La Policía retira las barricadas puestas por los piquetes en el Campus de Somosaguas
La Policía retira las barricadas puestas por los piquetes en el Campus de Somosaguas - ángel navarrete
universidad complutense de Madrid

Deuda, desnudos y radicales en el campus

Para los profesores, la quiebra económica y la pérdida de prestigio han dado paso a un deterioro paulatino en esta institución superior madrileña

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Cierto es que José Carrillo se encontró con muchos «peros» al llegar al Rectorado de la Complutense en abril de 2011. Y no es menos verdad que su gestión ha estado llena de oscuridades y críticas. Heredó una enorme deuda del anterior rector, Carlos Berzosa. Pero hay que decir que Carrillo fue uno de sus vicerrectores. Esa deuda ascendía a 150 millones de euros. Ya se sabe: el dinero no es todo, pero ayuda. Él no lo tenía. A la crisis económica se sumaron la pérdida de alumnos y de profesores.

La Universidad Complutense dejó de brillar. Pasó de ser la primera institución superior de España a un puesto nunca imaginado. No de farolillo rojo pero inmersa en un deterioro tanto académico como financiero. Faltaba liquidez, había recortes que el propio Carrillo achacaba a las autoridades políticas regionales. La universidad, en medio de una fuerte crisis económica, entró en números rojos. En el Rectorado no gustó que se hablara del ocaso de la Complutense. Pero así era.

Los males se acumulaban. Las dimensiones y la antigüedad de esta universidad hacían mucho más visible su deterioro. Tenía la situación más delicada de las seis universidades públicas madrileñas. Y el equipo de Carrillo no atinaba a dar con una solución que no dependiera del presupuesto.

Con sus tres campus –Moncloa, Somosaguas y Aranjuez–, la Complutense había perdido, entre los cursos 2004 y 2012 unos 4.200 alumnos. En el mismo periodo, redujo su plantilla docente en 162 profesores. Sin embargo, el personal de administración y servicios (PAS), el que apoyó masivamente a Carrillo, creció en 596 empleados más.

Broncas y recortes

El propio Carrillo reconocería en el primer trimestre del curso 2012/2013 lo mal que estaban las arcas universitarias «por culpa de los recortes a que nos somete la Comunidad de Madrid». Pero esos mismos tajos afectaban a las otras cinco universidades públicas (Autónoma, Politécnica, Alcalá de Henares, Carlos III y Juan Carlos I) y ninguna puso tan alto el grito en el cielo. Solo la Politécnica se vio obligada a despedir a 302 trabajadores, en medio de fuertes protestas y encierros en su Rectorado que, por cierto, está físicamente en el campus de Moncloa.

Con el tiempo, el prestigio ha ido cayendo. Las broncas se han multiplicado. La UCM ha sido campo de batalla para los radicales, «empadronados» principalmente en su campus de Somosaguas. Ahí está la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, la cuna de Podemos.

También en Somosaguas se produjo, según informó ABC en primicia, el desnudo en la capilla de Psicología. Fue un grupo de vándalos al asalto del templo en 2011. Allí dentro, otro grupo de chicas se quitó la ropa interior junto al altar.