Miguel Miranda, dueño de la Librería Miranda frente a la iglesia de las Trinitarias
Miguel Miranda, dueño de la Librería Miranda frente a la iglesia de las Trinitarias - José Ramón ladra

El Barrio de las Letras saca la calculadora ante el hallazgo de los restos de Cervantes

Los comerciantes de la zona piensan ya cómo rentabilizar el hallazgo del genial escritor

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Los comerciantes del Barrio de las Letras, la céntrica zona de Madrid donde está enclavada la iglesia de las Trinitarias que cobija los restos de Miguel de Cervantes, comenzaron ayer a calcular el impacto económico que podría tener la creación de un mausoleo al genial escritor. Es la parte más mundana de un asunto que ha generado euforia en la mayoría de los vecinos y hosteleros de este barrio donde vivieron el propio Cervantes, Quevedo, Góngora o Lope de Vega en el Siglo de Oro. Cervantes tiene una vertiente económica -como lo demuestra el turismo que recibe Alcalá de Henares por ser la cuna del autor del Quijote- que algunos valoran ya como un negocio a explotar en los próximos años.

Antes incluso de encontrar los restos, el Ayuntamiento de Madrid hizo público, a través de un informe, el impacto económico que la noticia de la búsqueda de Cervantes había tenido en el mundo. La cifra fue de 16,4 millones que equivalían al dinero que Madrid se había ahorrado si hubiese hecho una campaña de promoción para llevar el nombre de la ciudad a los titulares de la prensa internacional.

«Es una oportunidad magnífica», señala el presidente de la Asociación de Comerciantes del Barrio de Las Letras, Antonio Jiménez. «No sólo es una buena noticia para el barrio, sino a nivel universal. Reportará más turismo a Madrid y será de calidad», destaca. El sector hotelero se frota ya las manos: «Este barrio tiene censadas a 9.000 personas y acapara más de 10.000 plazas de alojamiento», dice.

Sin embargo, Jiménez opina que «no todo valdrá» a la hora de explotar una actividad económica que compara con la «atracción» que genera la tumba de Shakespeare en Inglaterra. «Hay que apostar por la implantación de negocios no disonantes con los ya existentes en este barrio cultural»,afirma.

«Esta zona debe ser protegida en todos los sentidos. Se ha hecho un buen trabajo en la última década que ha convertido nuestras calles en un ejemplo. Pero hay que seguir trabajando», señala en referencia a los cambios que podrían producirse en el Alcaldía tras las elecciones del 24 de mayo. «Llegue quien llegue al poder tienen que tomar el relevo de este proyecto», subraya. «Las Letras debe ser un centro comercial abierto y un caso histórico que cuide la iluminación y sus negocios porque son una llamada al turismo que Madrid necesita», concluye el presidente de los comerciantes de la zona.

«Esto no puede ser un parque temático»

Para los vecinos, el Barrio de las Letras «no se puede convertir en un parque temático». Miguel Miranda, librero de Viejo, convenció a su padre, hace más de una década, para comprar el local de la calle Lope de Vega, 19, que está enfrente de la placa de Miguel de Cervantes que cuelga del Convento de las Trinitarias. «Poner una librería aquí fue algo casi cabalístico», comenta entusiasmado con la confirmación de que los restos de Cervantes estén allí.

Un pesado busto del autor y una estatuilla del Quijote franquean la entrada de esta librería. Por su puerta pasan al día decenas de turistas para sacar la fotografía de rigor a la lápida que indica que allí está enterrado el escritor más universal de la literatura española. «Me temo que el trasiego de turistas se va a multiplicar», explica el propietario de este negocio con más de medio siglo de historia.

Es el perfil de establecimiento que predomina en este barrio, casi peatonal, de la capital. Negocios que conviven con otro de los atractivos de esta zona: el ocio y la gastronomía. Los restaurantes y bares tienen puesta su confianza en la llegada de turistas. Algunos ya han sacado partido al revuelo mediático que ha generado la búsqueda de los restos. Es el caso del restaurante Quevedo, enfrente de la iglesia. Manuel Sebastián y su mujer celebran el descubrimiento. En la taberna de enfrente, El Encanto de Lope, David San Segundo y Montse Villarín, sus dueños, son más escépticos. «El éxito depende mucho de cómo venda el Ayuntamiento el mausoleo», aseguran los jóvenes emprendedores.

A otros vecinos el descubrimiento no les ha impactado. «Llevo 37 años en el barrio y siempre se ha sabido que Cervantes estaba aquí. No hacía falta remover huesos. Traerá turistas, sí, pero ha sido un gasto innecesario», opina Pilar Bueno.