Boadilla busca a su patrón, San Babilés
De las 34 fosas que se han encontrado, solo se han abierto cuatro; en el centro, la imagen de San Babilés - ABC

Boadilla busca a su patrón, San Babilés

El Ayuntamiento iniciará la excavación para hallar los restos del santo tras encontrar la planta de una basílica visigoda donde podría estar enterrado

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Se buscan los restos de un santo decapitado, dos adultos y 80 niños a los que también les cortaron las cabezas en Boadilla del Monte. El municipio está en busca de su patrón, San Babilés, sus hermanos y los pequeños a los que enseñaba las primeras letras y adoctrinaba para ser cristianos desde el pasado mes de febrero. Cada vez parece estar más cerca el encuentro con el santo que sanaba a herniados y quebrados. El próximo otoño, el Ejecutivo local arrancará con la segunda fase que les acerque hasta su historia, que por lo pronto se remonta a la España visigoda.

Las primeras acciones arqueológicas en el Cerro de San Babilés, junto a la ciudad financiera del Santander, comenzaron el 19 de febrero. Tras un mes toparon con las primeras recompensas. A pocos metros de profundidad aparecían las ruinas de dos necrópolis, 34 sepulturas con restos de los siglos VI o VII –incluso debajo del propio templo– y una basílica de los siglos XII o XIII. Y lo más sorprendente, unas escaleras que posiblemente conduzcan hasta una cripta; allí podrían encontrarse los restos de San Babilés. Pero en este punto tuvieron que cesar los arqueólogos la excavación por peligro de derrumbe.

El otro Cervantes

Al igual que en el Monasterio de Las Descalzas de Madrid, donde se buscan los restos de Miguel de Cervantes, también en el cerro de Babilés se ha trabajado con un georradar. «La tomografía, a tres y cuatro metros de profundidad, presenta anomalías. Existen estructuras debajo que hay que explorar, pero que interpretamos como posibles cavidades, galerías o cámaras, como si fuera algo en continuación de la propia escalera», informa Juan Sanguino, el arqueólogo encargado de la operación. En la segunda fase, que comenzará entre los meses de octubre y noviembre de este año, el Gobierno de Antonio González Terol (PP) se centrará en delimitar el entorno de la necrópolis y la iglesia; se excavará a cuatro metros de profundidad y, dependiendo de los resultados, le seguiría una tercera fase.

Su antropología

San Babilés también tiene unas características que le harían fácilmente reconocible en un estudio antropológico si se encuentran sus restos óseos. Su cráneo estaría separado del cuerpo. Cuenta la tradición cristiana que el patrón del municipio fue martirizado en el año 717, durante la invasión musulmana. No hay datos constatados sobre su existencia, pero la Hermandad de San Babilés aporta numerosas referencias históricas sobre el episodio que le llevó a su canonización.

Esta cofradía ha pedido históricamente que se excavara en el cerro. El Ejecutivo local decidió apoyarles con un presupuesto inicial de 40.000 euros para limpiar la zona e identificar la existencia de restos que justificaran el inicio de una excavación de mayor calado. Dieron en el blanco. Manuel Gómez Rodríguez, comisionado principal del archivo de la Hermandad, está convencido de que hay muchas probabilidades de encontrar vestigios del sepulcro de San Babilés. Sobre todo porque la primera necrópolis encontrada se remonta a los siglos VI y VII, que más o menos coinciden con la época del santo. En el perímetro también se halló lo que creían que era una pequeña ermita y que parece ser una basílica de los siglos XII o XIII de nave única y planta absidial.

En su interior descubrieron enterramientos con materiales nobles como granito y sillar en la zona del ábside y tumbas en fosas, a los pies de la misma. También aparecieron restos de la estructura en ladrillo y loseta, que podrían corresponder a los siglos XVII o XVIII. Estarían relacionadas con unas ampliaciones de la basílica en el momento en que la hermandad habría obtenido beneficios económicos procedentes de nobles que acudían a ellos para sanar enfermedades.

De este modo habrían extendido y embellecido la edificación. Consta en un informe del Ayuntamiento de Boadilla que ya en el siglo XVI y XVIII, la ermita y la hermandad gozaban de gran popularidad y el Infante Baltasar Carlos visitó la iglesia para ser tratado de sus males.

En las tierras anexas al templo están los enterramientos visigodos. De las 33 sepulturas, solo se han abierto cuatro, aunque ninguno de los huesos se ha analizado todavía. También se ha producido el hallazgo de una vasija dentro de las fosas y un anillo.

Hacia sus ruinas

Desde el XVIII, el edificio no evolucionó más. A principios del siglo XIX, tras la invasión napoleónica, la zona quedó casi arrasada; la ermita, en ruinas. El templo no volvió a remodelarse y sus restos fueron languideciendo hasta entrado el siglo XX. Tras la Guerra Civil y la instalación de una posición de defensa en la ermita, quedó totalmente destrozada. Poco a poco, Boadilla, escribe su historia.