El club Matador, en el barrio de Salamanca, cuenta con espacios de lectura, cine y música
El club Matador, en el barrio de Salamanca, cuenta con espacios de lectura, cine y música - abc

El Madrid oculto de la alta sociedad

La capital asiste a un renacer de estos espacios exclusivos y casi secretos

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Privados y exclusivos, con bola negra –la que descarta los nuevos socios– o sin ella. Será por la crisis o porque estamos saliendo de ella, por necesidad de relacionarse, tendencia o moda, pero en los últimos meses, han proliferado en Madrid y sobre todo se han creado varios, con una idea parecida a la de los ingleses o a los nuestros de hace 100 años. Estos especiales objetos de deseo, son los clubes.

Existen desde que a los romanos les dio por reunirse en las termas y nos legaron esta manía, que al cabo de los siglos, derivó en los clásicos garitos de gentlemen en la Inglaterra del XVIII y del XIX, para extenderse después por toda Europa.

Londres, los pioneros

Un club privado es un lugar en el que se reúnen personas con un vínculo común… En torno a ellos es normal que surjan misterios y leyendas. Reservados para unos pocos, son muchos los que se sienten atraídos, les gustaría entrar o les han dado con la puerta en las narices en alguna ocasión. Su filtro no es sólo económico, depende de una junta y su criterio, el que admitan a nuevos miembros y no todo el mundo, por mucho dinero que tenga, puede formar parte de ellos.

Los clásicos, se crearon en la ciudad de Londres en el XVIII. Había de varios tipos, pero en todos, era obligatorio lucir una vestimenta adecuada: entrar con chistera y traje y en sus smoking rooms, se usaba chaqueta o capa de fumar, (en La City, la chistera ya no es necesaria, pero todo lo demás sí). ¡Ah, y prohibido hablar de negocios!

Hoy día siguen existiendo el White’s, el Boodle’s y el Brook’s, los más aristocráticos. Pertenecer a uno de ellos es el sueño de cualquier millonario del mundo, pero es casi misión imposible. En primer lugar, tiene que proponerle un miembro, apoyado por alguno más y que 35 den el visto bueno.

Entonces engrosa una lista de espera que puede durar años y cuando llega su turno, se estudia, se vota el caso y si hay bola negra, es rechazado. Entonces el miembro que lo ha propuesto, debe de dimitir, es lo educado.

Nuestra versión doméstica, no es tan rigurosa, aunque podemos establecer comparaciones.

La Gran Peña

Su origen son las peñas militares del siglo XIX. Fueron socios el general Miguel Primo de Rivera, Franco, José Canalejas o artistas como Mariano Benlliure. Desde 1917 ocupa uno de los edificios más representativos de la Gran Vía, en el número 2 de esta calle, obra de los arquitectos Eduardo Gambra Sanz y Antonio de Zumárraga.

La cerraron durante la República, por maquinadores, y durante la dictadura de Franco, por libertinos y jugadores. Hoy día, presidida por el Marqués de Quintanar, organizan charlas, tertulias, conferencias, se juega a las cartas, tienen una terraza espectacular y un buen restaurante. Los Peñistas tienen un salón privado donde no pueden acceder invitados. Y no se admiten mujeres como socias.

La Sociedad Gran Peña ha estado vinculada a la historia de España desde su fundación, en 1869. Sus orígenes se hunden en el Ejército español: militares del Estado Mayor y del cuerpo de Ingenieros que hacían tertulia en el café Suizo de la calle de Sevilla terminaron uniéndose con sus compañeros de Artillería.

Entre sus miembros —que prefieren mantener un discretísimo silencio—, hay militares, aristócratas, arquitectos, médicos, banqueros, ingenieros, políticos, diplomáticos...

Nuevos en la plaza

El Nuevo Club en la calle de Cedaceros 2, presidido por el conde de Valdellano, es otro de los centenarios que se mantiene en Madrid, su restaurante es de los mejores y las mujeres siguen sin poder ser socias, aunque sí utilizarlo, se organizan también eventos y tertulias.

El Club Matador (Jorge Juan, 5) se crea hace un año a instancias de unos cuantos amigos, con la idea de que volviera a renacer esta filosofía de un club como tu casa, una prolongación de tu espacio privado, donde los propios socios se hacen cargo y potencian sus áreas favoritas. Cuentan con unos 300 socios externos y 140 fundadores, todos ellos profesionales de gran prestigio. El mayor tiene en la actualidad unos 80 años, y hay 4 menores de 30.

«Me gustaría compararme con el Nuevo Club», dice Alberto Anaut, su promotor y actual presidente, «pero configurado en distinta época; y me gustaría también que lo siguieran haciendo dentro de cien años».

Desde su entrada, sin rótulo ni cartel, la sensación misteriosa tiene toda la intención, pues esa es su esencia. Son 800 metros cuadrados, con 30 balcones que dan a Jorge Juan y al patio, (uno de los jardines secretos de Madrid). La reforma, dirigida por Íñigo Guell, ha diferenciado espacios, en salas destinadas a distintas áreas: una biblioteca de novela negra que dirige Eduardo Arroyo, también socio: una sala de cine que proyecta una película a diario; y sala de música dedicada al jazz.

El restaurante tiene capacidad para 40 cubiertos y la cocina la lleva Yolanda Olaizola mientras que del arte, se ocupa Jorge Mara. No se puede hablar por teléfono, sacar papeles, ni usar el portátil. Para ello, hay una habitación acristalada y un cuarto para fumadores.

Argo, en la plaza de Santa Ana, 7. Aquí vivió el político y presidente del Gobierno de España José Canalejas. La escalera, protegida, con zócalos de Ruiz de Luna, lámpara de época y una barandilla de forja espectacular, es el hilo conductor de este club, que arrancó en el mes de septiembre a instancias de Diego Ortiz y varios socios más, que lo tenían muy claro y lo llevan preparando desde hace dos años.

Su propósito es eminentemente gastronómico, cultural y enfocado al ocio. Cada planta se destina a una actividad, desde biblioteca para tertulias literarias, el salón de actividades que aloja una emisora de radio y donde se hace microteatro; el cine, catas de vino, de café... Cuentan con un bar y con un comedor de socios dirigido por Iñaki Camba, y una sala dedicada al automovilismo con piezas de Bentley, sillones, y neumáticos convertidos en mesas o pistones en ceniceros.

Silencio absoluto

Casa Club es el más celoso de su intimidad de todos. Situado en un chalet con jardín en la zona de María de Molina, cercado por un muro a prueba de micrófonos o de cámaras impertinentes, no cuenta ni con página web, guardan absoluto silencio y aunque muy correctos, apelan a nuestra comprensión por no poder informar de nada relativo a los socios, ni a este espacio, aunque sabemos de buena tinta que por ahí aparecen frecuentemente políticos y empresarios muy nombrados en estos momentos.