La salida de la talla de la Virgen del Puerto de la ermita, en el puente de Segovia, en 1913
La salida de la talla de la Virgen del Puerto de la ermita, en el puente de Segovia, en 1913 - Ramón Alba
arganzuela

El origen lisboeta de las madrileñas fiestas de «La Melonera»

La tradición oral cuenta que la joven que ofrezca un melón a la Virgen conseguirá un «buen marido»

marta r. domingo
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En la tradición festiva madrileña el final del verano se cierra, desde el siglo XVIII, con las celebraciones en honor de la Natividad de la Virgen del Puerto, conocidas popularmente como las de «La Melonera». ¿Sabías que esta tradición castiza tiene su origen en Lisboa? ¿Y que las mozas madrileñas entregaban un melón a la Virgen para pedirles un «buen marido»?

Según se cuenta la tradición oral madrileña, una novia plantada en el altar, recuperó a su novio por mediación de «La Melonera». La joven, en agradecimiento, robó un melón y se lo llevó a la Virgen. Esa noche se le apareció en sueños y le indicó a la joven que lo devolviera a su dueño y lo comprara. Y que si conseguía que su novio se lo comiera éste sería un «buen marido». Desde entonces, las madrileñas suelen llevar dinero para comprar el mejor melón a sus parejas.

Junto al Puente de Segovia se halla la ermita de la Virgen del Puerto que fue construida por Pedro de Ribera por orden del corregidor de Madrid en tiempos de Felipe V, el Marqués de Vadillo, por la que sentía gran devoción. El objetivo era que las lavanderas del río Manzanares tuvieran un lugar de culto cercano a su lugar de trabajo.

Aquella ermita se dedicó a la Patrona de Plasencia, Nuestra Señora del Puerto, que a su vez debía su nombre a su primer emplazamiento en el puerto de Lisboa. De hecho, la Virgen llegó a España tras huir de la invasión árabe en el país vecino y se la encontró ya en España un pastor en el siglo XV. Como representaba a una Virgen dando de mamar a su hijo fue conocida, en un principio, como la Virgen de la Buena Leche. Pero como más popularmente se la conoce es por «La Melonera».

La tradición manda que cada 8 de septiembre, festividad de la Virgen, se celebra una romería hasta la ermita, donde se instalaba el famoso mercadillo de melones de Villaconejos. Así, la ermita y sus alrededores se llenaban de melones y sandías y en la alameda de alrededor se concentraban asturianos y gallegos que solían entonar las canciones tradicionales de su tierra y celebrar bailes típicos.