Las mafias chinas de la prostitución controlan hasta 70 pisos patera

En catres sobre palés hasta arriba de porquería, disponibles las 24 horas y retenidas más de un año. Así malviven

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Una de las reglas de oro de la prostitución china y, por extensión, de la actividad mafiosa de esta nacionalidad, es la discreción. Por ello, las mujeres que se ven sometidas por estos grupos a vender su cuerpo lo hacen prácticamente de manera exclusiva en pisos y chalés, no en la calle. Fuentes policiales expertas en este tipo de organizaciones criminales explicaron a ABC que en la Comunidad de Madrid se conocen alrededor de 70 de estos domicilios, en los que suelen hacinarse las muchachas en condiciones higiénicas más que lamentables.

ABC bucea en las profundidades de este negocio, más oculto aún cuando se trata de redes asiáticas. «La prostitución china en pisos es una plaga. Están por toda la región, pero quizá donde más densidad de estos lupanares se da es en Parla», explica un experto en Extranjería. ¿Por qué Parla? Pues porque este tipo de prostíbulos se nutre en buena parte de la clientela del controvertido y tantas veces investigado karaoke El Cielo y el Mundo. En la zona de chalés próxima a este macrolocal de clientela china han surgido los pisos del sexo como champiñones.

Puede parecer una ecuación de lo más lógica, y lo es; pero hay más razones. «Estas viviendas trabajan para chinos o para occidentales, pero jamás se mezclan los dos tipos de clientes. Hay mucha chica universitaria que ejerce la prostitución y tiene miedo a que la reconozcan. Los de la zona de Parla están encaminados a clientes y empresarios asiáticos; a los de Madrid acuden, por lo general, españoles», especifican los expertos.

Tráfico ilegal

La ruta del tráfico ilegal de mujeres comienza, principalmente, en la provincia de Zhejian. Allí las captan, no siempre engañadas del todo, con la promesa de una oferta laboral, que puede ser, por ejemplo, en una peluquería. No media, ni de lejos, un contrato laboral en condiciones. Les costean el visado, unos 14.000 o 15.000 euros, que de manera legal no conseguirían. Y ahí llega la trampa. El anzuelo que las mantendrá, como mínimo, un año a merced de sus «chulos».

El pago del visado y mucho dinero más las mantendrá sometidas las 24 horas de cada uno de los días que pasen en nuestro país. «No las tienen atadas ni sujetas a la pata de la cama, como mucha gente pueda pensar o como ocurre en otras mafias, como las nigerianas», explican nuestras fuentes. «Los chinos son más sutiles. No les hacen falta las grandes amenazas. Sólo recordarles: ‘Conocemos a tus familiares en China’. Saben cómo se las gastan sus compatriotas».

Otra cosa es el ambiente en el que tienen que malvivir: «Esos pisos donde se practica sexo están asquerosos. Hemos encontrado verdaderas guarradas. Las camas no tienen ni somier, sino que los colchones están sobre palés llenos de porquería. Viven hasta siete juntas. Hay servilletas por el suelo, suciedad, comida esparcida...».

No parece que los clientes sean muy exquisitos ni exigentes; sin embargo, la demanda de asiáticas en el mundo de la prostitución está en auge. Una especie de fetiche para los occidentales que se suma a la apariencia casi adolescente de algunas de estas chicas. «Aunque no hemos encontrado menores, a veces las ofertan como si lo fueran».

El control de la «madame»

Las esclavas sexuales deben estar disponibles las 24 horas del día. No tienen llaves de la casa donde las someten, por lo que dependen de la «mami» o «madame» que regenta cada piso, una mujer mayor que ellas que las controla noche y día. «Si quieren salir a la calle, ha de ser con ella», explican nuestra fuentes informantes. En el asunto económico también se hacen diferencias. A los clientes chinos se les suele cobrar más, al considerárseles de mayor poder adquisitivo. Media hora de servicio suele costar entre 100 y 120 euros; a los españoles, el precio se reduce a unos 80 euros por el mismo tiempo.

Otra cosa son las noches completas, que suelen pagarse a unos 300 euros, indican las mismas fuentes. Un ejemplo de todo esto fue la operación Géminis, del pasado verano, una de las más ambiciosas contra este tipo de mafias. En ellas quedó de manifiesto que las mafias captaban a las chicas en origen mediante una suerte de «casting» realizado por videoconferencia.

Las mujeres eran introducidas en nuestro país con pasaportes falsificados, de Corea y Singapur, donde no se necesita visado, o bien pasando por la frontera de Turquía con Grecia a pie, abordando ya el terreno Schengen.

También se ha sabido que parte de estos criminales invierten a través de un entramado financiero ingentes cantidades de dinero, millones, en patrimonio inmobiliario y en coches de gama alta, siempre mediante testaferros.