Diez tumbas de famosos en Madrid
Panteón familiar de la familia Flores González en el cementerio de la Almudena - dE SAN BERNARDO

Diez tumbas de famosos en Madrid

Los campos santos de la capital acogen a multitud de personajes históricos, políticos, escritores y «celebrities» que eligieron esta ciudad para descansar en paz

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Los campos santos de la capital acogen a multitud de personajes históricos, políticos, escritores y «celebrities» que eligieron esta ciudad para descansar en paz

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  1. Lola Flores

    Panteón familiar de la familia Flores González en el cementerio de la Almudena
    Panteón familiar de la familia Flores González en el cementerio de la Almudena - dE SAN BERNARDO

    Enterrada como a ella le hubiera gustado: con los que más la querían cantando «La Zarzamora». El cantaor Pepe de Triana elevó su voz al cielo para que la escuchara Lola Flores, allá donde estuviera. La Faraona nació en Cádiz hace 90 años, y quiso la vida que fuera en la capital donde exhalara su último aliento en un 16 de mayo de 1995. Precisamente en Madrid, en el cementerio de la Almudena, es donde reposa el cuerpo de una de las artistas españolas más recordadas –la capilla ardiente fue visitada por cerca de 150.000 personas–.

    Amortajada en ataúd descubierto y con mantilla blanca, la mujer de «El Pescaílla» tuvo uno de los entierros más multitudinarios que se recuerdan. Hoy, después de dejar para la historia canciones como «A tu vera» o «Ay, pena, penita, pena», Lola Flores descansa en el mausoleo de los González-Flores junto a su marido y su hijo Antonio –fallecido tan solo 15 días después que su madre–.

  2. Salvador Sánchez Povedano, «Frascuelo»

    Tumba de Salvador Sánchez Povedano «Frascuelo»
    Tumba de Salvador Sánchez Povedano «Frascuelo» - CEMENTERIO DE SAN ISIDRO

    Es una tumba sencilla, sin demasiados adornos ni florituras. Quizá fuera la moda de la época –en 1898, año de la muerte del diestro «Frascuelo», no se estilaban las esculturas como recordatorio funerario– o quizá una continuación de la humildad que envolvió la vida del torero desde que viera la luz por primera vez la víspera de Nochebuena del año 1842 en Churriana de la Vega, Granada.

    Habiendo tomado la alternativa en la plaza de Las Ventas, la peor cornada que recibió Salvador Sánchez Povedano fue la pulmonía que le quitó la vida. El carruaje fúnebre con ocho caballos que lo acompañó hasta el cementerio de San Isidro –lugar donde reposa su cuerpo– recorrió las principales calles de Madrid en honor a un torero que había marcado una época. Allí, en campo santo, «Frascuelo» descansa junto a las tumbas de Manuela Sánchez y Manuel Porras.

  3. Jesús Gil y Gil

    Panteón Familiar de la familia Gil Marín
    Panteón Familiar de la familia Gil Marín - DE SAN BERNARDO

    «Sé que me moriré y desde la tumba seguiré animando al Atleti», afirmaba el vigésimoctavo presidente del club de fútbol rojiblanco. Durante toda su vida, Jesús Gil y Gil hizo de su pasión su forma de ganarse el pan. El Atlético de Madrid le mantuvo ocupado durante 16 años –solo 5 años menos del tiempo que ejerció la alcaldía en el Ayuntamiento de Marbella–, hasta que el 28 de mayo de 2003 dejó de estar a su frente.

    Menos de un año pasó desde este momento hasta que un infarto cerebral masivo le quitara la vida. Con 71 años, Jesús Gil dejó atrás una época marcada por coletillas como «y tal, y tal» y por puros sempiternos entre sus dedos. En la actualidad, Gregorio Jesús Gil y Gil –su nombre completo– reposa en el cementerio de la Almudena.

  4. Enrique Tierno Galván

    Lápida de Enrique Tierno Galván en el cementerio de la Almudena
    Lápida de Enrique Tierno Galván en el cementerio de la Almudena - DE SAN BERNARDO

    La tumba de Enrique Tierno Galván está en el cementerio de La Almudena. Desde que el 19 de enero de 1986 una parada cardiorrespiratoria le alejara de la que siempre fue su ciudad –Madrid–, su cuerpo descansa bajo una sencilla lápida de mármol gris. Sin crucifijos, sin adornos, sin estatuas. Tan solo unas letras blancas recuerdan el nombre de quien fue alcalde de la capital desde las primeras elecciones democráticas en 1979.

    Hace dos años, en el vigésimo quinto aniversario de su muerte, el que le sucediera al frente del Ayuntamiento madrileño –Juan Barranco– declaró que Tierno Galván pasaría a la historia como «un hombre coherente con sus ideas de toda la vida que devolvió a los habitantes de Madrid el orgullo de ser ciudadanos de pleno derecho».

  5. Estrellita Castro

    Sepultura de Estrellita Castro en el cementerio de la Almudena
    Sepultura de Estrellita Castro en el cementerio de la Almudena - DEL CUPLE A LA REVISTA

    Por su expreso deseo, a Estrellita Castro se la enterró con el caracolillo de la frente bien arreglado. Este pequeño detalle fue la última coquetería de una mujer que prestó su voz a grandes canciones que han pasado a la historia y que actuó en películas que forman parte de los clásicos, como «La gitanilla» o «Torbellino». Y es que Estrellita era precisamente eso: un torbellino de energía que llenaba el escenario con su sola presencia.

