A la izquierda, operarios del Ayuntamiento renombrando la actual Gran Vía como Avenida de Rusia. A la derecha, rebautizada como «José Antonio» tras la Guerra Civil
A la izquierda, operarios del Ayuntamiento renombrando la actual Gran Vía como Avenida de Rusia. A la derecha, rebautizada como «José Antonio» tras la Guerra Civil - ABC
Historia del callejero

La «vieja» política de cambiarle el nombre a las calles de Madrid

ABC repasa el origen de las placas de la capital, tras la polémica surgida de los planes de la alcaldesa Carmena para renombrar las vías que tengan títulos relacionados con el franquismo

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El plano de Madrid y su callejero nunca fueron regulares en el tiempo. Ni por su trazado ni por sus cambios históricos bien a golpe de piqueta, bien a golpe de decreto político. El orden dentro de ese caos, al menos en la parte urbanística, llegó en 1835 de la mano del marqués Viudo de Pontejos, corregidor de la Villa que tiene su plaza detrás de la Puerta del Sol desde que se derribó el Convento de San Felipe en 1841. Ordenó hacer un listado de calles, numerarlas y ponerles el nombre en sus extremos. A él le debemos las placas y que la numeración tenga sentido creciente desde Sol.

El ilustre marqués cambió la denominación de 240 calles y, para evitar la repetición de algunos nombres, inició la costumbre de utilizar el de personajes y hechos gloriosos. Una «vieja política» repetida en cada cambio de régimen y que, ahora, ha vuelto a ponerse en el candelero con la llegada de Manuela Carmena y Ahora Madrid al Ayuntamiento y su intención de eliminar la toponimia franquista.

Más antigua, aunque por criterios no estrictamente políticos, era la tradición de rebautizar las vías madrileñas que tenían denominaciones «demasiado» populares. Basta con mirar los planos de Witt, de 1635, o de Teixeira, de 1656, para ver qué poco se conserva de aquel Madrid del Siglo de Oro, en el que las calles tomaban el nombre por su orografía, uso, oficio o leyenda.

En 1821, durante el Trienio Liberal, el cambio se realizó curiosamente por «decencia» suprimiendo nombres considerados ridículos como la calle de «Tentetieso» –antigua costanilla de San Justo y hoy Doctor Letamendi– o la de «Aunque os pese» –actual travesía de las Beatas–. Al margen de anécdotas, las calles, correderas, callejones, cuestas, costanillas, pretiles, arcos, plazuelas, postigos, riberas, travesías y plazoletas –entre otras de las 31 maneras distintas de encabezar una vía que existen en Madrid–, han cambiado su denominación principalmente por decisiones ideológicas.

Auténtico baile de placas

Sobre todo a partir de la revolución progresista de 1840 y las sucesivas de 1844, la Vicalvarada de 1854, la Gloriosa de 1868 que dio lugar al Sexenio Democrático y la Primera República, que inició otra «costumbre»: la de borrar la historia monárquica del callejero de la Villa y Corte.

Salvo en el caso del Desastre del 98, en el que las calles que llevaban el nombre de las colonias perdidas fueron sustituidos por el de «héroes» españoles, Madrid ha llevado a las placas a políticos, militares e intelectuales como homenaje para los de su signo y como revancha para el enemigo.

La Segunda República, la Guerra Civil y la dictadura franquista son los ejemplos más cercanos. Desde el 14 de abril de 1931 hasta la Transición, la capital vivió un auténtico baile de placas. En el primero de los periodos se suprimieron todas aquellas relacionadas con la Monarquía. Entre otras, las calles Alfonso XII y XIII pasaron a llamarse Niceto Alcalá Zamora y Carlos Marx, respectivamente; la de la Princesa, Blasco Ibáñez; la plaza de Oriente se convirtió en la de la República; la de Isabel II, en Fermín Galán; o la glorieta de Cuatro Caminos, sin sentido político, se llamó 14 de Abril.

En solo tres meses, tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, la capital renombró cerca de 200 calles y avenidas con títulos como «Unión Proletaria» –en el paseo de la Castellana– o «Rusia» y «CNT» –en dos tramos de la actual Gran Vía–. La calle Mayor pasó a «honrar» al anarquista Mateo Morral, responsable del atentado contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia el día de su boda.

La Guerra Civil y sus ecos

Acabada la contienda, el Ayuntamiento cambió 125 calles desde el 1 de abril de 1939. Generalísimo (Paseo de la Castellana), José Antonio (Gran Vía), General Mola (Príncipe de Vergara), Héroes del Alcázar (Puente de Praga) u Onésimo Redondo (Cuesta de San Vicente) se quedaron en el callejero hasta 1980. Nombres que, llegada la democracia, el alcalde Enrique Tierno Galván quiso sustituir. Lo logró en 27 de ellas: Moncloa (antes Mártires de Madrid), Manuel Becerra (plaza de Roma), Ronda de Atocha (General Primo de Rivera) o Santa Engracia (anteriormente Joaquín García Morato), entre otras.

Aun así más de 150 calles mantuvieron la toponimia franquista. Calles que están de nuevo en el punto de mira de un plan para ser renombradas que, tras ser anunciado, Carmena ha planteado retomar «a la vuelta del verano». Tierno hizo las nuevas placas por 850.000 pesetas. A Ahora Madrid el presupuesto le sale por 60.000 euros. A la oposición no le cuadran los números y Ciudadanos valora en 6 millones de euros el coste. «Solo a los autónomos que tengan su negocio en esas calles le costará 400 euros en rótulos o tarjetas», dicen. Así es de cara la «vieja» costumbre de cambiarle el nombre a las calles.