Napoleón Bonaparte, emperador francés y gran derrotado en usu intento de conquistar España a principios del SXIX
Napoleón Bonaparte, emperador francés y gran derrotado en usu intento de conquistar España a principios del SXIX - ARCHIVO ABC
historia

Lotería de Navidad, el sorteo que ayudó a los españoles a expulsar a Napoleón

Esta rifa se creó en plena Guerra de la Independencia para aumentar la recaudación del Estado

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A día de hoy son muy pocos los que –el 22 de diciembre- no aguardan ansiosos que los niños de San Ildefonso canten los números que se encuentran en el boleto que tienen frente a sí. Este ritual navideño suele practicarse delante de la televisión, el ordenador o el móvil.

Sin embargo, hubo una época en la que, para saber si te habías hecho multimillonario, era necesario esperar pacientemente a que los resultados del sorteo fueran publicados por la prensa un día después. Para llegar hasta ese tiempo hay que retroceder hasta 1812, año en que nació en España la futura Lotería de Navidad, un invento realizado por los gobernantes para aumentar la recaudación del Estado y poder continuar luchando a sangre y fuego contra Napoleón Bonaparte.

Corría por entonces una época dura para nuestro país. Y es que los hispanos nos encontrábamos dándonos de fusilazos (o rastrillazos, en el caso de los que no eran militares) contra los galos comandados por el pequeño y molesto emperador galo. La razón era sencilla, el franchute había decidido atravesar en 1808 los Pirineos para convertir nuestra España en su «Espagne». Tampoco ayudó su capacidad militar y la estupidez de nuestros gobernantes, elementos que hicieron que sus soldados pronto se plantaran en las narices de los madrileños. Por otro lado, la región también se había visto sacudida por varias hambrunas que habían reducido –todavía más si cabe- la población.

Nace la Lotería

Al poco, España quedó dividida en dos partes bien diferenciadas: la Napoleónica (regida por el hermano del emperador, José Bonaparte, tras las abdicaciones de Bayona) y la anti francesa (dirigid desde tierras andaluzas y encargada de salvaguardar la cultura española). Una que no tenía demasiados problemas de liquidez -la primera- y otra que necesitaba cuántas más monedas mejor para financiar los mosquetes y sables con los que equipar a los soldados de generales como el mítico Castaños.

Por ello, en 1811 el Ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciríaco González Carvajal, presentó ante las Cortes Generales y Extraordinarias en Cádiz (sede de la resistencia hispana) un proyecto de Lotería como «un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes». Es decir, para recolectar todo el dinero posible con el objetivo de solventar la Guerra de la Independencia. El sistema del sorteo, según estableció, sería similar al que existía en Nueva España (actualmente México) y que había creado en 1771 Carlos III.

La propuesta se aprobó el 23 de noviembre de ese mismo año sin un solo voto en contra y fue instruida el 25 de diciembre bajo las siguientes líneas: «Las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación, enteradas del proyecto que les fue presentado de una Lotería que se ha de nominar Nacional, y ha de ser igual a la que hace muchos años se halla establecida en Nueva España; se sirvieron autorizar al Consejo de Regencia de España e Indias para que lo llevase a efecto del modo que considere más útil y conveniente. En consecuencia, S. A. […] atendiendo a que los fondos que se versen en este juego sean manejados con fidelidad, sin agravio ni perjuicio del público interesado; para que estos fines se consigan, ha tenido por conveniente autorizarla».

Acababa de nacer la «Lotería moderna», como fue conocida por los españoles para diferenciarla de la «Primitiva», que había sido creada nada menos que medio siglo antes por Leopoldo de Gregorio, Ministro de Carlos III y más conocido como el Marqués de Esquilache.

El primer sorteo y expansión

Según quedó establecido, el primer sorteo de esta antigua lotería se realizó el 4 de marzo del año siguiente, apenas medio mes antes de que la Constitución de 1812 (más recordada por su nombre popular: «La Pepa») se instaurara. Aquel año, el premio más elevado ascendía a una cantidad de 8.000 reales (lo que equivalía, aproximadamente, al salario anual de un catedrático de instituto).

A su vez, se estableció que habrá un galardón de 4.000 reales; dos de 1.000; dos de 500; dos de 300; dos de 200; diez de 150; cincuenta de 100; ochenta de 50 y cien de 25. En total, 250 números premiados y 500 aproximaciones con un total de 30.000 reales. El estado, por su parte, se llevaría 10.000, el 25% del total de la recaudación.

Aquel año, el número premiado fue el 03604. El ganador que obtuvo una buena cantidad de dinero, quedó absolutamente en el anonimato. Así lo afirman fuentes de Loterías y Apuestas del Estado a ABC, las cuales señalan que –a día de hoy- es imposible saber (tanto por ley como por falta de información) los nombres y apellidos de aquel afortunado que se llevó a casa el « Gordo de Navidad». Dos veranos después, con la reconquista de la actual capital a las tropas del «pequeño corso», el sorteo cambió su sede a Madrid.

Con el paso de los meses -y según se fue obligando a los franceses a dejar la Penínsuña- la «Lotería moderna» se generalizó hasta hacerse legítimo aquel dicho que, según recoge el Historiador Francisco José Gómez Fernández en su libro «Breve historia de la Navidad» solía repetir Carlos III: «El que juega mucho es un loco, pero el que no juega nada es un tonto».

«La Lotería al principio estuvo circunscrita a Cádiz y San Fernando, más tarde saltó a Ceuta, y según iban retirándose los ejércitos napoleónicos se iba extendiendo su venta, primero al resto de Andalucía y después por toda España», explica Loterías y Apuestas del Estado en su dossier «Lotería Nacional. 200 años cumpliendo sueños». El título de « Lotería de Navidad» se estableció el 23 de diciembre de 1892.