    Sevilla la vio nacer en la casa de un pescadero gallego como última hija de una amplia familia de once hermanos. Siendo todavía niña, el torero Ignacio Sánchez Mejías le regaló una moneda de oro tras haberla oído cantar en un festival benéfico. Ese fue el primero de muchos reconocimientos que la artista recolectó hasta que fue enterrada en el cementerio de la Almudena tras sufrir un paro cardiaco el 10 de julio de 1983.

  6. José Canalejas

    Monumento funerario a José Canalejas en el Panteón de los Hombres Ilustres de Madrid
    Monumento funerario a José Canalejas en el Panteón de los Hombres Ilustres de Madrid - ABC

    Entre los múltiples cargos que ocupó en su vida, José Canalejas fue ministro de Fomento, de Gracia y Justicia, de Hacienda, de Agricultura, de Industria, de Comercio y de Obras Públicas; pero quizá el puesto más importante fue el que ostentó desde 1906 hasta 1907 como presidente del Congreso de los Diputados.

    Ferrolés de nacimiento, fue asesinado en Madrid por el anarquista Manuel Pardiñas Serrano en un atentado terrorista el 12 de noviembre de 1912, truncando así todas sus aspiraciones políticas. Por su reconocida labor, José Canalejas fue enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid –junto a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha–.

  7. Arturo Soria

    Tumba de Arturo Soria en el cementerio de la Almudena
    Tumba de Arturo Soria en el cementerio de la Almudena - PANORAMIO

    Como no podía ser de otra manera, la tumba de este ingeniero y urbanista español hace un guiño a la arquitectura. Así, en el cementerio de la Almudenase puede encontrar un sepulcro elevado sobre el suelo en forma de construcción grecolatina, con cierto parecido a los templos clásicos de hace siglos: columnas recias sujetando cúspides con cierta forma triangular.

    Madrid le debe a Arturo Soria el plano de su Ciudad Lineal –un barrio cuyo diseño salió de sus manos y que le dedicó su calle principal a su nombre–, el primer tranvía eléctrico y un sistema de comunicación telefónico. Arturo Soria fue un «gato» de nacimiento que abandonó la que siempre fue su ciudad el 6 de noviembre de 1920 a los 76 años.

  8. José Cubero, «El Yiyo»

    Sepultura de José Cubero, «El Yiyo» en el cementerio de la Almudena
    Sepultura de José Cubero, «El Yiyo» en el cementerio de la Almudena - ABC

    Los toros fueron su vida… y su muerte. José Cubero sentía pasión por el capote y lo demostró desde muy joven: con 17 años tomó la alternativa de manos de Ángel Teruel, con José María Manzanares como testigo. Después, las plazas le tenían reservados muchos triunfos a este francés que, aunque nació en Burdeos por ser hijo de emigrantes, siempre se sintió madrileño de adopción.

    La plaza de Las Ventas le dedica una gran escultura frente a su entrada principal que fue levantada tras su fallecimiento en Colmenar Viejo. Con 21 años, el asta de «Burlero» le atravesó la espalda para alcanzar directamente su corazón un 30 de agosto de 1985. Su cuerpo fue trasladado al cementerio de la Almudena, donde reposa bajo una gran escultura que le recuerda vestido de traje de luces.

  9. Fernando Martín

    Sepultura de Fernando Martín en el cementerio de la Almudena
    Sepultura de Fernando Martín en el cementerio de la Almudena - PANORAMIO

    La tumba de Fernando Martín siempre está acompañada. A su lado, en el cementerio de la Almudena, la estatua de un niño con un balón de baloncesto bajo el brazo recuerda la gran pasión que Martín sentía por este deporte.

    Las canchas recordarán siempre el verano de 1986, cuando Fernando Martín se convirtió en el primer español y segundo europeo en jugar en la NBA con los Portland Trail Blazers. Su paso por la competición estadounidense estuvo marcada por varias lesiones y roturas que le impidieron avanzar como a él le hubiera gustado.

    Tres años más tarde, el 3 de diciembre de 1989, un accidente de tráfico en la M-30 le arrebató la vida causando una enorme conmoción en el panorama deportivo mundial.

  10. La tumba vacía de Goya

    Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de San Isidro donde estuvo enterrado Goya
    Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de San Isidro donde estuvo enterrado Goya - PANORAMIO

    Muy curiosa resulta la historia del enterramiento de Goya, uno de los pocos españoles que puede «presumir» de haber descansado sus huesos bajo dos suelos diferentes.

    Este grandísimo nombre de la pintura española falleció en Burdeos –Francia– el 16 de abril de 1828, siendo enterrados sus restos junto con los de su amigo y consuegro Martín Miguel de Goicoechea fallecido tres años atrás. En 1899 los restos de Goya partieron desde Francia para ser enterrados en un panteón de hombres ilustres del cementerio de San Isidro de Madrid. El monumento funerario, con forma de cruz, albergó cuatro tumbas: la de Juan Meléndez Valdés, la de Leandro Fernández de Moratín, la de Juan Donoso Cortés y la de Francisco de Goya. Esta última se encuentra vacía desde 1919. Fue en esa fecha cuando se volvió a exhumar sus restos para depositarlos en la ermita de San Antonio de la Florida, en Madrid, cuya cúpula fue decorada por las manos del zaragozano.

    Bajo su tumba, que es de granito y lleva adosada la lápida de piedra caliza que señalaba su sepultura en el cementerio bordelés de La Chartreuse, no se encuentra la cabeza del pintor puesto que fue robada. Según apuntan algunos historiadores podría haber sido utilizada para realizar estudios de frenología –doctrina psicológica según la cual las facultades psíquicas están localizadas en zonas precisas del cerebro y en correspondencia con relieves del cráneo, por lo que un examen de estos permitiría reconocer el carácter y aptitudes de la persona–.