Toledo

Toledo / cultura / toledo

Lucha, esperanza y salvación

El Don de la batalla, por María Luisa Mora Alameda. X Premio Nacional de Poesía «Ciega de Manzanares» 2011. Ayuntamiento de Manzanares-Ediciones Vitrubio Madrid, 2012. 82 páginas

Día 22/11/2012 - 17.16h
Los elementos temáticos de la poesía del último libro de poemas de María Luisa Mora El don de la batalla se hallan muy acotados en este nuevo contorno poético: «Siempre son esos mismos: / aquellos que dirigen / la ruta de los pájaros celestes». La poesía que contiene esta reciente colección poética luce como una góndola, elegante y esbelta, amarrada en el muelle, cabeceando y esbozando, leve, su danza mesurada: «Irremediable sombra / que azota, con su sed, nuestros anhelos». Góndola meditabunda sumida en esas horas de la madrugada discurriendo muy turbia el agua del Canal y dominando un gran helor en el ambiente: «Equivocarse es habitual. / La gente se equivoca / al levantarse de la cama. / Pone el pie en el suelo / y cae / rodando cuesta abajo / de su angustia». Amanece y a pesar de que los palacios, que lame el agua, ya refulgen, esa góndola, «en lugar de la luz / que ilumina la tierra prometida / encuentra una tristeza / que enlaza al infinito». En la jornada, como traguetto, cruza el Canal una y otra vez sin pasar bajo los bellos y altos puentes esa góndola esperanzada: «Pero, al fin, lograremos / avanzar por la tierra que habitamos, / aún heridos, confusos. / Y, algún día, / no sabemos dónde ni cuándo, / podremos conquistar / el invisible reino del mañana». Bajo el peso del pasaje y los cantos del gondolero, esa góndola estilizada y sufriente oculta, en el flanco de su quilla que trilla el agua, la pura esencia de su resignación: «A cavar, sin descanso, una trinchera / tras la que guarecernos / de la desesperación y del olvido».
Lucha, esperanza y salvación
abc
María Luisa Mora

Bregando en su monótona faena esa pequeña embarcación se consuela con alzar un poco la vista y contemplar las cúpulas, el radiante firmamento cobijándolo todo, la fondamenta repleta de la espontánea simpatía de los viandantes que, a su modo, también batallan como ella. En la cercanía de las aves que sorben pequeños buches, «albergaba su pecho / la jubilosa fuerza / que algunos pájaros transportan en sus ojos». A veces, esos versos que discurren por el poema como una góndola sinuosa, desfallecen, el consuelo se desvanece, y aceptan que lo único que persiste «es el recuerdo gris de lo imborrable». La gente se dispersa a cenar en los alrededores de la anchurosa plaza, compran últimas bagatelas en las tiendecitas instaladas en el pasamanos del puente. Es el atardecer y la góndola, de nuevo amarrada, digiere un trago amargo soñando un mañana espléndido que desdichadamente augura lo imposible: «¿Cómo volverás a ver la Aurora con tus ojos asombrados?», «sigues / condenada a caminar sobre la Tierra», «para qué tanta lucha».

Sin embargo, esa mañana incierta ya ha llegado. La sentencia de la pequeñita, negra y bruñida nave ha dado su fruto: «Tienes una misión difícil. / Eres el espía de las madrugadas / y guardas el secreto de tu oficio». La salvación se cumple, se conforma la remisión de esa pertinaz góndola poética. Se desata de sus amarras, abandona la fermata y se burla del gondolero y de los pasajeros que aguardan. Ya no cruza el Canal, sino que continúa por su dinámica corriente. La poesía de El don de la batalla de María Luisa Mora, que comparamos a una sutil y silenciosa góndola, ha tomado plena conciencia de su estatuto poemático y es libre navegando por el agua azul y espumosa del Canal Grande. Una poesía que, naturalmente, cae «sobre el cuaderno / igual que caen las gotas de la lluvia / sobre el campo.» Nuestra góndola, camino, sin saberlo, del mar, se aproxima a la anchura del Bacino y no puede sino exclamar: «Quiero alcanzar la luz, / que el verso sea / toda una pradera iluminada / dándome / la fe que necesito / para mirar el mundo de una forma / más nítida». Radiante y liberada discurre nuestra góndola hacia las esferas lucientes que, ya por siempre, la nutren. La pobre góndola ha probado, por fin, el jubiloso día de la victoria, logrando, «al fin / alcanzar la verdad, la luz / y la alegría», siguiendo una «andadura gris hacia lo alto», a punto de arribar, religiosamente, al verdadero día «en que toda la belleza me fecunde».

Lucha, esperanza y salvación
Abc
Amador Palacios

Compartir

  • Compartir

publicidad
Consulta toda la programación de TV programacion de TV La Guía TV

Comentarios:
Últimos vídeos

Abogados dicen que al maquinista le podrían caer 7...

Lo último...

Hemeroteca

La portada de...

Un día en tu vida:

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.