la lubina con puré de coliflor y vainilla, o el jarrete de cordero con puré de patata, por poner un ejemplo de cada sección de su carta, convenientemente señalada de alérgenos. Además hay un plato del día con pan, bebida y café por sólo 12,50 euros.

También se pueden tomar exquisitos y originales postres caseros como la tarta Sacher reinventada o la creme brulee de cereza negra. Dulces que, además, se pueden disfrutar a cualquier hora del día (a partir de las diez se sirven desayunos), incluso en la barra con un café.

Picoteo «deluxe»

Esta barra, acompañada de originales mesas altas y bajas, sofás y taburetes, es perfecta para el picoteo, con las croquetas de jamón, las alitas de pollo a la parrilla, los tartares, los ravioli crujientes de pato Pekín y el Hot Dog Especial Monster como tapas estrella.

La coctelería a cargo de la joven Natalia Felipe es variadísima, y también incluye smoothies de fruta natural y todo tipo de combinados con y sin alcohol (las copas tienen un precio de 7 euros, las Premium 10€, y los cócteles, con y sin alcohol, desde 7€).

El local, con maderas y plantas, tonos pastel en paredes y mobiliario y algo más eléctrico en la barra, es diáfano y acogedor, con mesas redondas y cómodos sofás desde los que contemplar el trasiego de la calle Alcalá, Gran Vía y Caballero de Gracia. Sin duda, un más que digno merecedor de este espacio emblemático del Edificio Grassy.