El expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, conversa con el también expresidente Alberto Ruiz-Gallardón y el ministro de Industria, José Manuel Soria
El expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, conversa con el también expresidente Alberto Ruiz-Gallardón y el ministro de Industria, José Manuel Soria - jaime garcía

González, adiós a la política

El expresidente regional deja Sol por la puerta de atrás y se confiesa «quemado» por lo vivido en los últimos meses

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«Ignacio se va completamente quemado. No quiere saber nada de nadie. Ha dado órdenes a su equipo de que no cuenten nada de lo que va a hacer, ni a qué se va a dedicar a partir de ahora». El círculo del hasta ayer presidente de la Comunidad de Madrid no deja lugar a dudas del mal trago que ha pasado en el último compás de su legislatura. «Ha sido un final muy cruel», señalan. Lo fue desde que el PP decidió, el pasado 6 de marzo, apartarle de la carrera electoral que ha llevado a Cristina Cifuentes a ocupar su despacho en la Real Casa de Correos. No quiere saber «nada de la política». De hecho, cuentan que ya ha rechazado un par de ofertas de trabajo relacionadas con ella.

Ayer, durante el trasvase de poder, se despidió discretamente de la que ha sido su casa desde hace doce años, los casi tres últimos como líder del Ejecutivo regional. Se marcha de Sol y de la política por la puerta de atrás. Estuvo en el tímido segundo plano que le ha acompañado estos últimos meses, en los que no ha participado en ningún mitin del PP, pese a ser su secretario general en Madrid. «Todavía está esperando a que el partido le explique por qué no fue elegido candidato», dicen sus colaboradores más cercanos. Nadie de la dirección nacional del PP le ha llamado. Rajoy tampoco lo ha hecho. «Ha sido el fuego amigo el que ha acabado con su ilusión de repetir en el cargo», dicen.

La sombra de la compra del ático en Estepona –al que señalan que se irá la semana que viene a descansar– y los recientes coletazos de la trama Púnica llevaron al partido a optar por la «marca blanca» que representaba Cifuentes, para evitar disgustos el 24-M. Génova cortó por lo sano por un «escándalo» que, de momento, ha quedado en nada. En muy poco tiempo, González ha visto cómo se desmoronaba su Gobierno con las dimisiones de su número dos, Salvador Victoria, y la responsable de Educación, Lucía Figar. La bancada del Ejecutivo en la Asamblea de Madrid, durante los dos días de la investidura, dejó una estampa desoladora. El «desgaste» ha hecho mella en él.

Todo ello, a pesar de que González deja la Comunidad como un «buen gestor» tras tomar en 2012 el testigo de Aguirre en plena crisis. Cifuentes reconoció su labor tras prometer el cargo. «Ha tenido que hacer frente a una durísima crisis, contribuyendo a que la Comunidad haya sido la primera que ha empezado a salir de ella y a que Madrid sea el motor económico de España», dijo, dándole la «enhorabuena» por ello. « Le ha tocado la etapa más difícil», dijo la ya presidenta regional.

Más de mil días al frente de un Gobierno del que se marcha «satisfecho» de haber dejado a los madrileños las cuentas saneadas, menos paro –casi seis puntos por debajo de la media– y la menor carga impositiva de toda España. Y eso que no ha encontrado siempre el respaldo del Gobierno central. «Hemos tenido muchos palos en la rueda», sostienen.

En eso también se ha sentido «muy solo». «Ha aguantado estoicamente y no ha hablado mal de nadie», explican. Ayer tampoco lo hizo. Ni el martes ni el miércoles durante las dos sesiones de la investidura. «No hablo que luego se enreda todo», decía esta misma semana en la Asamblea de Madrid.

«Está harto de que se le malinterpreten sus gestos y sus palabras. Se le ha mirado con lupa durante meses buscando polémicas que no existen», comentan quienes han pasado este trance con él. Su nuevo propósito es «pasar desapercibido». Ayer, por ejemplo, tras más de una hora en el patio, abandonó la sede del Gobierno madrileño por una de las puertas laterales. Lo hizo acompañado de su último consejero de Presidencia y Justicia, Javier Hernández, y de un par de colaboradores.

Y ahora, ¿qué?

Nadie sabe con precisión a qué se va a dedicar Ignacio González desde hoy. La impresión general en su círculo más cercano es que desconectará de todo esto durante un buen periodo de tiempo. «Se irá de vacaciones a la playa», dicen. Tampoco descartan que ejerza su derecho a formar parte del Consejo Consultivo que Cifuentes ha pactado eliminar con Ciudadanos. En él están los expresidentes Joaquín Leguina (PSOE) y Alberto Ruiz-Gallardón (PP), con quien ayer habló tras la toma de posesión. «No se sabe cuánto va a tardar el nuevo Gobierno en desmontarlo. De momento, es una opción que tiene derecho a utilizar», dicen.