Una de las imágenes: la iglesia de las Calatravas, en 1920. Detrás, asomaba la modernidad del edificio del Banco Vitalicio
Una de las imágenes: la iglesia de las Calatravas, en 1920. Detrás, asomaba la modernidad del edificio del Banco Vitalicio - ernesto agudo

Las fotos de una época que transformaron Madrid

Una exposición recoge cómo la capital empezó, entre 1910 y 1935, una metamorfosis que la guerra cortó en seco

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Entre 1910 y 1935, Madrid vive un tiempo de reformas espectaculares: inicia algunos de sus cambios más importantes, antes del desastre de la guerra y de las grandes actuaciones de los años 60. Madrid multiplica su población por cinco, y necesita de todo: desde nuevos mercados hasta fuentes públicas. Los comisarios, Inmaculada Zaragoza, Isabel Tuda y Juan Ramón de Sanz, han seleccionado 160 negativos en cristal de entre los miles que conserva la Hemeroteca Municipal y el Museo de Historia de Madrid, y los exponen en Conde Duque, abriendo un túnel del tiempo a una ciudad que en buena parte sólo pervive en nuestros recuerdos. El área de Las Artes, que dirige Pedro Corral, organiza la muestra.

Hay fotos que impactan, como la iglesia de las Calatravas a comienzos del siglo pasado y detrás, asomando con arrogancia, el nuevo edificio del Banco Vitalicio, todo modernidad. Los comisarios explica a ABC que la muestra distingue dos bloques:las fotos sobre la ciudad y sus transformaciones, y aquellas en que el Ayuntamiento «se fotografía a sí mismo», creando su imagen corporativa a través de los servicios que sus funcionarios empezaban a dar a los ciudadanos.

Madrid comenzó a cambiar con el siglo XIX. Entre otras cosas, por la llegada del ferrocarril, que acabó con el aislamiento de la ciudad y facilitó la llegada de riadas de emigrantes, en busca de trabajo y de una vida mejor. Se calcula que la población de la ciudad se multiplicó por cinco. Este hecho tuvo varias consecuencias: una, sobre el tráfico; otra, sobre el abastecimiento.

Las fotografías reflejan a la perfección cómo el transporte comenzó a hacerse masivo: en el antiguo puente de Segovia, anterior a su ampliación, se cruzaban los tranvías con los camiones y los carros de mulas. Y los mercados, hasta entonces poco más que puestos con un tejadillo en mitad de la calle, sin condiciones higiénicas ni sanitarias, comenzaron también su transformación, que marcaron elementos como el de los Mostenses o el de la Cebada, con estructuras metálicas, influidas por los trabajos de Eiffel. Sus perfiles se dibujan en algunas de las imágenes que se exponen en el Centro Cultural Conde Duque, con entrada gratuita, de martes a domingo y hasta el 20 de abril.

A la vez que los mercados, se transformaron los mataderos:el antiguo de Madrid estaba en el centro, pegado a la Puerta de Toledo, y hubo que sacarlo: hay imágenes del de Arganzuela en plena construcción, sobre una parcela tan grande que incluso tenía un tren interior, como se observa en las fotografías.

Espacios desaparecidos

El viaje en el tiempo continúa cuando la vista reposa sobre espacios ya desaparecidos, como los bulevares, que recorrían la huella de la antigua cerca de Felipe IV, o el cementerio de Vallehermoso –que, como los mataderos, salió del centro de la ciudad por motivos de salubridad–. O la plaza de toros de Goya, situada en el lugar donde ahora se levanta el Palacio de los Deportes.

Las fotos del inicio de las obras de la Gran Vía permiten ver el famoso edificio Capitol antes del anuncio de Schweppes. O la evolución de la Puerta de Toledo a través de una serie de imágenes, la primera de las cuales fue tomada por el francés Laurent en 1879 y muestra la puerta aún unida a la antigua cerca.

Es muy difícil que a nadie le alcance la memoria, pero junto al Palacio Real hubo hasta las primeras décadas del siglo pasado un gran edificio, las antiguas caballerizas, aún erigidas en las fotografías, justo encima de lo que ahora son los jardines de Sabatini.

La transformación de Madrid ha sido tan profunda en este último siglo, que a veces sólo a través de las antiguas imágenes es posible comprenderlo:así ocurre con las de la glorieta de Cuatro Caminos, en las que se aprecia desde la plaza sin fuente, a la instalación de esta, o la presencia del famoso Edificio Titanic, que era en 1920 el más alto de España con sus diez pisos, y todo un símbolo de modernidad. La fuente de Cuatro Caminos, explica el comisario Juan Ramón de Sanz, que primero estuvo instalada en Sol, pero hubo que retirarla porque la potencia de su chorro era tan grande que empapaba a los transeúntes. De Sol vino a Cuatro Caminos, y de aquí terminó trasladándose a la Casa de Campo, donde aún continúa.

Hay fotos de la plaza de Canalejas, convirtiéndose entonces en un distrito financiero donde se reunían los edificios de los principales bancos, «una city que copiaba a Nueva York».

El «otro» Manzanares

Pero si hubo un cambio señalado para la capital, ese fue el del Manzanares: el cauce desigual e irregular, con fuerte estiaje en verano, se cambió por un río canalizado que trajo consecuencias como la desaparición de una de las señas de identidad de Madrid:las lavanderas, una estampa típica que dejó de verse a partir de entonces.

Capítulo aparte merecen las fotos en las que el Ayuntamiento se «fotografía» a si mismo: fotos de funcionarios municipales cumpliendo su labor, o de los servicios que prestaba la institución a los madrileños. Qué mejor manera de mostrar su utilidad que exhibiéndolos en un desfile por el recién ampliado paseo de la Castellana. Y así se ve, en uno de los paneles de la exposición, a los bomberos perfectamente uniformados, a los niños de San Ildefonso vestidos de domingo, a los matafires del matadero con sus cuchillos a la cintura; a los barrenderos con sus carritos de limpieza, y a los jardineros manguera en mano.

Servicios municipales

Hay imágenes de las Casas de Socorro, de la estación delNorte de donde parten los niños que se llevan de colonias o los enfermos que se envían a aliviarse al mar; de la Gota de Leche, de los comedores sociales en el antiguo Cuartel del Rosario, junto a San Francisco; de los talleres de oficios para niños, de la Escuela de Cerámica en construcción, del Instituto de Sueroterapia... un rosario de fotos que funcionaban como ahora lo hacen las memorias de actividades: para mostrar lo que se hacía.

Si la exposición está llena de historias, una de ellas es sin duda la de la manera en que estas fotografías, auténticas piezas de museo, han llegado hasta nuestros días. Los negativos los consiguió, en los años 50, el director de la Hemeroteca Municipal. Allí y en el Museo de Historia de Madrid se han custodiado estas joyas, en buena parte procedentes del Servicio Fotográfico Municipal que comenzó a trabajar en 1914.

La exposición la organiza el área de Las Artes, y colaboran también en ella –admeás de los organismos antes citados–, la Biblioteca Digital memoriademadrid, donde se puede realizar una visita virtual; el Archivo de Villa y la Biblioteca Histórica Municipal. La mayor parte de estos negativos en cristal son inéditas: nunca antes se han expuestos. Forman un inventario del asfaltado, la iluminación y la remodelación de calles y plazas en un tiempo que ya sólo se mantiene en el recuerdo.