Lotería de Navidad 2012: Suerte, la de Doña Manolita
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Lotería de Navidad 2012: Suerte, la de Doña Manolita

Un centenar de puestos ambulantes venden décimos de la solicitada administración en los alrededores de la Puerta del Sol. Le ponen dos euros de recargo y deliciosas dotes comerciales

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En la sociedad de los números de la Lotería de Navidad, como en la humana, los hay feos, guapos y hasta raros. Si no, que se lo pregunten a María Antonia, de 61 años, que desde los 21 pasa sus días en la Puerta del Sol, delante de la pastelería La Mallorquina de Madrid, con su retablo de cifras a la vez que grita «¡El Gordo llevo!».

Posee la matrícula más antigua de la plaza. Su hija por poco nace en la acera. Se encontraba en la esquina de la calle Correos, al pie del Banco Vizcaya, cuando empezó a sentir los dolores de parto. «Los del banco me cogieron y me llevaron en coche al hospital». Tanto a su hija como a su hijo, les daba el biberón en la esquina. Alguien pregunta al pasar:

–«¿Son de doña Manolita los décimos?»

–«No señora, son de María Antonia, ¡que le va a tocar a usted!». Y se compra dos.

En cuarenta años, nunca había vivido una campaña con la venta tan floja como esta. «La gente no piensa más que en comer». Con el miedo a quedar en el paro, tampoco prestan atención a su comadre doña Paquita, instalada a su lado. Bajo la mirada de Santa Gema, pregona en la oscuridad de la plaza: «¡Que le quito la hipoteca, oiga!». Ella conoció los serenos con el candil y los tranvías que salían de la Plaza Mayor para atravesar Sol. Entre sus clientes, se acuerda de Carmen Sevilla, la Cantudo, el marido de Concha Velasco o Manolo Royo.

Nuevos puestos

En la esquina de la calle del Carmen con la Puerta del Sol, se colocan por segundo año Arelis Rodríguez, de 41 años, y su hermano Manuel. Desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche se turnan para no desatender el puesto y buscar por diferentes administraciones del Centro o Vallecas los números terminados en trece. Aquellos billetes que terminan en quince también tienen su público, así como los del 69. «Me da mucha risa cuando vienen con las imaginaciones de su gordo. Algunos llegan con el papelito en la mano, con su número secreto. Y no te lo quieren enseñar», cuenta.

Este año no tiene «línea», pero el pasado soñó con el 68268, número que recomendó a sus clientes

Como casi todos, gana dos euros con cada décimo vendido. Este año, no tiene «línea», pero el pasado soñó con el 68268, número que recomendó a todos sus clientes. Casualidad o no, el 68 fue la terminación del Gordo en aquel sorteo. El divino Niño Jesús preside el atril donde cuelga los billetes, pero con todo no tiene claro si podrá pasar las vacaciones en la República Dominicana, donde se encuentra el resto de su familia. Confiesa que juega alrededor de mil euros para el sorteo de Navidad.

Pensativo, un hombre de unos setenta años se acerca con una nota en su mano. Es un buscador del Gordo. Husmea entre las series de números dispuestos con su lógica extraña, esforzándose por desentrañar el álgebra de un golpe de suerte que lo convierta en millonario y le quite los problemas de encima. Es el mismo que había preguntado por el «numerito de la suerte» en el puesto de María Antonia.

Sin éxito, regresará a casa sin cumplir el encargo de su mujer, tras dar una vuelta completa a la plaza, recorridos el centenar de tenderetes de última hora. Todo debido a la innegable evidencia de un hecho… «¿Sabe usted? A alguien le tiene que tocar»