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La calle del Espejo, el bastión de la defensa musulmana que debe su nombre a un error de traducción

A medio camino entre el Palacio Real y la Puerta del Sol, en la vía se conservan restos de la segunda muralla de Madrid, construida en el siglo XII

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A medio camino entre el Palacio Real y la Puerta del Sol, a espaldas de la calle de la Escalinata, encontrará una estrecha y agradable vía, reliquia de la historia de Madrid, que debe su nombre a un error de traducción que se ha mantenido vigente e impasible durante siglos. El origen de la calle del Espejo, que nada tiene que ver con sus reflejos, remite a la época en la que los musulmanes ocupaban la ciudad.

Con el objetivo de avistar los posibles acercamientos del enemigo, cristiano en este caso, los moros edificaron diferentes atalayas en el perímetro construido de Mayrit, que entonces era el nombre de la hoy constituida como capital. Así, en la actual ubicación de la calle se levantó una de éstas gigantescas torres, que en latín se denominaban «specula». Igualmente, por este punto pasaron tanto la primera muralla de Madrid, del siglo IX, como la segunda, levantada en el XII y de la que todavía hoy se conserva una parte; un torreón semicircular sobre el que se ha trabajado posteriormente.

De vuelta a su nombre, la designación del Espejo obedece a una confusión entre «specula» y «speculum». Debido a la antigua posición de la atalaya, en la reconquista cristiana de Madrid se conservó el primer término latín para distinguir la zona, pero fue en la posterior traducción cuando se mezclaron los significados. Aunque espejo en latín es «speculum», un error en la fecha consideró que el significado era «specula», con el consiguiente bautizo de la calle, que quizá debiera llamarse calle de la Atalaya.