Tomás Gómez, el jueves, a la vuelta a sus clases de la Carlos III tras su destitución
Tomás Gómez, el jueves, a la vuelta a sus clases de la Carlos III tras su destitución - abc

Tomás Gómez vuelve a clase y se confiesa a sus alumnos: «Estoy bastante "j..."»

Un estudiante le preguntó por Pedro Sánchez y por su estado: «Es un buen candidato, pero se ha equivocado». El exsecretario general del PSM declaró en 2013 ganar 316,34 euros brutos al mes de la Carlos III

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Tomás Gómez volvió ayer a las aulas de la Universidad Carlos III de Getafe por primera vez después de que su verdugo, Pedro Sánchez, le obligara a dejar su cargo como líder de los socialistas madrileños el pasado miércoles 11 de febrero. Mientras la comisión gestora que lo sustituye en sus funciones –adoctrinada por la federal y liderada por Rafael Simancas– pregunta a sus militantes estos días por el presidenciable a la Comunidad de Madrid, Gómez rehace su vida, al margen de la política regional, en en el campus de Ciencias Sociales y Jurídicas.

Sus alumnos le esperaban después de haber perdido una clase la semana anterior, cuando se vio obligado a faltar por la vorágine que le sobrepasaba. En el edificio 5, en la primera planta, imparte a alumnos de primer curso de Derecho la asignatura de Principios de Economía.

Es en esta facultad donde ejerce como profesor asociado desde 2010. Este cuatrimestre solo tiene dos clases seguidas los jueves. La primera arranca a las 9 de la mañana. La segunda a las 10.45. Duran hora y media cada una. Supuestamente la retribución de la universidad es la única que percibe ahora el exalcalde de Parla. El viernes renunció a su acta como diputado de la Asamblea, donde cobraba 5.329,29 euros brutos al mes –en 14 pagas–. De la Carlos III recibió durante el ejercicio de 2013 la cantidad de 316,34 euros brutos mensuales –en 12 pagas–. Así consta en la declaración de rentas, bienes e intereses que hizo pública el PSOEen 2014.

Un profesor cercano

Gómez es un profesor cercano. Lo dicen sus alumnos y lo pudo comprobar ayer este diario. Entre la materia incluía alguna gracia para sacar las risas de sus oyentes y acaparar su atención. Utilizaba un lenguaje coloquial e incluso llegó a animar a los presentes a que le hicieran alguna pregunta después de lo ocurrido con Ferraz:«Si alguien quiere hacerme una pregunta al margen de la clase, éste es el momento».

No lo dudaron. Uno de los jóvenes quiso curiosear acerca de su opinión sobre Pedro Sánchez:«Me parece un buen candidato, pero se ha equivocado conmigo». Otro, después, le preguntó por cómo se encontraba, personal y profesionalmente. Se confesó: «Estoy bastante “j”». Jodido, vamos.

Las clases siguieron su curso hablando de la oferta, la demanda, los productos homogéneos, los sustitutivos y las marcas. Preguntaba a sus alumnos por ejemplos para ver si habían entendido la definición, y para explicar algunos conceptos económicos los llevaba a su otro terreno: la política. Por ejemplo, para que entendieran el desplazamiento de la curva de la demanda sacó a la palestra la medida de Rodríguez Zapatero en 2010 de eliminar la deducción por la compra de vivienda. «¿Se volvió loco el Gobierno de Zapatero?», llamaba la atención de los chavales. No. Él quería explicar con ello que era una forma de motivar la compra de casas durante el ejercicio en que se anunció y solucionar el problema. «Luego no funcionó por la capacidad de los bancos para dar dinero», añadió.

«Los debates, conmigo»

Incluso llegó a sacar a dos alumnas al encerado simulando que competían electoralmente. «Tú prometes al pueblo darles 300 pavos de alquiler si te votan; tú les darás 300 pavos a los dueños de una propiedad», exponía. Cuando los estudiantes parecía que perdían el interés y arrancaban a hablar entre ellos, pedía silencio. «Los debates, conmigo», conminaba a los chavales.

Mientras tanto, algunos de los alumnos de la Carlos III que pasaban por los pasillos volvían a mirar por la cristalera de las puertas de la clase cuando se percataban de quién estaba allí: «¡Mira, tú! el Tomás. ¡Si sigue dando clase!».

«Es un buen profesor»;«es supermajo»; «no tiene nada que ver de cómo se le ve en los medios de comunicación a cómo es aquí»; «es muy agradable y explica muy bien las cosas». Así definían sus chicos y chicas a su profesor. Todas las opiniones eran positivas. El que no estaba conforme con la última clase de Gómez de ayer era un profesor de Derecho Civil que le sucedía en el horario. El exsecretario general del PSM se tomó la libertad de alargar su clase desde las 12.15 hasta las 12.35. «Luego me piden a mí los chicos que si pueden ir al baño. Esto no es normal», refunfuñaba el docente; «Se ve que es para recuperar lo de la semana pasada», le replicaba un alumno que esperaba entrar en la nueva clase.

A la fuga

Por fin se abrieron las puertas. Era el momento de presentarse. Muy amablemente, y sin perder la sonrisa de la cara, Tomás Gómez salió escopetado. Permitió a ABC acompañarle hasta su coche –que no una Vespa–, aparcado en la calle. No dijo muchas palabras. «Esto es mi vida privada».

Se le pidió un balance después de salir de Callao; se le preguntó por cómo era su día a día desde entonces; cómo afrontaba la universidad y qué sentido tenían para él las clases; cómo seguía luchando porque en Madrid pintara el color socialista y si se podría llegar a ver a Gómez como candidato a la Presidencia del Gobierno. «Soy economista y es a lo que he vuelto», fue lo único que pronunció en un tono más derrotista. Se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense en 1990, en la especialidad de Política Monetaria y Sector Público.

Las asambleas para decidir al secretario general del PSM continuaron ayer en diversas ciudades de la región de diferente modo: a mano alzada, votaciones en voz alta o en papeleta y urna. En la segunda jornada de consulta, la mayoría de los militantes volvió a apostar por Ángel Gabilondo, posicionado ya como el favorito de los afiliados a falta de las opiniones de las últimas consultas de hoy.